Reaviva el don de la fe

Mons. Manuel Ureña   Muy queridos catequistas:

Quiero aprovechar esta ventana de comunicación con toda la familia diocesana, que me ofrece semana a semana nuestra Hoja, para dar gracias a Dios por el regalo de la fe y de los educadores en la fe, que sois vosotros, los catequistas. En particular, quiero agradecer vuestro gran servicio a la fe como catequistas, con renovado entusiasmo si cabe en este recién estrenado Año de la fe.

Es necesario promover en la comunidad cristiana la vocación de catequistas, descubriendo en éstos un gran don del Espíritu a la Iglesia lleno de promesas y de grandes posibilidades evangelizadoras. La catequesis pasa, en gran medida, por el catequista. Por eso, es de suma importancia suscitar vocaciones al servicio de la catequesis, cuidar a los catequistas, prepararles bien, animarles y “mimarles”. Sin catequistas no hay catequesis. Sin catequesis no hay fe viva o, sencillamente, no hay fe. Sin fe no hay Iglesia. De ahí que el Papa beato Juan Pablo II subrayara la necesidad de que la catequesis tenga un lugar privilegiado en los proyectos pastorales de la Iglesia: “Cuanto más capaz sea, a escala local o universal, de dar la prioridad a la catequesis (…), tanto más la Iglesia encontrará en la catequesis una consolidación de su vida interna como comunidad de creyentes y de su actividad externa como misionera… Dios y los acontecimientos, que son otras tantas llamadas de su parte, invitan a la Iglesia a renovar su confianza en la acción catequética como en una tarea absolutamente primordial de su misión. Ella es invitada a consagrar a la catequesis sus mejores recursos en hombres y en energías, sin ahorrar esfuerzos, fatigas y medios materiales, para organizarla mejor y formar personal capacitado. En ello no hay un mero cálculo humano, sino una actitud de fe. Y una actitud de fe se dirige siempre a la fidelidad a Dios, que nunca deja de responder” (Juan Pablo II, Catechesi tradendae, n.15).

El lema de este año, “Reaviva el don de la fe”, nos invita a reflexionar y a profundizar sobre la fe, a reavivar ésta mediante la conversión personal, a conocer mejor los contenidos de la fe a través del estudio y de la meditación constantes del Catecismo de la Iglesia Católica, a celebrar aquélla gozosamente en las comunidades y en las familias y a confesarla y testimoniarla como expresión del contenido de la nueva evangelización. En este tiempo en que el Papa Benedicto XVI ha querido establecer la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana como prioridad en la agenda eclesial, corresponde también a la catequesis y a los catequistas un papel importantísimo, nuclear, en esta tarea central y centrante para la vida de la Iglesia. Se trata de una función activa y reflexiva, en cuanto actores de la proclamación del Evangelio y humildes discípulos que se ponen a la escucha del Maestro, sabiendo que, por ser evangelizadora, la Iglesia comienza evangelizándose a sí misma. De ahí la necesidad de interrogarnos sobre la calidad de nuestra fe y sobre nuestro modo de ser y de vivir como cristianos en la sociedad de hoy. Y de ahí también la necesidad de renovar el entusiasmo por la fe y el deseo de que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Del modo como respondamos vitalmente a estos interrogantes dependerá en parte nuestra capacidad de  “hacer resonar” la buena y bella noticia del Evangelio en el corazón de nuestro mundo. No lo olvidemos: “¡La fe se fortalece dándola!” (Juan Pablo II, Redemptoris Missio, 2).

Una buena ocasión para reavivar este don de la fe la ofrece nuestra celebración anual del Envío diocesano de catequistas, que tiene lugar, como ya sabéis, esta vez hoy mismo, día 21 de octubre, a las 8 de la tarde, en la gran parroquia de San Antonio de Padua, de Zaragoza. En este evento, vuestro Obispo, primer responsable de la catequesis y primer catequista y pregonero de la fe, os envía en el nombre del Señor al campo del mundo para transmitir con gozo la alegría de creer y de llevar a otros al Sí de la fe en Jesucristo. Pidamos a Dios Padre el don de la fe; busquemos la fe desde el seguimiento del Señor, como la mejor compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros; atravesemos la puerta de la fe, emprendiendo siempre de nuevo el camino de nuestra vida cristiana a la luz del Espíritu Santo. En una palabra, fijemos los ojos en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb 12, 2), pues en Él encuentran pleno cumplimiento el afán más hondo y el anhelo más ardiente del corazón humano.

+Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
Acerca de Mons. Manuel Ureña 137 Articles
Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.