El seminario diocesano de Coria-Cáceres inaugura un curso atípico

El Seminario Diocesano de Coria-Cáceres celebró la inauguración de curso de manera atípica debido a las obras de remodelación que se van a acometer en el mismo. Como manda la tradición, siempre a primeros de octubre se celebra en el Seminario el inicio de curso con una celebración de la Eucaristía y una lección inaugural.

El martes 2 de octubre, monseñor Francisco Cerro, Obispo diocesano, presidió los actos de apertura del curso, acompañado de los formadores y profesores, sacerdotes y unas trescientas personas que quisieron compartir con los seminaristas este momento especial.

La celebración fue atípica por varios motivos. La misa, que se solía celebrar en la Capilla mayor, debido a no poderla acondicionar por las obras, tuvo que ser en el salón de actos. La lección inaugural, a cargo de Gáspar Bustos Álvarez, director espiritual del Seminario Mayor de Córdoba, será la única lección que se imparta durante el curso en las instalaciones del Seminario, pues, durante el curso las clases se impartirán en la Casa de la Iglesia. Los seminaristas mayores, además, están ya viviendo en el Centro de Espiritualidad de la Montaña, mientras que el seminario menor ha pasado a una casa que disponen los Dominicos en la Mejostilla.

Monseñor Francisco Cerro invitó también a la inauguración a las distintas escuelas de formación de la diócesis, para que fuese éste también el primer acto académico de las mismas, dando así comienzo al nuevo curso.

Durante la homilía el Obispo destacó los tres aspectos que deben servir de hilo conductor del curso: el año de la fe, que Benedicto XVI, inaugura el 11 de octubre, el impulso caritativo en la siócesis, fruto del trabajo específico del tercer objetivo del plan pastoral de la misma, y la nueva evangelización, que no es otra cosa sino “la fe testimoniada en la caridad”.

Gaspar Bustos Álvarez impartió la lección inaugural centrando la disquisición en torno la figura de San Juan de Ávila, nombrado Doctor de la Iglesia el 7 de octubre. De esta figura emblemática destacó la no casualidad histórica de su nombramiento. Cuando fue declarado santo, justo después del Concilio Vaticano II, la crisis entre los sacerdotes era grande y la aplicación del mismo aún no estaba clara. En ese momento la figura de San Juan de Ávila sirvió como guía. Espera el ponente que también ahora su doctorado dé luz al proyecto de la nueva evangelización en el que se embarca la Iglesia con el Sínodo de los obispos dedicado a la misma.

De San Juan de Ávila dijo que era un hombre de profunda caridad. De familia adinerada, para su primera misa, vendió todo lo que tenía y lo repartió entre los pobres. Deseoso de evangelizar en las Indias, se convirtió en el apóstol de Andalucía, recorriendo sus pueblos y predicando de manera incansable, moviendo los corazones de los que le escuchaban hacia el arrepentimiento y el acercamiento a Dios. Vivió de la caridad y practicó la caridad, aconsejándola a los sacerdotes. Pero, sobre todo, se preocupó por la formación y la santidad de los que debían ser los pastores del pueblo de Dios, promoviendo una formación sistemática de los mismos.

El vino de honor, donde las familias, profesores e invitados pudieron departir con los seminaristas, dio conclusión al acto.

(Información de Jesús Luis Viñas)

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