Octubre y el Rosario

Mons. Ramón del Hoyo    Muy queridos fieles diocesanos: 

1. Cuando una práctica de piedad llega a calar muy hondo y universalmente en el pueblo cristiano, se pude afirmar que forma parte del alma de la Iglesia y que es el Espíritu Santo quien la está sosteniendo, como manifestación práctica de la fe del pueblo de Dios.

Así podemos afirmarlo del rezo del Santo Rosario, devoción mariana de un largo desarrollo en el tiempo. Santo Domingo de Guzmán tuvo la intuición de organizar y llevar a los fieles esta oración, ya incipiente en los monasterios de la Edad Media para frailes no de letras.

La Orden de Predicadores, sobre todo, y también la Orden Cartujana, la fueron extendiendo por toda Europa y, más tarde, por los territorios de misión, ¡Cuántos rosarios hemos rezado muchos desde niños! ¡Cuántas gracias y bendiciones nos llegan por esta sencilla oración!. 

2. Recordemos, ante el próximo cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II, su clara exhortación en el sentido del que los hijos de la Iglesia: “fomenten con generosidad el culto a la Santísima Virgen, particularmente el litúrgico; que estimen en mucho las prácticas y los ejercicios de piedad hacia ella, recomendados por el Magisterio en el curso de los siglos…” (LG 67).

Sin duda que, entre las prácticas de piedad en honor de la Santísima Virgen, debemos señalar el rezo del Rosario ya que los últimos Pontífices así nos lo recuerdan, no solo con sus enseñanzas sino también con la práctica personal de este ejercicio divino de piedad.

Recordemos, también, la preciosa Carta Apostólica del Beato Juan Pablo II, Rosarium Virginis Mariae del año 2003 y su proclamación del Año del Rosario, en la que podemos leer: “Recitar el Rosario es en realidad contemplar con María el Rostro de Cristo” y contemplar el “Rostro de Cristo, en compañía y a ejemplo de su Santísima Madre” (n. 3).

Esa contemplación no es únicamente, por tanto, sobre la Virgen sino que, con Ella y como Ella, contemplamos a Cristo. Para ello nada mejor, podemos leer en esa misma Carta Apostólica, que “recorrer las escenas del Rosario…, ir a la escuela de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje”. (n. 14). 

3. El próximo día 6 de octubre dará comienzo el Sínodo de los Obispos, en Roma, sobre “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”, declarándose por el Santo Padre, con esta ocasión, Doctor de la Iglesia universal a San Juan de Ávila, impulsor de la Universidad de Baeza.

El día 11 de octubre comenzarán, asimismo, el Año de la Fe, promulgado por Su Santidad, Benedicto XVI, en coincidencia con el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y el vigésimo aniversario, también, de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.

Se trata de acontecimientos eclesiales muy relevantes, como bien sabemos. Pensemos, junto a María nuestra Madre del cielo, desde nuestro ser y fe cristiana, sobre la urgencia pastoral de una Iglesia radicalmente misionera, para dejarnos interpelar, cada uno, por el mandamiento misionero de Jesucristo a partir de los desafíos del mundo actual. Celebremos un DOMUND especial al calor del Sínodo de los obispos, en este año.

Imposible imaginar, por otra parte, lo que sería la Iglesia de hoy sin el Concilio Vaticano II. Los documentos del Concilio no han perdido su belleza y actualidad.

Acojamos de nuevo a sus enseñanzas y tomemos en nuestras manos el Catecismo de la Iglesia Católica para que siga ilustrándonos sobre la belleza y la fuerza de nuestra fe. 

4. No dejemos pasar tantas gracias. Es buena la ocasión para ofrecer el rezo del Santo Rosario a favor de tan importantes hitos eclesiales, contemplemos también en el Plan Pastoral diocesano, para que produzcan frutos abundantes a favor de la Nueva Evangelización.

Ruego especialmente a los sacerdotes, que tomen parte activa e informen a sus fieles encomendados, sobre estos importantes acontecimientos eclesiales del próximo mes de octubre, que encomendamos, en sus frutos, a la Santísima Virgen del Rosario.

Con mi afecto agradecido en el Señor. 

+Ramón del Hoyo López

Obispo de Jaén

 

Mons. Ramón del Hoyo
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Mons. Ramón del Hoyo nació el 4 de septiembre de 1940 en Arlanzón (Burgos). Cursó estudios en los Seminarios Menor y Mayor de Burgos, entre 1955 y 1963. Obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de Salamanca (1963-1965) y el Doctorado en la Pontificia Universidad Angelicum (1975-1977). Fue ordenado sacerdote para la archidiócesis de Burgos el 5 de septiembre de 1965. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis burgalesa. Comenzó como coadjutor de la parroquia de Santa María la Real y Antigua y Director espiritual de la Escuela media femenina “Caritas”, entre 1965 y 1968. Desde este último año y hasta 1974 fue Notario eclesiástico y Secretario del Tribunal Eclesiástico. Además, en el año 1972 fue nombrado Provisor-adjunto de la Curia de Burgos y en 1978 Provisor, cargo que desempeñó hasta 1996. También fue Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico Metropolitano desde el año 1978 y hasta 1993, cuando fue nombrado Vicario General y Canónigo y Presidente del Capítulo Catedral Metropolitano. Estos cargos los compaginó, desde 1977 y hasta su nombramiento episcopal, con la docencia en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, como profesor de Derecho Canónico. El 26 de junio de 1996 fue nombrado obispo de Cuenca y recibió la ordenación episcopal el 15 de septiembre del mismo año. El 19 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo de Jaén, diócesis de la que tomó posesión el 2 de julio de 2005. El papa Francisco acepta su renuncia al gobierno pastoral de esta diócesis el 9 de abril de 2016 y le nombra administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor,el 28 de mayo de 2016. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, de la que fue presidente de 2005 a 2011. Ha sido miembro del Consejo de Economía desde 2012 a 2017. También fue miembro de la “Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia”, que se creó con el encargo de preparar la Declaración y la promoción de la figura del nuevo Doctor.