La oración de los pobres

Mons. Alfonso Milián    Hacía tiempo que no rezaba con tanta devoción el Santo Rosario como lo hice este verano, cuando estuve dirigiendo los Ejercicios Espirituales a un grupo de laicos, en su mayor parte matrimonios jóvenes del Movimiento Cultural Cristiano. Todas las tardes rezábamos el rosario de la siguiente manera: una persona del grupo anunciaba cada uno de los misterios e iniciaba el rezo del Padrenuestro. A continuación, cada uno tenía la oportunidad de decir una intención para cada Avemaría y rezar la primera parte de la oración, que todo el grupo continuaba. En estas intenciones salían muchas de las necesidades que vivimos cada día en nuestra sociedad, en la Iglesia, en la familia y
personalmente.  

Oí en una ocasión que el rosario es la oración de los pobres, porque está al
alcance de todos, sean teólogos o gente que no sabe leer. Recuerdo con emoción y gratitud el rezo del rosario en mi casa. Era un momento importante del día. Se rezaba todas las noches, solos o junto con otras familias. 

Es hermoso el testimonio sobre el rosario que nos dejó el beato Juan Pablo II:
«Esta oración ha tenido un puesto importante en mi  vida espiritual desde mis años jóvenes. El rosario me ha acompañado en los momentos de alegría y en los de tribulación. A él he confiado tantas preocupaciones y en él siempre he encontrado consuelo. Hace veinticuatro años, el 29 de octubre de 1978, dos semanas después de la elección a la sede de Pedro, como abriendo mi alma, me expresé así: “El Rosario es mi oración predilecta. ¡Plegaria maravillosa! Maravillosa en su sencillez y en su profundidad”». 

En el rosario contemplamos el rostro de Cristo en compañía y a ejemplo de su
santa Madre. A través de las Avemarías  pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo. Al mismo tiempo, nuestro corazón puede incluir en esas decenas de  Avemarías del rosario todos los hechos que entraman la vida  del individuo, de la familia, de la nación, de la Iglesia y de la humanidad. Experiencias personales o del prójimo, sobre todo de las personas más cercanas o que llevamos más en el corazón. De este modo la sencilla plegaria del rosario sintoniza con el ritmo de la vida humana.
Algunas circunstancias dolorosas que vivimos nos pueden ayudar a dar un nuevo impulso a la propagación del rosario. Ante todo, la urgencia de implorar de Dios el don de la paz en un mundo tan lacerado por las guerras, los afectados por la crisis económica con sus muchas ramificaciones en los parados, las familias, los indigentes, los inmigrantes…

Otro ámbito crucial en nuestro tiempo, que requiere una urgente atención y
oración, es el de la familia, célula germinal de la sociedad, amenazada cada vez más por fuerzas disgregadoras, tanto de índole ideológica como práctica, que hacen temer por el futuro de esta fundamental e irrenunciable institución y, con ella, por el destino de toda la sociedad. 

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Alfonso Milián Sorribas
Acerca de Mons. Alfonso Milián Sorribas 101 Artículos
Mons. Alfonso Milián Sorribas nació el 5 de enero de 1939 en La Cuba, provincia de Teruel y diócesis de Teruel y Albarracín. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza y fue Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1962. En 1992 obtuvo la Licenciatura en Teología Catequética por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ de Madrid, con la tesina «La iniciación a la dimensión contemplativa del catequista por medio de la oración de Jesús». La segunda parte de la misma fue publicada en 1993, en la revista ‘Jesus Cáritas’ con el título «La invocación del nombre de Jesús, camino de encuentro con el Padre». Además del español, conoce el francés. Después de su ordenación, ha desempeñado los siguientes cargos: - 1962–1969:Párroco de Azaila (Teruel); - 1962–1967:Coadjutor de la Parroquia de La Puebla de Hijar (Zaragoza); - 1967–1969:Encargado de las Parroquias de Vinaceite (Teruel) y Almochuel (Zaragoza); - 1969–1983:Párroco de ‘San Pío X’ en Zaragoza; - 1970–1976:Delegado de Cáritas de Arrabal (Zaragoza); - 1978–1990:Miembro del Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1980–1981:Consiliario del Movimiento ‘Junior’; - 1982–1990:Vicario Episcopal de la Vicaría IV de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1992–1996:Delegado Diocesano de Apostolado seglar y Consiliario Diocesano del Movimiento ‘Junior’; - 1992–1998:Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional; - 1996–2004:Vicairo Episcopal de la Vicaría II; - 1998–2004:Consiliario de ‘Manos Unidas’; - Nombrado Obispo Auxiliar de Zaragoza el 9 de noviembre de 2000 y elegido para la sede titular de Diana, recibió la ordenación Episcopal el 3 de diciembre de 2000. - El 11 de noviembre de 2004, el Nuncio Apostólico en España comunicó al Administrador Diocesano el nombramiento de Don Alfonso Milián para la sede barbastrense-montisonense, de la que tomó posesión el 19 de diciembre de 2004 en la catedral de Barbastro. - En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Episcopal de Asuntos Sociales y Obispo Delegado para Cáritas Española.