El Obispo de Almería, monseñor Adolfo González: «La Virgen María es el gran paradigma del creyente»

Ana María Medina – diocesismalaga.es

Monseñor González Montes, Obispo de Almería y delegado del episcopado andaluz para la catequesis, ha participado este mes en el Encuentro Interdiocesano que se ha celebrado en la diócesis de Guadix (21/23 de septiembre de 2012). Las reflexiones han girado en torno a «La Virgen María en la catequesis», una figura que, en sus propias palabras es «modelo para la Iglesia y todos los que creemos en Cristo». Monseñor González representará a la Conferencia Episcopal Española en la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización.

– ¿Qué objetivos persigue este encuentro?

– Los objetivos que animan estos encuentros son varios. Entre otros, el primero, es la formación permanente de los catequistas, tal como lo viene pidiendo reiteradamente el magisterio de la Iglesia. Con este objetivo, estos encuentros persiguen también la común revisión de métodos y didáctica de la catequesis en sus distintas variantes: la catequesis infantil y juvenil, pero también la de los niños no bautizados en edad escolar y el catecumenado de los adultos. La orientación fundamental la marcan, como es lógico, los sacramentos de la iniciación cristiana. En estos encuentros se examina asimismo el uso que se hace de los catecismos, porque el Catecismo es la pieza fundamental para la catequesis, a cuyo servicio están los materiales catequísticos.

– ¿Qué relevancia adquiere la catequesis en el marco del Año de la Fe?

– Sin duda, una relevancia de primer orden. En la carta «Porta Fidei», mediante la cual el Papa promulga este nuevo Año de la Fe, Benedicto XVI recuerda con claridad e intención que la fe es encuentro con Dios en Cristo, pues nadie viene a la fe por una idea —dice el Papa—, sino por el encuentro con la persona de Cristo; y al mismo tiempo concreta que esto supone conocimiento de aquél en quien se cree; es decir conocimiento de los contenidos de la fe, de la verdad de Dios y del hombre que nos ha sido revelada en Cristo. Los contenidos de la fe son esenciales para que se dé el acto de fe y exigen el asentimiento y adhesión plena de la inteligencia y de la voluntad a lo que propone la Iglesia. Créame que me preocupa qué creerán las generaciones de niños y jóvenes que hoy tenemos en catequesis. En qué imagen de Dios pondrán su mente y corazón, si es que han de tener alguna claridad sobre el misterio de Dios y de la redención en Cristo, del misterio de nuestra salvación, que es el misterio del amor de Dios por el mundo, anunciado y celebrado por la Iglesia.
El Papa recuerda por esto mismo el valor y utilidad fundamental del Catecismo de la Iglesia Católica, que cumple ahora veinte años desde su promulgación por Juan Pablo II. Este Año de la Fe tiene que ayudarnos a renovar la catequesis.

– ¿Qué claves sintetizan el modelo de María para los padres y catequistas en la transmisión de la fe?

– María es el modelo acabado y perfecto, según el designio de Dios para ella y para la humanidad, de audición y recepción de la Palabra de Dios, y por eso mismo de obediencia de la fe, que es acogida de la revelación y respuesta obediente a la misma. La Virgen María es el gran paradigma del creyente y por eso es el modelo, es decir, la «figura» o el «tipo» de la Iglesia y de cada uno de los que creemos en Cristo. Dios la preparó así con su gracia para ser la madre de Cristo y de la Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús.

– ¿Qué respuestas estamos llamados a dar a los adolescentes y jóvenes en la catequesis de iniciación cristiana actual?

– Se trata no tanto de dar respuestas a los niños y adolescentes, o a los jóvenes y adultos, como si estuviéramos sometidos a la prueba de acertar con ellos para que no se nos vayan. Se trata de proponerles el kerygma explanado y acomoda¡do al lenguaje y la circunstancia de nuestro tiempo, en el marco cultural de nuestra sociedad. Nosotros sólo somos mensajeros y transmisores de la revelación, que no siempre fracasamos en nuestra misión, porque el hombre siempre —y también los niños, adolescentes y jóvenes— es libre para tomar decisión ante Dios y frente a la propuesta de su amor y de su gracia redentora. Hemos vivido una obsesión por el éxito de los métodos y de la didáctica catequética, por el allanamiento a la mentalidad del tiempo para no ser rechazados; e incluso hemos creído que modernizándonos un poco, es decir, rebajando los contenidos de la fe a lo que la mentalidad de hoy permite y tolera, encontraríamos aceptación. En este sentido, cuando hemos hecho esto, hemos dejado de cumplir la fundamental función de la catequesis que es la apropiación de los contenidos y actitudes, de la verdad de Dios revelada, creída, profesada y vivida. Los obispos venimos reiterando en documentos distintos la necesidad de llevar adelante, incluso con los niños, una catequesis «al modo catecumenal»; es decir, que introduzca de verdad en la fe creída para poder recibir los sacramentos de la iniciación cristiana e integrar en al Iglesia a los catequizandos.

– ¿Cuáles son los retos que debemos afrontar en la tarea catequética de manera más urgente?

– Se trata de afrontar la transmisión de la fe recibida de la tradición de la Iglesia. Si no transmitimos la fe creída y celebrada por la Iglesia, ¿para qué serviría la catequesis? Puede parecer contradictorio, pero el mayor reto de la catequesis hoy es devolverle el Credo, el símbolo de la fe. Es asimismo un reto para la catequesis de nuestro tiempo volver a su condición mistagógica: hay que hacer una catequesis litúrgica, inseparable de los ciclos litúrgicos, con la vista y la meta puesta en la Eucaristía, fundamento de la unidad de la Iglesia y origen del movimiento expansivo de la caridad cristiana, del amor a todos y, en especial, a los más pobres y necesitados, enfermos y alejados. No podremos transmitir las pautas del amor cristiano que rige la conducta de un discípulo de Cristo sin esto. Y luego, como necesaria mediación de la Evangelización y de la catequesis, hemos de afrontar el problema de la comunicación de la fe en nuestra sociedad y de la presencia de los cristianos en ella. La sociedad y la cultura no son algo que se nos impone, sino que hemos de contribuir nosotros mismos a modular y dar forma, afrontando los elementos anticristianos que otros hacen crecer en ella y aprovechando cuanto de bueno tienen.

– El proceso catequético continúa en la edad adulta ¿con qué características?

– Claro que continúa, pero aclaremos las cosas. El objetivo de la catequesis es el sacramento y la integración mediante él en la comunidad de fe y en la vida de los redimidos. La catequesis tiene un término, de lo contrario, no pasaríamos de ser siempre catecúmenos. A algunos puede gustarle la idea, a mí no me gusta, porque no se acomoda a la realidad de la fe, inseparable de la conversión a Cristo como acción de la gracia, ni de lo que supone la integración en la Iglesia. Yo hablaría por eso de una catequesis para bautizados que es «formación cristiana», aunque se produzca «al modo catecumenal». Hay que respetar la verdad del sacramento y de quienes lo han recibido. Los bautizados son cristianos, aunque nos parezca que son imperfectos, que no “dan la talla”. No la damos ninguno de los bautizados, e incluso los santos tienen pecados e imperfecciones. Dicho esto, hay que añadir, que las comunidades parroquiales y los diversos apostolados y comunidades tienen un reto de primer orden en la catequesis pendiente de los adultos mal formados en la fe y alejados de la vida de la Iglesia, más dependientes de los sentimientos religiosos que de la verdad profesada y de la gracia de los sacramentos. No debemos olvidar que los sacramentos son los momentos privilegiados para la catequesis. La preparación al matrimonio de los jóvenes, el nacimiento de un hijo en al familia, sobre todo el nacimiento del primero para un joven matrimonio representa una circunstancia de particular intensidad humana y cristiana para la catequesis. Los pequeños grupos de las parroquias y los movimientos asociativos en la Iglesia son asimismo medios de Catequesis de adultos importantes. Otro tantos lo son, y de manera muy importante, los tiempos fuertes del Año litúrgico, las vivencias devocionales de la piedad popular; y otros momentos de interés evangelizador y pastoral.

(Ana María Medina – diocesismalaga.es)

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