La Iglesia es católica

 Mons. Francisco Pérez González           La Iglesia es católica y la razón fundamental es que Cristo nos trajo la Salvación que está en favor de todo el género humano. Es universal y sin excepción de razas, culturas y regiones. A todos y para todos ha venido Jesucristo para llenarnos de su gracia y de su amor generoso y misericordioso. A partir de la Ascensión del Señor, se rompieron las fronteras de Israel para ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio a todas las gentes. En orden histórico los apóstoles serían los testigos de Jesús en Jerusalén, en Judea y en Samaria y hasta los rincones más lejanos de la tierra (Cfr. Act 1,8). 

La palabra “católico” no se encuentra en el Nuevo Testamento. Será San Ignacio de Antioquía quien, en el año 110, aplique por vez primera este calificativo a la Iglesia: “Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica” (Cfr. Carta a los de Esmirna, 8,2). En sus orígenes significaba “la que expresa todo”, “la plenitud de la fe”, pero con el tiempo ha pasado también a denominar su extensión por todo el mundo. Como consecuencia, al reconocerse, la Iglesia como católica, dice de sí misma que predica la fe recta y completa, en su integridad, a todo ser humano, cualquiera que sea su raza, nación o clase social; vida sacramental íntegra y ministerio ordenado en la sucesión apostólica. 

La catolicidad de la Iglesia se realiza por tres razones. La primera es porque ha recibido del Señor la misión para anunciar la Buena Noticia a todo el género humano (Mc 16, 15; Mat 28, 19-20). Esta tarea la realiza enriqueciendo las culturas tan diversas, llevándolas a su plena humanización, al mismo tiempo que la Iglesia se enriquece con los valores de todos. La segunda razón es que se enraíza en un pueblo, localidad o ambiente, donde hace presente la plenitud de la Iglesia de Cristo que es al mismo tiempo universal, extendida por todo el mundo. Y la tercera razón es la abundancia de grupos que conforman la vida cristiana de un modo distinto y diferente, ya sea como sacerdotes, religiosos, laicos, célibes, casados. 

La catolicidad de la Iglesiaes un donde Dios, pero al mismo tiempo es una labor permanente, no exenta de tensiones y dificultades, debido a la diversidad de culturas, costumbres, formas de vida y vocaciones. De ahí que se requiere mucha humildad y grandes manifestaciones y muestras de obediencia. Para que haya esta armonía se han de conjugar la oración, la caridad, la disponibilidad y la generosidad. Ninguno por si mismo puede proclamarse autosuficiente por muy perfecto que él sea puesto que es mejor el menos perfecto en comunión que el más perfecto fuera de la comunión. 

El Concilio Vaticano II nos recuerda que “todos los hombres están invitados a este nuevo Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos… Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios,es un dondel mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en la unidad del Espíritu” (Lumen Gentium, 13). 

 Y en este contexto hemos de tener presente la realidad de la Iglesia particular que es la Diócesis, que es una comunidad de fieles cristianos en comunión en la fe y en los sacramentoscon su obispoordenado en la sucesión apostólica, como muy describe el Concilio Vaticano II cuando habla en el decreto sobre los obispos (nº 11). Estas Iglesias particulares están “formadas a imagen de la Iglesia Universal. En ellas y a partir de ellas existe la Iglesia católica, una y única” (Cfr. Lumen Gentium, 23). 

Me siento muy identificado con esta Madre Iglesia. Por los lugares tan diferentes y diversos que he podido conocer en mis viajes misioneros, puedo afirmar que me he sentido muy orgulloso de poder gozar y vivir esta realidad de la catolicidad. La bondad y la belleza que están contenidas en la Iglesia son reflejo vivo del amor y hermosura de su Fundador: Jesucristo.

+Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplonay Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).