Memoria del viaje de Benedicto XVI a Líbano: Peregrino de la paz y amigo de Dios y de los hombres

Jesús de las Heras Muela – www.siguenza-guadalajara.org

Durante el vuelo papal de Roma a Beirut, el Papa sonreía cuando los periodistas le preguntaron si había sentido la tentación de quedarse en casa. «Ninguno me ha aconsejado que renuncie a este viaje y por parte mía jamás pensé en esta hipótesis, porque sé que si la situación se hace más compleja se hace entonces más necesario dar un signo de fraternidad, animo y solidaridad».

No faltaron los elogios del Papa dirigidos a la «primavera árabe» como algo positivo en lo que tiene como lucha por la democracia, pero al mismo tiempo ha alertado del peligro de “olvidar una dimensión fundamental de la libertad” como es “la tolerancia con el otro”, sin “imposiciones”.

El Pontífice respondió también a una pregunta sobre el avance de los fundamentalismos. El fundamentalismo “es siempre una falsificación de las religiones”, y va contra la esencia de la religión que “quiere reconciliar y crear la paz de Dios en el mundo”.

Benedicto XVI abordó también, durante el vuelo Roma-Beirut, el problema del éxodo forzado de cientos de miles de libaneses, y puntualizó que “también los musulmanes” huyen del país, y por ello “debemos hacer lo posible para ayudarles a quedarse”, para lo cual habría que acabar con la guerra, con la violencia, y “poner fin a la importación de armas”, que es un “pecado grave”. En cambio, “se deberían importar ideas de paz, de creatividad”.

Gran acogida

El Papa llegaba a Beirut, a las 12:45 (hora española) del viernes 14 de septiembre, tras un vuelo de 2.196 kilómetros. En el discurso pronunciado en el aeropuerto, en presencia del presidente de la República, el cristiano maronita Michel Suleiman, Benedicto XVI, que se presentó como “peregrino de la paz” y amigo de todos “sea cual sea su pertenencia o su creencia”, señaló que el Líbano puede ser “un modelo para la región y el mundo entero”.

Pero “este equilibrio es extremadamente frágil” y “corre el riesgo de romperse cuando se tensa como un arco o es sometido a presiones partidistas, ciertamente interesadas, contrarias y ajenas a la armonía y la dulzura libanesa”.

Ecclesia in Medio Oriente

Por la tarde del viernes, el Papa visitó la ciudad de Harissa, y en la basílica greco melquita de San Pablo firmó la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, su ya séptimo documento de primera magnitud. Al acto fueron invitados, además de miembros de todas las Iglesias católicas orientales y latina, delegaciones ortodoxa, drusa y musulmana, así como representantes del mundo de la cultura y la sociedad civil, y la comunidad greco-melquita.

La exhortación apostólica hace un llamamiento a la Iglesia católica en Oriente Medio para reavivar la comunión en su interior y el diálogo con los judíos y musulmanes. Benedicto XVI renueva el llamamiento a preservar y promover los ritos de las Iglesias Orientales, patrimonio de toda la Iglesia de Cristo. Ecclesia in Medio Oriente consta de introducción, tres partes y las conclusiones finales.

En la primera parte del documento, el Papa invita a no olvidar a los cristianos que viven en el Oriente Medio y llama a la conversión, a la paz, a superar todas las diferencias de raza, género y clase, y vivir en el perdón en el ámbito privado y en la comunidad. El ecumenismo, el diálogo interreligioso, sobre todo, con judíos y musulmanes, secularismo y fundamentalismo y el problema de la emigración de la zona centran esta primera parte. En cuanto a los católicos de la región, la exhortación recuerda que tienen el derecho y el deber de participar plenamente en la vida civil, y no deben ser considerados ciudadanos de segunda clase. El Papa dice que la libertad religiosa incluye la libertad de elegir la religión que se considera la verdadera y manifestar públicamente sus creencias y símbolos, sin poner en peligro la propia vida y la libertad personal.

La segunda parte de la exhortación se ocupa de algunas de las principales categorías o jerarquías que componen la Iglesia católica en Medio Oriente, con sus peculiaridades. Habla también de los distintos sectores de la acción pastoral. La exhortación apostólica recomienda, en su tercera parte, una verdadera pastoral bíblica y además aborda cuestiones relativas a la liturgia, la vida sacramental, la oración, la peregrinación, la evangelización, la caridad, la catequesis y la formación cristiana.

Y en la conclusión y de modo solemne, Benedicto XVI pide, en el nombre de Dios, a los líderes políticos y religiosos no sólo aliviar los sufrimientos de todos los que viven en el Oriente Medio, sino también eliminar las causas, haciendo todo lo posible para llegar a la paz. Al mismo tiempo, a los fieles católicos les insta a consolidar y vivir la comunión entre ellos, dando vida al dinamismo pastoral.

Paz para todos y entre todos

El sábado 15, a primera hora, el Papa celebró la Misa en privado, y posteriormente viajó a Baabda, sede del Palacio Presidencial, en donde mantuvo encuentros privados con las tres máximas autoridades del país: el presidente de la República, el presidente del Parlamento y el presidente del Consejo de Ministros, cada uno de ellos pertenecientes a las comunidades más importantes del país (cristianos, y musulmanes sunnitas y chiítas).

Posteriormente, el Papa mantuvo un encuentro, en el mismo lugar, con los jefes de las distintas comunidades religiosas, cristianas y musulmanas, miembros del gobierno, cuerpo diplomático, y representantes del mundo de la cultura y de la sociedad civil. El Pontífice había conseguido reunir a los jefes de las cuatro principales comunidades religiosas del país: musulmanes sunnitas, chiítas, drusos y alauitas. A ellos dirigió un discurso, en presencia del presidente de la República, el cristiano maronita Gen Michel Sleiman, con el escenario del Salón 25 de mayo del palacio presidencial de Baadba.

Jóvenes cristianos y musulmanes por la paz

Tras el almuerzo, el obispo de Roma visitó el patriarcado maronita de Bkerké, sede invernal del patriarcado maronita de Antioquia y de todo Oriente, desde 1832. A continuación, y en el mismo Berké, que se encuentra situada en la ladera de la colina de Harissa, dominada por el santuario de Nuestra Señora del Líbano, Benedicto XVI acudió a una cita con unos 25.000 jóvenes, libaneses y llegados de países vecinos, entre ellos de Egipto, Jordania, Israel y Siria, cristianos y también musulmanes, chicos y chicas vestidos a lo occidental, aunque no faltaban el hiyab o el chador negro.

El encuentro del Pontífice con los jóvenes estuvo rodeado de un clima festivo, como es habitual en este tipo de actos, que ha contado con la presencia de numerosos jóvenes musulmanes. Dirigiéndose a un grupo de jóvenes procedentes de Siria, el Papa expresó su cercanía con el pueblo sirio envuelto en la guerra civil, y su tristeza “a causa de vuestro sufrimientos y luto”. Una joven se dirigió al Papa, manifestando que su presencia en el Líbano, “pese a nuestra situación, es un desafío a la lógica de la guerra y de la desesperación, y es un signo de paz y esperanza”.

El Papa, en su discurso, aprovechó la presencia de jóvenes musulmanes para manifestar que ellos, “junto con los jóvenes cristianos, sois el futuro de este maravilloso país y del conjunto del Medio Oriente”, y les pidió que traten de “construir juntos” dicho futuro, de modo que “cuando seáis adultos continuéis viviendo la concordia en la unidad con los cristianos”.

Benedicto XVI insistió en la misma idea al afirmar la necesidad de que todo el Medio Oriente, “al veros, comprenda que los musulmanes y los cristianos, el Islam y el Cristianismo, pueden vivir juntos sin odios, en el respeto al credo de cada uno, para construir juntos una sociedad libre y humana”. El Papa no ha dejado de exhortar a los jóvenes cristianos a no ceder a la tentación de la emigración, así como a “acoger sin reservas al otro, aunque pertenezca a otra cultura, religión o país”, y a descubrir de verdad “el perdón y la reconciliación, como caminos de paz”.

Medio millón en la misa

Medio millón aproximado de personas acudieron, el domingo 16 de septiembre, a la Misa que Benedicto XVI ofició, en la que participaron unos trescientos obispos de todo el Oriente Medio. El City Center Waterfront de Beirut fue el escenario del acto religioso. El Waterfront es una zona costera situada entre el puerto turístico y el centro de la ciudad, sobre un terreno recuperado al mar mediante los fragmentos de tierra y escombros de los edificios del centro de la capital, demolidos en 1990, al final de la guerra, antes de comenzar la reconstrucción. Allí mismo celebró Juan Pablo II una Misa, hace quince años.

La liturgia eucarística se celebró en francés, árabe y latín. Durante la ceremonia, el Papa entregó a los patriarcas y obispos católicos del Líbano la exhortación apostólica Ecclesia in Medio Oriente, fruto del Sínodo especial de Obispos del 2010.

El obispo de Roma, que habló en francés, centró gran parte de su homilía en el significado de “siervo” y “servicio”, y afirmó que servir a la justicia y la paz “en un mundo donde la violencia no cesa de extender su cortejo de muerte y destrucción, es una urgencia a fin de comprometerse para una sociedad fraterna, para construir la comunión”. Un servicio que comporta “la renuncia al poder y a la gloria terrena”, tomando la propia cruz “para acompañar a Cristo en su camino, que no es el del poder y de la gloria terrena, sino el que conduce necesariamente a renunciar a si mismos, a perder la propia vida por Cristo y el Evangelio”, el camino necesario para llegar “a la vida eterna y definitiva con Dios”.

¿Por qué tanto horror?

En el rezo del ángelus dominical que siguió a la misa, Benedicto XVI se preguntó el “porqué de tantos horrores, de tantos muertos” y respondido reconociendo que “no es fácil ver en el otro una persona a respetar y amar, y sin embargo hay que hacerlo si se desea construir la paz, si se quiere la fraternidad”.

El Papa aludió nuevamente a la situación que se vive en Siria, y exclamó que “¡por desgracia, el fragor de las armas continúa oyéndose, así como el grito de las viudas y de los huérfanos! La violencia y el odio invaden la vida, y las mujeres y los niños son sus principales víctimas”.

El Papa había llegado al recinto en automóvil, desde la nunciatura apostólica. A su llegada fue recibido por el alcalde de Beirut, que le entregó las llaves de la ciudad.

Al emprender el vuelo de regreso a Roma, tras celebrar un acto ecuménico con delegados de todas las Iglesias y confesiones cristianas presentes en Líbano y despedirse de las primeras autoridades de la nación, el Papa se mostraba satisfecho hasta el punto de calificar su viaje como “un éxito”, que agradeció de modo especial a los líderes religiosos musulmanes, presentes en todo momento. Asimismo, el Santo Padre expresó su deseo de regresar a Líbano.

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