La Nueva Evangelización (II)

Mons. Francesc Pardo i Artigas   Son muchos los que se preguntan –y nos preguntamos- que debemos entender por “nueva evangelización” y como hacerla. Sigamos reflexionando sobre el tema. 

Evangelizar significa anunciar a Cristo a aquellos que lo desconocen, ya sea porque nunca han oído hablar de Él, o aún habiendo oído, no han captado su propuesta, o porque después de haber tenido un cierto conocimiento ha dejado de tener importancia en su vida, o porque no lo han experimentado personalmente, o porque consideran que para ellos no se trata de ninguna buena noticia. 

“Nueva”, hace referencia a novedad, pero Cristo o el Evangelio de salvación es el mismo de siempre y, por lo tanto, no se trata de un nuevo evangelio. “Nueva” se refiere a la forma de anunciarlo y mostrarlo para que sea captado en toda su significación y plenitud por las personas que hoy vivimos inmersos en nuestra cultura. Será necesario ayudar a descubrir que Jesucristo y su oferta y propuesta dan respuesta a las grandes cuestiones existenciales que toda persona y la humanidad nos planteamos. Por ello, podemos afirmar, en primer lugar, que podemos describir la nueva evangelización como la misión de “contagiar” la Buena Noticia, desde la experiencia personal y comunitaria de la Salvación, que comunica paz, serenidad y gozo profundo, en el dolor y el peso de la vivencia humana, a los hombres y mujeres que encontramos a lo largo de nuestra vida.

 

Es decir, se trata de proponer a Jesucristo como respuesta de salvación a las personas que viven el gozo y el peso de la vivencia humana, y desean felicidad, amor, perdón, paz, fortaleza y esperanza, para provocar la adhesión del corazón de cada persona que nos lleva a vivir en la comunidad, la Iglesia, a celebrar los sacramentos y a contribuir a la renovación de la humanidad –sus estructuras, valores, cultura- según el deseo de Dios.

 

¿Cómo hacerlo? Ésta es la cuestión. Pero tenemos experiencia acumulada a lo largo de los siglos y también en estos últimos años: experiencia para afinar en lo que hay que hacer y para rectificar lo que sea necesario. Me atrevo a ofrecer algunas pautas.

 

         Estar convencidos que la persona, como imagen de Dios, es un buscador de Dios. Por lo tanto, debemos desvelar el interés por Dios, por la trascendencia, ofreciendo a quien es nuestro Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo y lo que nos ofrece.

Tal vez debamos advertir y dar como cierto que muchas personas “ya están secularizadas”. En la vida ordinaria de las personas se viven muchas situaciones que muestran una innegable apertura hacia Dios, pese a que no se diga con este nombre. El Papa Benedicto, en su mensaje de Navidad, afirmaba: “considero importante sobre todo el hecho que también las personas que se consideran agnósticas o ateas han de sintonizar con nosotros… La cuestión sobre Dios continúa también presente para ellos…”.

         Provocar el descubrimiento o redescubrimiento de Jesús.

Con frecuencia todavía es el gran desconocido y, con Jesús, lo que creemos, el credo. Primero debemos provocar una adhesión del corazón a la persona de Jesús para que su conocimiento se vaya transformando  en estimación y confianza. El proceso  de estar con Jesús se realiza intensamente por medio de la comunión, en la celebración eucarística. Amar a Jesús y permanecer unido a Él para que transforme nuestra vida es la finalidad de la evangelización.

         Provocar preguntas para darnos cuenta de la necesidad de ser evangelizados.

Es difícil obtener respuestas cuando uno no se formula preguntas. Las grandes preguntas de la existencia están inscritas en el ser humano, pero con frecuencia no afloran o se ponen de relieve a causa del ritmo de la vida, por la superficialidad, la saturación de propuestas materiales de felicidad y seguridad… La propuesta del Evangelio también incluye la provocación o el impulso para ayudar a reconocer las grandes cuestiones de la vida.

         La acogida y el acompañamiento de la comunidad.

Es necesaria también una renovación de las comunidades eclesiales para acoger y acompañar a quienes se abren al Evangelio.

         La necesidad de testigos que lo sean con convencimiento y alegría.

Para ser creíble, la persona que da testimonio del Evangelio de la salvación ha de amar verdaderamente y ser feliz.                                                                                 

                                                                                                                                                  

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 372 Artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.