La necesaria, humilde, y silenciosa caridad

Mons. Esteban Escudero    El pasado jueves, 20 de septiembre, en los Servicios Centrales de Cáritas Española se presentó el “VII Informe del Observatorio de la Realidad Social”. Ya en otras ocasiones esta organización de la Iglesia Católica nos hecho conocedores de la alarmante situación de los cientos de miles de personas que llaman a su puerta. Sus gritos nos hablan del riesgo de quiebra de la cohesión social que amenaza hoy a más de una cuarta parte de la población española, mientras asistimos al aumento de los índices de pobreza, a la cronificación de muchas situaciones de precariedad, al retroceso de los sistemas de protección social y al desgaste de los mecanismos de protección familiar.

La situación que vivimos es grave, tal como declara D. Juan Mora, Secretario General de Cáritas: “Estamos erosionando de manera intensa los mecanismos sociales de protección de la dignidad de las personas. Si hace unos meses decíamos que la pobreza es cada vez más extensa, más intensa y más crónica, podemos afirmar, a la vista de los datos de nuestra red de Acogida, que cada vez más notoriamente se va mostrando que vivimos en una sociedad más pobre, más desigual y más injusta socialmente”.

El proceso al que estamos asistiendo es de tal envergadura que, lo que perdamos ahora en términos de protección social será difícilmente recuperable una vez que se supere la crisis. Un intenso cambio de carácter estructural que, como consecuencia de la crisis, está cambiando de forma profunda la vida de muchas familias.

El escenario social que contemplamos debe provocarnos una honda preocupación y una radical incertidumbre. Y debe seguir conmoviéndonos las situaciones tan desesperadas que están viviendo las familias. La situación global y la de España en particular es extremadamente compleja y como, señaló el secretario general de Cáritas es una prioridad “hacer sacrificios comunes para recrear una nueva sociedad, aunque, creemos, como lo ha hecho reiteradamente el Papa, que no podemos hacer recaer estos sacrificios en las personas más vulnerables”.

Debemos, sin descanso, dar gracias a Dios por el compromiso de los miles de voluntarios y voluntarias que desde su compromiso y su opción son palabra de esperanza de la Iglesia, y que son quienes hacen posible el trabajo de las miles de Parroquias distribuidas por toda España. Esta acogida y atención primaria en nuestras comunidades cristianas -Iglesia, Pueblo de Dios, que comparten lo que son y lo que tienen- es la primera y esencial respuesta de la Iglesia a las personas que padecen y sufren pobreza y exclusión social.

Pero también debemos seguir redoblando los esfuerzos, para poder seguir estando cerca de las personas pobres y excluidas. Es necesaria más que nunca la caridad humilde y silenciosa “de las personas que comparten y reparten lo que son y lo que tienen. No debemos, a pesar de las dificultades, relajar nuestra solidaridad. Hoy más que nunca debemos redoblarla. Tenemos que seguir haciendo camino, construyendo sociedad desde lo humilde y sencillo”.

Como señaló Sebastián Mora debemos poner el acento en “la necesidad de escucha y acompañamiento que requieren las personas empobrecidas y que se refleja en los resultados de este Informe. Esta demanda de escucha, de atención cordial, de cercanía y proximidad están siendo un ejemplo más de que la acción socio-caritativa quiere ir al alma de lo humano y que nos muestra una Iglesia que se hace coloquio y diálogo con el mundo desde el dolor y sufrimiento de las personas”.

Como nos señala el Papa Benedicto XVI, en Cáritas in Veritate, «nos preocupa justamente la complejidad y gravedad de la situación económica actual, pero hemos de asumir con realismo, confianza y esperanza las nuevas responsabilidades que nos reclama la situación de un mundo que necesita una profunda renovación cultural y el redescubrimiento de valores de fondo sobre los cuales construir un futuro mejor. La crisis nos obliga a revisar nuestro camino, a darnos nuevas reglas y a encontrar nuevas formas de compromiso, a apoyarnos en las experiencias positivas y a rechazar las negativas. De este modo, la crisis se convierte en ocasión de discernir y proyectar de un modo nuevo» (CV, 21). Y por ello renovamos nuestra apuesta por un modelo de desarrollo globalizado, basado en la promoción, el acompañamiento y la denuncia profética, cuyo centro sea la persona y que garantice el ejercicio de los Derechos Humanos, la participación, la creatividad social, la justa distribución de la riqueza y el desarrollo armonioso con el medio ambiente.

Debemos estar con y para quienes más sufren, y denunciar también las estructuras de pecado que generan este sufrimiento. De manera especial, queremos manifestar nuestra solidaridad y cercanía con las familias y personas más golpeadas por las actuales condiciones de precariedad. Y renovamos nuestra opción preferencial por los pobres, porque quien opta por Jesús opta por ellos y por el Espíritu que actuó en Él, ungiéndolo «para anunciar a los pobres la Buena Nueva, para proclamar la liberación a los cautivos, y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lc 4,18).

+Esteban Escudero 

Obispo de Palencia

Mons. Esteban Escudero Torre
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Mons. Esteban Escudero Torres nació en Valencia, el 4 de febrero de 1946. Cursó los estudios primarios y el bachillerato superior en el Colegio de los PP. Agustinos, de Valencia. A la edad de 17 años entró en el Seminario Metropolitano, sito en Moncada, donde cursó tres años de Filosofía y tres de Teología. Tras el bachillerato en Teología, obtuvo, en 1970, la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Con permiso del entonces Arzobispo de Valencia, don José María García Lahiguera, inició estudios de Filosofía en la Universidad literaria de Valencia obteniendo, en 1974, la Licenciatura en Filosofía pura. Durante el tiempo de sus estudios civiles, trabajó activamente en la Comisión Diocesana del Movimiento Junior, organizando frecuentes cursillos de formación religiosa y de técnicas de tiempo libre para los educadores de los distintos centros Juniors de la diócesis. Tras un año de diaconado en la Parroquia de San Martín, en la ciudad de Valencia, fue ordenado sacerdote el 12 de enero de 1975 y destinado, como coadjutor, a la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, de Carlet. Durante cuatro años, simultaneó los trabajos pastorales de vicario parroquial con las clases de religión en el Instituto de Bachillerato de la localidad. Igualmente dirigió y animó espiritualmente el centro del Movimiento Junior de Carlet. Enviado a Roma en 1978 para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana por el Arzobispo don Miguel Roca Cabanellas, obtuvo el grado de Doctor en Filosofía de la Universidad con una tesis sobre el pensamiento filosófico de don Miguel de Unamuno. De regreso a la actividad pastoral de la diócesis, colaboró en la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y, posteriormente, en la Delegación Diocesana de Enseñanza y Educación Religiosa, donde desempeñó el cargo de Coordinador de la Enseñanza Religiosa Escolar y Director de la Escuela Diocesana de formación del profesorado de Enseñanza Religiosa Escolar. Igualmente, fue adscrito a la Parroquia de Nuestra Señora del Socorro, de Valencia, donde ha venido trabajando pastoralmente hasta su ordenación episcopal. Durante seis años fue profesor de Filosofía en el C.E.U. San Pablo de Moncada y, desde 1988, profesor, jefe de estudios y posteriormente director de la Escuela Diocesana de Pastoral. Al erigirse en 1994, por el Arzobispo don Agustín García-Gasco, el Instituto Diocesano de Ciencias Religiosas, fue nombrado Director, recorriendo regularmente las distintas sedes del mismo, e impartiendo clases de Fe-Cultura y Teología Dogmática. Desde 1982 impartió diversas asignaturas en la Facultad de Teología «San Vicente Ferrer», de Valencia, haciéndose cargo, como profesor agregado de dicha Facultad, desde el curso escolar 1988-1989 hasta su nombramiento episcopal, de las asignaturas de Historia de la Filosofía Antigua, Historia de la Filosofía Moderna y Filosofía y Fenomenología de la Religión. También fue profesor de Antropología Filosófica en la sede española del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el matrimonio y la familia, desde su erección en la diócesis de Valencia. Desde 1988 es miembro de la asociación «Viajes a Tierra Santa con los PP. Franciscanos», habiendo dirigido y animado espiritualmente en numerosas ocasiones peregrinaciones a los lugares santos del cristianismo. Ha participado en varias reuniones y simposios sobre el diálogo, cristianismo y judaísmo. En 1999, don Agustín García-Gasco, Arzobispo de Valencia, le nombró canónigo de la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, donde desempeñó el cargo de Secretario Capitular. Es autor de varios artículos de Filosofía y Teología de las Religiones, publicados en los números de la Revista Anales Valentinos de los años 1983, 1989, 1990, 1991 y 1999. Igualmente publicó, en 1994, el audiolibro en seis volúmenes Contenidos básicos de la fe cristiana, Valencia 1994, y el libro Creer es razonable. Introducción a la Filosofía y a la Fenomenología de la Religión, Valencia 1997. El 17 de noviembre de 2000, fue nombrado, por Su Santidad el papa Juan Pablo II, Obispo Titular de Thala y Auxiliar de Valencia, recibiendo la consagración episcopal el 13 de enero de 2001.