Carta a los internos del Centro Penitenciario de Badajoz. Con mis mejores deseos en el día de vuestra fiesta.

Mons. Santiago García Aracil    Queridos hermanos en Dios creador y padre de todos: 

Al acercarse la fiesta de la Santísima Virgen de la Merced, Patrona y especial intercesora vuestra ante el Señor, quiero escribiros cada año para desearos toda bendición del cielo; para desearos eso que Dios sabe que es lo mejor para cada uno.

Nosotros no siempre acertamos al desear lo que nos apetece o lo que consideraos más provechoso para nuestra vida. En este problema todos andamos necesitados de orientación, porque hay veces que se nos ocurren o nos apetecen cosas que luego, en lugar de satisfacción no traen malos ratos, consecuencias perniciosas o molestias para los que nos rodean.

Al desearos la bendición de Dios, no tengo la mente en blanco, sin pensar en nada concreto. Estoy pensando en un valiosísimo regalo de Dios. Un regalo que no resuelve  enseguida todos los problemas que cada uno tiene planteados material y espiritualmente. Sin embargo, se trata de un regalo que es la puerta por la que todos podemos acceder a la mejor solución de todo lo que nos preocupa; es la puerta por la que podemos acceder a la verdad y al bien, que son la única referencia para acertar en la postura que debemos tomar ante lo que nos ocurre, y ante nuestra vida entera. Os deseo que recibáis el don inmenso de la fe, y la ayuda de Dios para cultivarla y constituirla en fuente de vuestro nuevo proyecto de vida.

En vuestra situación puede pareceros que la fe no resuelve nada porque no os trae la libertad, porque no suprime los problemas de vuestra familia, porque no os procura un empleo digno, y porque no os garantiza una acogida social como vosotros desearíais. Sin embargo, ¿habéis descubierto algo que resuelva todo esto de una vez? Ese algo no existe. Sin embargo, la fe nos ayuda a entender y aceptar que Dios existe, que Dios nos ama más que nadie y a pesar de todo, que no sólo nos ha creado a su imagen y semejanza, sino que también nos ha redimido del pecado y de la muerte eterna; y nos ayuda a encontrar en la palabra de Jesucristo, transmitida por la santa Madre Iglesia, cuál es el sentido y la utilidad de cuanto nos ocurre, cuál es el sentido de nuestra vida toda entera, cuál es el camino que debemos seguir para superar los baches presentes y mantener firme el espíritu frente a cualquier tentación contraria a la verdad, a la justicia, al bien y a la paz.

La fe nos abre a la esperanza, porque nos ayuda a creer en Jesucristo que, aún siendo nosotros pecadores, entregó su vida para salvarnos. Y, como sabéis, el ofendido era Él mismo y nosotros los ofensores. Ese es un amor cuya magnitud nos desborda y, al mismo tiempo, gana nuestro corazón. Es el amor ante el cual nos encontramos más seguros, es el amor que nos invita siempre a comenzar de nuevo y a luchar con la confianza de que todo lo podemos con Aquel que nos conforta. Ese que nos conforta si se lo pedimos, es Jesucristo, Dios y hombre verdadero, que se encarnó para que viéramos en su vida cómo debía ser nuestra vida, y para que, haya sido como haya sido en el pasado, podamos mirar siempre con esperanza el futuro. No olvidéis que, al delincuente ajusticiado junto a él en el calvario, le prometió la vida eterna al escuchar de él unas sencillas y sinceras palabras de arrepentimiento.

El Papa Benedicto XVI, de tal modo entiende que la riqueza de la fe puede superar y vencer todas las pobrezas humanas y su influencia en nuestra vida, que ha declarado un Año de la Fe. En él nos propone que cada uno procuremos purificar y cultivar la fe que hemos recibido del Señor como regalo, y que todos los que tenemos fe y hemos descubierto el bien que reporta en toda nuestra vida, procuremos ayudar a los demás para que la pidan a Dios humilde y confiadamente, y la reciban en abundancia.

Además de todo lo que el Señor  quiera concederos por intercesión de la Santísima Virgen de la Merced, yo pido para vosotros, pues, una abundante fe, una fe siempre firme, y una fe que ilumine todas las oscuridades de vuestra vida.

Deseándoos esto con sincero corazón, os felicito en el día de vuestra fiesta; y sigo pidiendo al Señor que, además de la fe, conceda a cada uno y a vuestras familias aquello que más necesitéis en este momento.

Os bendigo en el Nombre del Señor, y me despido de vosotros con afecto cordial. 

+Santiago García Aracil

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Santiago García Aracil
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ons. D. Santiago García Aracil nació el 8 de mayo de 1940 en Valencia. Es Licenciado en Teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1976). CARGOS PASTORALES Fue cura párroco de Penáguila entre 1964 y 1965. Consiliario Diocesano de la Juventud Estudiante Católica (1966-1984). Maestro de Capilla del Seminario Corpus Christi de Valencia entre 1966 y 1984. Además, fue Delegado Diocesano de Pastoral Universitaria entre 1972 y 1984. Ha sido en Valencia fundador del Centro de Estudios Universitarios en 1971. El 27 de diciembre de 1984 fue ordenado Obispo Auxiliar de Valencia, cargo que desempeñó hasta 1988. Ese año fue nombrado Obispo de Jaén. El día 9 de julio de 2004, el papa Juan Pablo II le nombró arzobispo para ocupar la sede metropolitana de Mérida-Badajoz. Tomó posesión de la diócesis el 4 de septiembre de 2004. El papa Francisco aceptó su renuncia el 21 de mayo de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2014. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral (1987-1990), Relaciones Interconfesionales (1987-1990/2005-2008); Seminarios y Universidades (1990-1993); Enseñanza y Catequesis (1990-1993) y Patrimonio Cultural (1993-1999). Fue Presidente de esta última Comisión de 1999 a 2005 y de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde 2008 a 2014. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".