"Alegría y entusiasmo". Preparando el próximo curso pastoral

Mons. Antonio Algora       Me empuja a encabezar esta carta la frase de Benedicto XVI en la convocatoria del Año de la fe donde pone como objetivo que la Iglesia entera (obispos, sacerdotes, religiosos y seglares) «redescubra el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo» (Porta fidei, 2).

Alguien me podrá decir que alegría y entusiasmo no faltan en los más irresponsables, montados en el machito de su empleo y de su “a mí no me falta de nada” o de la irresponsabilidad aún mayor de ir pillando ocasiones y momentos de fiesta… que ¡todavía a esta sociedad se le puede sacar mucho! Tampoco falta alegría y entusiasmo a los que encerrados en su ego individual, valga la redundancia, rebuscan en experiencias de todo tipo una como especie de adormidera que me hace pasar… dentro de una felicidad razonable naturalmente.

Advirtamos lo que el Papa nos dice, que la alegría y el entusiasmo no nacen del individuo, sino del “Encuentro con Jesucristo”. Por poner algún ejemplo, un teléfono móvil de última generación provoca una alegría y un entusiasmo importante para nuestras vidas, más adolescentes de lo que pensamos, mientras no “sale” otro invento nuevo: Alegría y entusiasmo absolutamente pasajero y triste por lo poco con que nos hemos llegado a conformar; la cosa mejora si el encuentro es con una novela, una obra de arte… algo más espiritual decimos, pero igual de efímero. Si hablamos de encuentros no tanto materiales como personales la cosa cambia ciertamente pero también de da una gama muy variada de frustración de expectativas, cuando no de rencores y odios por sentirnos engañados o burlados.

En este punto traigo a la memoria un párrafo del libro del Papa, el primero que escribió sobre Jesús de Nazaret: “El Salmo (se refiere al Salmo 14) explica de varios modos el contenido de estas condiciones para entrar en la morada de Dios. Una condición indispensable es que las personas que quieran llegar a la casa de Dios pregunten por Él, busquen su rostro (v. 6): por tanto, como requisito fundamental vuelve a aparecer la misma actitud que hemos encontrado descrita antes en las palabras «hambre y sed de justicia». Preguntar por Dios, buscar su rostro: ésa es la primera condición para subir al encuentro con Dios. Pero ya antes, como contenido del concepto de manos inocentes y puro corazón, se ha indicado la exigencia de que el hombre no jure en falso contra el prójimo: esto es, la honradez, la sinceridad, la justicia con el prójimo y con la sociedad, eso que podríamos denominar el ethos social, pero que en realidad llega hasta lo más hondo del corazón.” (oc. edit. La esfera de los libros, pg 123)

La alegría y el entusiasmo que provoca el “Encuentro con Jesucristo” lleva consigo la escucha de su Palabra, el roce que supone la Comunión, comer el Cuerpo entregado del Señor y un vago si queréis “estar a la altura de las circunstancias” de quien percibe quién es Jesucristo, que por mucho tiempo no puedes estar sin sentir su empujón a comportarte como Él. Ser-en-Él, que nos va haciendo el Espíritu Santo que Cristo Jesús nos da, que nos hace abiertos a todos y como hermanos.

Renovemos pues nuestra vida cristiana en ese encuentro personal con el Señor que no nos va a dejar de su mano pues sus testigos no pueden ser ni tristes ni apocados. 

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.