Tiempo de emergencia religiosa

Mons. Alfonso Milián    No podemos cerrar los ojos ante la situación que os describía la semana pasada.

No seríamos sinceros ni honestos si no reconociéramos la verdad y la gravedad de los  hechos que os comentaba. Ni tampoco seremos fieles al Señor si no reaccionamos ante esa situación de increencia y abandono práctico de  la Iglesia por parte de algunos cristianos. 

Es cierto que la fe y la vida religiosa de cada uno es consecuencia de una
decisión personal, libre y responsable. Pero también es verdad que, en el ejercicio de nuestra libertad y responsabilidad, estamos obligados a buscar la verdad y a dar a Dios el culto que le debemos, pues somos criaturas suyas, obra de sus manos. Nadie puede ser forzado a creer en Dios y en Jesucristo. Pero,  si valoramos todo lo que la fe proporciona a nuestras vidas, hemos de hacer cuanto esté en nuestras manos para ayudar a nuestros hermanos a encontrarse con Jesucristo y poner en él su confianza. 

La Iglesia ha recibido el mandato del Señor de anunciar el Evangelio de la
salvación de Dios a todo el mundo: Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a  guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos. 

Fijemos nuestros ojos en el ardor evangelizador de  San Pablo, que le llevó a
exclamar: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio! Esta fuerza evangelizadora, que le impulsó a querer ir hasta el fin del mundo entonces conocido, nacía de su encuentro con Cristo: Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí…, que me amó y se entregó a sí mismo por mí. Se siente tan unido a Él que nada ni nadie le podrá separar del amor de Cristo: ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro, ni la espada, ni siquiera la muerte.

El mandato de Jesús y el ánimo evangelizador de Pablo nos fortalecen para que nos decidamos a ayudar a los cristianos, que viven la fe con tibieza, a que vuelvan a creer con intensidad, y para anunciar a Cristo a quienes no conocen la riqueza de vida que hay en él. Es apremiante la llamada a anunciar el evangelio, en primer lugar, a los hijos y a los nietos, que se están abriendo a la vida, en el seno de la propia familia. Y, sin dejarnos llevar por el temor o el qué dirán, a los compañeros de trabajo y vida que aún no han llegado a profesar la fe. 

Vivimos tiempos de emergencia religiosa y moral. El Señor nos pide que
asumamos la urgencia y la responsabilidad misionera de nuestra fe. Los nuestros son tiempos de misión y la Iglesia siempre ha sido misionera. De nuestras  parroquias han surgido, en otros tiempos, muchos misioneros y muchos mártires. Hoy la misión también está aquí. Tenemos, pues, que ayudar a estos vecinos, hermanos nuestros, que viven alejados de Dios y de la Iglesia, y no valoran ni cultivan el don de la fe. 

Con mi afecto y bendición.

+ Alfonso Milián Sorribas
Obispo de Barbastro-Monzón

Mons. Alfonso Milián Sorribas
Acerca de Mons. Alfonso Milián Sorribas 101 Artículos
Mons. Alfonso Milián Sorribas nació el 5 de enero de 1939 en La Cuba, provincia de Teruel y diócesis de Teruel y Albarracín. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza y fue Ordenado sacerdote el 25 de marzo de 1962. En 1992 obtuvo la Licenciatura en Teología Catequética por la Facultad de Teología ‘San Dámaso’ de Madrid, con la tesina «La iniciación a la dimensión contemplativa del catequista por medio de la oración de Jesús». La segunda parte de la misma fue publicada en 1993, en la revista ‘Jesus Cáritas’ con el título «La invocación del nombre de Jesús, camino de encuentro con el Padre». Además del español, conoce el francés. Después de su ordenación, ha desempeñado los siguientes cargos: - 1962–1969:Párroco de Azaila (Teruel); - 1962–1967:Coadjutor de la Parroquia de La Puebla de Hijar (Zaragoza); - 1967–1969:Encargado de las Parroquias de Vinaceite (Teruel) y Almochuel (Zaragoza); - 1969–1983:Párroco de ‘San Pío X’ en Zaragoza; - 1970–1976:Delegado de Cáritas de Arrabal (Zaragoza); - 1978–1990:Miembro del Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1980–1981:Consiliario del Movimiento ‘Junior’; - 1982–1990:Vicario Episcopal de la Vicaría IV de la Archidiócesis de Zaragoza; - 1992–1996:Delegado Diocesano de Apostolado seglar y Consiliario Diocesano del Movimiento ‘Junior’; - 1992–1998:Delegado Diocesano de Pastoral Vocacional; - 1996–2004:Vicairo Episcopal de la Vicaría II; - 1998–2004:Consiliario de ‘Manos Unidas’; - Nombrado Obispo Auxiliar de Zaragoza el 9 de noviembre de 2000 y elegido para la sede titular de Diana, recibió la ordenación Episcopal el 3 de diciembre de 2000. - El 11 de noviembre de 2004, el Nuncio Apostólico en España comunicó al Administrador Diocesano el nombramiento de Don Alfonso Milián para la sede barbastrense-montisonense, de la que tomó posesión el 19 de diciembre de 2004 en la catedral de Barbastro. - En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Episcopal de Asuntos Sociales y Obispo Delegado para Cáritas Española.