Las monjas del Cottolengo, una medalla al servicio de los sufrientes en el corazón de las Hurdes

Mons. Francisco Cerro    Siempre te impacta el entrar en  contacto con el mundo del sufrimiento y también nos interrogan en el corazón estas mujeres, que dedican su vida a los sufrientes, a las personas que probablemente, como no las quieran ellas, poca gente las querrá, porque no tienen canon de la belleza del mundo.

Las conocí hace muchos años. En Barcelona, en Valencia, en Venezuela, donde están las monjitas del Cottolengo, son verdaderamente hermanas y madres para todos los dramas que viven los enfermos, los discapacitados, todos aquellos que están crucificados en el dolor y en la inmensa soledad del corazón humano. Su caridad no está  en crisis y sin embargo, aceptan y aman a todas las personas que lo pasan mal, a los que no tienen casi ninguna esperanza, los que han vivido año tras año insertos en todas las crisis y en todas las dificultades de la vida.

La última vez que estuve en el Cottolengo, después de visitar el Cambrón, que había sufrido un aparatoso incendio, una vez más pude comprobar cómo en el corazón de la Hurdes, en nuestra querida Extremadura de gente inmensamente buena de corazón, estas religiosas que dedicaron la medalla a los “Hurdanos” con voluntariado sobre todo de jóvenes, se entregan al servicio de los más desfavorecidos. Aquellos que la Madre
Teresa de Calcuta llamaba los más pobres de los pobres.

Es verdad que quizás la obra inmensa del Padre Alegre del Cottolengo,
con más de sesenta años de presencia en la Fragosa, puede ser una gota
en el océano de las necesidades de la gente, pero respondiendo con la
Madre Teresa de Calcuta podíamos añadir: “¿A caso los océanos no están
hechos de muchas gotas?”

Ante la concesión de la Medalla de Extremadura, a las que felicitamos
como a los otros galardonados, uno se pregunta: ¿Todavía queda tanto
por hacer? En este mundo de tanto sufrimiento acuciado por crisis tremendas, por hombres y mujeres que no tienen trabajo, por el listón de
todas las pobrezas, todos tenemos que descubrir con las hermanas de Cottolengo que es la hora de compartir con los más necesitados, aunque
no lo reconozcan entregándonos ninguna medalla. Es el momento de
vivir lo que decía el premio nobel de la Paz, Luther King: “Prefiero los que
encienden una luz, que los que maldicen la oscuridad”.

Entre todos encendamos y ayudemos a crear una sociedad donde
todos nos sintamos responsables de las necesidades de nuestros hermanos. La Hna. Virginia lo subrayo al recibir la medalla, todo lo humano nos
interesa, especialmente los que sufren a los discípulos de Jesús. Conozco
prácticamente a todos los residentes del Cottolengo, también a Moisés y a
otros muchos que como él comparten como una verdadera familia, entre
todos podemos hacer un mundo mejor que lo encontramos.

Cuando nos preparamos para vivir el año de la Fe, convocado por
Benedicto XVI, nuestra diócesis vive también el servicio a la caridad. Esta
medalla es un buen inicio de curso para poner a prueba toda nuestra
creatividad al servicio de los necesitados, como un imperativo de lo que
queremos.

+Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
Acerca de Mons. Francisco Cerro Chaves 144 Artículos
Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.