El cuidado del primer anuncio del Evangelio

Mons. Carlos Escribano    A lo largo de este curso que estamos comenzando, vamos a desarrollar el primero de los objetivos del nuevo Plan diocesano de Pastoral. A modo de recordatorio, la propuesta del plan engloba cuatro grandes objetivos generales: para este curso (2012-13) se plantea el tema del primer anuncio, según el espíritu del Año de la Fe.

El segundo curso (2013-14) habrá una doble propuesta: la dinamización de la pastoral con los jóvenes y la especial atención a la pastoral de los pueblos pequeños. El último año del Plan (2014-15) culminaría con el desarrollo de la pastoral familiar. Junto a estos objetivos generales, se proponen otros  específicos  y  operativos que en un trabajo posterior por parte de las parroquias, arciprestazgos,  movimientos, etc. deberá concretarse en acciones que lleven a desarrollar de forma concreta el contenido de los mismos.

Uno de los grandes retos de la Iglesia en este momento, y también de nuestra Iglesia diocesana, está en abordar las grandes dificultades que existen a la hora de trasmitir la fe. El primer objetivo general de nuestro Plan nos mueve a afrontar esa dificultad y a hacerlo de manera ilusionada en el contexto de Nueva Evangelización. La novedad del anuncio del Evangelio, en expresión de Juan Pablo II, no se encuentra en el contenido que es siempre el mismo: Cristo. La novedad está en su ardor, en sus métodos y en su expresión.

El Plan nos invita a incrementar nuestra experiencia de comunión, en diversos ámbitos. Experiencia que debe nutrirse de una adecuada espiritualidad de comunión, que debe ser incluso previa a las iniciativas concretas que puedan programarse. En la Novo Milenio Ineunte Juan Pablo II la definía así: “….espiritualidad de la comunión significa la capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como « uno que me pertenece », para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad”(NMI nº 43). El cuidado y la potenciación de los distintos consejos pastorales pueden ser un buen cauce para vivir esta experiencia de comunión que facilite las distintas iniciativas en torno a la Nueva Evangelización. Esta exige también una especial atención a la formación cristiana de todos los evangelizadores. Formación que debe alimentar el espíritu misionero en sacerdotes, religiosos y seglares.

El fortalecimiento, el cuidado y la trasmisión de la fe, deben tener  como consecuencia inmediata, una mayor exigencia en la vivencia de la caridad. El objetivo específico de este año referente a la caridad de nuestro plan dice así: acrecentar la coherencia entre la fe profesada y el modo de vida de los cristianos en medio del mundo, desde la opción preferencial por los pobres. Todos somos conscientes de que la fe de los cristianos es una fe que debe concretarse en obras, como nos recuerda Benedicto XVI en la Porta Fidei: “Con palabras aún más fuertes —que siempre atañen a los cristianos—, el apóstol Santiago dice: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”» (St 2, 14-18)” (PF nº 14).

Son muchos los retos que se nos plantean. Muchas la ilusiones que podemos y debemos compartir en este curso que comienza. Es importante la colaboración de todos, también la tuya. ¡A ella te animo!

+ Carlos Escribano Subías

Obispo de Teruel y Albarracín

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.