Testimonios de la conversión: San Agustín

Mons. Agustí Cortés      San Agustín forma parte de una multitud de convertidos a la fe cristiana durante los cuatro primeros siglos de cristianismo. Pero quizá su figura resulte paradigmática, por el hecho de que nos dejó en sus escritos -sobre todo en sus Confesiones y Soliloquios, pero también en casi todos: cartas, sermones, tratados y comentarios- un testimonio monumental del proceso “de su alma”. Estaba muy lejos de pretender exhibir su interior. Sólo quería que la narración de su historia sirviera para alabar a Dios y darle gracias. Porque esta narración, como la de cualquier conversión verdadera, refleja la vida de un “antihéroe” y sólo puede mostrar “lo que Dios ha hecho en mí… a pesar mío”.

También él, quizá él más que muchos, a causa de la lucha interior que debió librar, necesitó de testimonios vivos que le acercaran la verdad de la fe. Ante todo, su madre. Pero otros testigos fueron igualmente decisivos en su conversión. Los filósofos Simpliciano y Mario Victorino, San Antonio Abad, San Ambrosio… eran prolongación de la mano de Dios.

No podemos aquí exponer toda la riqueza del testimonio de su conversión. Subrayamos algunos rasgos, que resultan de extraordinaria actualidad. El primero es el paso de “vivir fuera de mí”, enajenado (en el sentido genuino de la palabra), a vivir auténticamente, es decir, desde la verdad que hay dentro de uno mismo, en el corazón. El descubrimiento de la interioridad fue para él como hallar un océano de realismo, una mina de infinitas vetas de oro, un mundo de vacíos y anhelos olvidados. Descubrió allí el profundo deseo de Dios, cuando sentía el hambre de una Belleza, una Verdad y un Amor sin límites.

“¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y he aquí que estabas tú dentro de mí, y yo fuera, y fuera te buscaba yo y sobre esas hermosuras que tú creaste me arrojaba deforme. Estabas conmigo, pero yo no estaba contigo. Lejos de ti me tenían aquellas cosas, que si no estuvieran en ti, no tendrían ser. Clamaste y diste voces, y rompiste mi sordera; relampagueaste, resplandeciste y ahuyentaste mi ceguera; exhalaste fragancia, la respiré y anhelo por ti; gusté de ti y tengo hambre y tengo sed; me tocaste y me abrasé en deseo de tu paz” (Confesiones, X,27,38).

Otro rasgo de su proceso es la necesidad, sentida en primera persona a lo largo su camino de búsqueda para lograr la felicidad, de superar dos “tipos de hombres”, como dijo él mismo predicando en Cartago, el año 413: el materialista (representado por los epicúreos de su tiempo) y el espiritualista (como los estoicos). Unos defenderán el goce al máximo de todo lo que está a nuestro alcance en el mundo sensible; los otros sostendrán que sólo el cultivo del espíritu, el control y el equilibrio interior, podrán dar la paz. La alternativa cristiana, el hombre cristiano, será el que vive de la gracia, experimentada en la historia concreta y visible, aunque descubierta y disfrutada por el corazón sencillo del que se deja amar.

Todo ello es atravesado por una búsqueda apasionada dela Verdadyla Belleza; la del mundo, la del ser humano, la de Dios.

¿Es posible hoy esperar una experiencia semejante a la de San Agustín en nuestros amigos y conocidos incrédulos?

– ¿Es posible hoy la pasión por la verdad?

– ¿Es posible hoy superar la alienación y recuperar el “yo” verdadero con toda su profundidad?

– ¿Es posible hoy ir más allá de los materialismos y espiritualismos, para vivir humildemente suspendidos sólo del amor gratuito de Dios?

Él lamentaba haber amado a Dios tarde. Los tiempos de Dios no suelen ser los nuestros. Pero no le sabrá mal a Dios que le pidamos que apresure la manifestación de su luz a la mirada ciega de tantos, que hoy están lejos de conocer la verdadera felicidad.

 † Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.