Repesca de septiembre

Mons. Jesús Sanz     No hace tanto tiempo el mes de septiembre era también época de repesca para estudiantes con materias pendientes. Este domingo vemos una escena en la que se nos permite ver esa repesca casi otoñal para pescadores. Los discípulos estaban contentos en aquella comunidad que se iba forjando en torno a ese maestro excepcional. Pero de pronto, Jesús quiere hacer una especie de sondeo: “¿Quién dice la gente que soy Yo?”. Y entonces los discípulos fueron componiendo el mapa estadístico: Juan Bautista, Elías, uno de los profetas. Eran los comentarios adivinadores de lo que la gente pensaba de Jesús.

 Pero la estadística que más importaba a Jesús era lo que sus discípulos pensaban sobre Él. Entonces Pedro hará una memorable confesión: “Tú eres el Mesías”. Pero Jesús, acaso un tanto perplejo por una respuesta tan clara y tan justa, prohíbe divulgar esa verdad que Pedro acaba de pronunciar: no convenía que se supiese, por el momento, que Jesús era el Mesías, tal vez por las connotaciones políticas que tenía el mesianismo, y había que purificarlo de falsas expectativas, pues de lo contrario podían esperar del Mesías Jesús lo que Él no había venido a dar ni a ofrecer.

Por si acaso no hubieran comprendido, Jesús comenzó a instruir a sus discípulos para explicarles el alcance verdadero de su identidad mesiánica: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado, y resucitar al tercer día”. Fue como un jarro de agua helada ¿A qué viene esa salida de tono con condena, ejecuciones y una incompresible resurrección que ninguno entendía?

Pedro, tal vez animado por su reciente éxito, tuvo un tropiezo con su Maestro: increpando a Jesús quería salvar a su Salvador. Pero Jesús le responderá: “Apártate de mí, Satanás. Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Es un cambio de escena de un dramatismo tremendo. Pedro, que pasa a ser casi al mismo tiempo alguien en quien habla el Padre y alguien en quien grita Satanás, capaz de lo mejor y más bello… y de lo peor y más horrendo. En esa agridulce y claroscura posición nos encontramos todos, siendo tantas veces testigos de la luz y la verdad y, si cambian las tornas, negociantes de la tiniebla y de la mentira… al mejor postor.

 Jesús termina con una invitación sin ambages: su Verdad y misión, no nacen de sondeos de opinión, ni dependen de un momento mejor o peor de sus discípulos. La cuestión decisiva es poder responder quién es Jesús, en comunión con la Iglesia y todos los testigos santos. Para esta respuesta no valen lo que otros digan, ni una retórica teórica, sino la que se hace seguimiento, compañía del Señor en lo concreto de la vida a la que cada cual ha sido llamado. Para decir quién es Jesús para cada cual no valen las respuestas prestadas, supone tener la experiencia de un encuentro.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
 Arzobispo de Oviedo

Mons. Jesús Sanz
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Mons. Jesús Sanz Montes nació en Madrid el 18 de enero de 1955. Ingresa en el Seminario Conciliar de Toledo en 1975 donde realiza los estudios institucionales teológicos (1975-1981). En 1981 ingresa en la Orden Franciscana, haciendo su profesión solemne el 14 de septiembre de 1985 en Toledo. Es ordenado sacerdote el 20 de septiembre de 1986 en Alcorcón (Madrid). El 14 de diciembre de 2003 es ordenado obispo en la Catedral de Huesca. En la actualidad es Arzobispo de Oviedo y Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada de la Conferencia Episcopal Española.