Sor Genoveva, religiosa Hermanita de los Pobres: «Cuidamos a Cristo en los ancianos»

Encarni Llamas – diocesismalaga.es

«Si las jóvenes supieran lo felices que somos, no dudarían en elegir esta vida», con estas palabras se despide de nosotros Sor Genoveva cuando la visitamos para hacerle esta entrevista. Esta mujer, natural de Palma de Mallorca, forma parte de las Hermanitas de los Pobres desde hace 45 años, y los últimos cinco años los ha vivido en Málaga. Forma parte de una gran familia que vive de la providencia y que sabe que su prioridad es «hacer felices a los ancianos»

–¿Cómo se mantiene la residencia de las Hermanitas de los Pobres?

–Nos mantenemos sólo con lo que la providencia nos envía. Tenemos muchos bienhechores que aportan tiempo, dinero, alimentos… Los ancianos que tienen pensión ceden a la casa el 85%, con lo que pagamos al personal. Son más de 30 los empleados del hogar, para que estén lo mejor atendidos posible. Y las hermanitas hacemos todo lo que podemos. Somos 13, cinco con más de 80 años, que siguen aportando toda su fuerza y su experiencia. Y las hermanitas más jóvenes van pidiendo de puerta en puerta. Ni un día se han quedado nuestros ancianos sin un plato de comida.

–Cuidar a los niños es gratificante, cuidar a los ancianos puede que no lo parezca tanto, ¿cuál es su gratificación?

–A mí me encantan los niños, y dan muchas alegrías, es cierto. En los ancianos vemos al Señor, y una está feliz de cuidarlos y arreglarlos. Y los ancianos son muy agradecidos. A veces una está preocupada con problemas y se va a dar una vuelta a los más enfermos, y se le quitan las penas.

–Ante las dificultades, ¿de dónde saca las fuerzas?

–Del Señor, de la oración. Si no fuera por la oración, no sería posible nuestra vida. La fundadora, Juana Jugan, nos decía: «cuando estén sin fuerzas, agotadas, que no saben por dónde tirar, vayan a la capilla, cuéntenselo y váyanse tranquilas, Él tiene buena memoria».

–Una vida que puede parecer muy dura, ¿la cambiaría?

–Es una vida que me aporta una gran satisfacción, una gran paz y una gran alegría. Doy gracias a Dios por la salud, por lo buena que es la gente, por los muchos voluntarios que nos ayudan hasta en las tareas más diarias: planchar, servir las mesas, pasear a los ancianos, cambiar las sábanas… Juana Jugan nos decía que siempre teníamos que dar gracias a Dios, por poder acoger a tantos ancianos, por llevar la vida que llevamos. Vamos, ¡que no me cambiaría por nadie!

–¿Qué caracteriza a una residencia de las Hermanitas de los Pobres?

–Que tienen preferencia quienes tienen menos recursos económicos. Y que a todos nos une un espíritu de familia, desde nuestra anciana de 101 años hasta el último en llegar. Cuidamos a Cristo en los ancianos y nuestra misión es hacerlos felices.

–¿Cómo conoció usted a las Hermanitas de los Pobres?

–Las Hermanitas iban a pedir a mi pueblo, soy de Bunyola, en Palma de Mallorca. Al principio no me llamaban nada la atención, pero en el fondo sentía que el Señor me llamaba a consagrarme a su servicio. Una amiga me pidió que la acompañara a conocerlas. La residencia me impresionó mucho. Fíjate que a mí me encantaba cuidar a los niños, pero aquello me impresionó tanto, que sentí que Dios me llamaba no a cuidar a los niños, sino a los ancianos, que necesitaban mucho cariño y mucho amor. Hace 45 años que entré en la congregación y desde entonces he estado en Francia, Sevilla, Sanlúcar, Motril, Puerto de Santa María, Barcelona y ahora Málaga. Si volviera a nacer, volvería a ser Hermanita de los Pobres.

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