Nuestra Señora

Mons. Braulio Rodríguez     También septiembre dedica muchos días a celebrar a la Madre del Señor, sobre todo en la fiesta de la Natividad (pienso en Ntra. Sra. de Guadalupe y o del Prado y tantas otras) y de la Virgen de los Dolores (La Soledad). En realidad la Virgen está presente en nuestras comunidades con mucha frecuencia a lo largo del año. Nos faltaría algo muy importante sin ella en la Iglesia: nos faltaría la Madre, la mujer que nos recuerda en fidelidad a Dios y su Alianza, la intercesión, la ternura y la acogida de María, que, como parte de la Iglesia, es el seno y el lugar donde nos sentimos a gusto con Dios y, por supuesto, con su Hijo Jesucristo.

Muchos de vosotros tal vez hayáis estado recientemente en Fátima, Lourdes o cualquier otro santuario mariano. Un grupo de familias, con sus hijos, pequeños y no tan pequeños hemos estado, en efecto, en Fátima durante una semana en el VII Encuentro de Familia y Vida. Una experiencia gratificante, sin duda, pues nos ha permitido adentrarnos en temas importantes para la familia y hemos gozado de una convivencia entre padres e hijos, unidos por la fe cristiana. Hemos celebrado, además, en Fátima, un espacio para la oración y la cercanía de la Virgen, que nos ha hecho mejores.

Hemos aprendido a creer del modo sencillo de los pastorcillos de Fátima. Y hemos entendido lo que dijo aquí Benedicto XVI en mayo de 2010: que no hemos de envidiarlos porque ellos tuvieron revelaciones profundas de la Virgen. “Más aún, aquella luz presente en la interioridad de los pastorcillos, que proviene del futuro de Dios, es la misma que se ha manifestado en la plenitud de los tiempos y que ha venido para todos: el Hijo de Dios hecho hombre. Que Él tiene poder para inflamar los corazones más fríos y tristes, lo vemos en el pasaje de los discípulos de Emaús (cf. Lc. 24, 32) Por lo tanto, nuestra esperanza tiene un fundamento real, se basa en un acontecimiento que se sitúa en la historia a la vez que la supera: es Jesús de Nazaret”.

Esta es nuestra esperanza: Cristo. Él es el tesoro más grande de la Iglesia, que queremos anunciar con el Evangelio (Buena Noticia) con decisión en el curso pastoral que en breve empezará. Recuerden el día 22 de septiembre, Jornada de inicio del curso pastoral. Esta es la perspectiva de nuestra evangelización: la familia. Ella es la que mejor puede realizar en su seno de “Iglesia doméstica” la iniciación cristiana de sus hijos, con la gracia de Dios y la donación del Espíritu Santo. Queremos, sin duda, llegar a otros muchos ámbitos necesitados de Cristo, pero subrayamos el de la familia cristiana. No podemos olvidar en estas circunstancias a María, la Madre del Señor. En Guadalupe comenzaremos, pues, a los pies de la Virgen morenita el Año de la Fe el día 14 de octubre. Vele ella por nosotros, la Patrona de la Hispanidad; de su templo marcharon muchos a llevar la fe de Cristo, como gracia, don y riqueza para los pueblos. Que Ella nos guíe.

Necesitamos rezar a nuestro Dios, para que todos nuestros esfuerzos de evangelización lleguen a su meta. Hay que confiar en el Espíritu Santo que nos hará intrépidos y audaces en la evangelización y en poner nuestro esfuerzo en la Iniciación cristiana. La Virgen nos alcanzará, si se lo pedimos, la gracia de Cristo para ser comunidades atrayentes, que sorprendan a los jóvenes y a tantos cristianos fríos en la práctica de nuestra religión, para que sean “firmes en la fe”, como cantamos y anhelábamos en la JMJ Madrid 2011. Mucho le agrada al Señor la oración confiada. Yo os la pido, como garantía de un buen inicio de curso en nuestras parroquias, en nuestros grupos y movimientos apostólicos.

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.