La Virgen de septiembre

Mons. Gerardo Melgar Viciosa     Queridos diocesanos: 

Ayer, 8 de septiembre, celebrábamos la fiesta de la Natividad de la Virgen (en muchos lugares, en este día se celebra la Virgen de los Dolores). Es ésta una conmemoración mariana celebrada en muchos pueblos y comunidades cristianas, y que también es llamada la fiesta de la Virgen de septiembre

Si es cierto que el aprecio y la valoración de la fe ha decaído, por desgracia, en nuestros pueblos porque el laicismo -revestido de las más diversas máscaras: materialismo atroz, hedonismo a costa de lo que sea, el falso discurso de que sin Dios se es más libre, etc.- se ha ido infiltrando en nuestras raíces cristianas, antaño fuertemente arraigadas. Si, como digo, esto es cierto, no menos cierto es que la devoción a la Virgen, la presencia en nuestros pueblos de muchos santuarios marianos, la celebración de las diversas “Concordias”, etc. siguen siendo una realidad viva ante la cual seguimos siendo capaces de reaccionar y de vivir llenos de emoción y con profunda devoción. 

Todas las fiestas de la Virgen tienen en común algo muy importante: nos ponen en contacto con un modelo de creyente, con María, la Madre del Señor y Madre nuestra, y nos hacen una llamada a reavivar, renovar y fortalecer nuestra fe porque en ella encontramos siempre  un verdadero modelo de vida de fe. Es verdad que, por desgracia, tenemos que reconocer que la fe, tal vez, no es luz que brilla con resplandor vivo en la vida de muchos cristianos de hoy; es verdad que muchas personas que en otro tiempo creyeron, para quienes la fe fue importante, hoy la han dejado casi morir y necesitan volver a suscitarla, necesitan darle vida, resucitarla para que tenga el peso, el vigor y la fuerza que debe tener y así pueda seguir siendo una fe verdaderamente viva, vivida con gozo, alegremente testimoniada, anunciada sin complejos. 

No podemos olvidar que en el corazón de todas esas personas sigue latiendo un corazón de hijo que siente admiración, cariño y devoción por su Madre, la Virgen; que siente la llamada que ella hace a dar la vida; a que la fe sea verdadera luz para la vida; a caminar por la fe, a vivirla en profundidad y, desde ella, cambiar de rumbo. Todos sentimos que nuestra Madre Santísima nos pide que la fe sea algo más que un recuerdo hacia ella en una romería o en la fiesta del pueblo cada año pero sin continuidad el resto del tiempo; sentimos cómo María nos llama a que la fe sea realmente algo vivo todos los días del año, de todos los años, un estilo de vida que tratemos de encarnar y vivir en nuestras existencias. 

La verdadera devoción a la Virgen debe ser una devoción de imitación. En María encontramos el auténtico modelo de la verdadera creyente para quien Dios lo es todo; esa persona que plantea su vida y la vive desde los planes de Dios; alguien que es modelo de amor a Dios y a los hermanos; un mujer que acepta los planes de Dios anteponiéndolos a los suyos y que en todo momento estuvo al lado de su Hijo, respetando el plan de salvación trazado por Dios para salvar a los hombres aunque, en muchos momentos, le causara dolor y sufrimiento. 

Nuestras romerías y fiestas (muchas de las cuales se celebran en agosto aunque también en otros momentos) tienen que servirnos para despertar en nosotros la fe, tantas veces dormida; para valorar la fe que ha perdido vigor y valor para muchos; para reavivar la fe, la única que puede dar respuesta a nuestros interrogantes más profundos sobre nuestro origen y nuestro destino, y en la que podemos encontrar sentido a todo cuanto acontece en nuestro vivir diario. Es la misma fe tan extraordinariamente vivida por ella, por la Virgen Santísima, en todos los momentos de su vida; esa mujer que es nuestro modelo como persona y como creyente.

 + Gerardo Melgar Viciosa

Obispo de Osma-Soria

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.