Donantes de sangre voluntarios

Mons. Jaume Pujol     Un año más deseo llamar la atención en estas fechas sobre la conveniencia de donar sangre y por ello acudo personalmente a la llamada a ejercer esta solidaridad. No hay elemento más vital para un cuerpo que la sangre, pero es una sustancia que no se sintetiza, por lo que la transfusión es obligada cuando una persona la necesita, sea a causa de una operación o un accidente.

Los donantes voluntarios son los nuevos samaritanos de la parábola evangélica. No conocen ni tienen relación de parentesco con el beneficiado, pero saben de su necesidad y no pasan de largo. Se cuidan de que otros profesionales (en la parábola el posadero, aquí los médicos) puedan atender a aquella persona que nunca resulta del todo anónima, porque es un hermano nuestro, aunque nunca sabremos su nombre.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que haya 40 donantes por cada mil habitantes. Se necesitan pues muchos y para ser candidato basta con someterse a una sencilla prueba para descartar anemia u otros factores que no hacen idóneo al donante. La gran mayoría de personas están capacitadas para esta solidaridad entre cuerpos que es, sobre todo, solidaridad entre almas.

Con frecuencia hablamos del ejemplo que nos dio Jesucristo al entregar la vida por los demás. Muchos a lo largo de la historia, como innumerables mártires, han estado dispuestos al sacrificio. Decimos que vertieron su sangre. El próximo año, según fue anunciado hace unos meses, se celebrará la glorificación de centenares de cristianos, la mayoría sacerdotes y religiosos, que fueron inmolados por su fe y su decisión de entrega a las personas de su entorno.

Por fortuna en nuestro país (no así en otros) ha pasado este tiempo de persecución, del que fueron víctimas igualmente personas no creyentes en Dios, pero con unos ideales firmes que defendieron hasta el final.

Hoy no se nos pide “dar la sangre” en estos términos trágicos, sino como gesto de solidaridad con quienes puedan necesitarla en un momento determinado, que quizá algún día seremos nosotros mismos. Las persecuciones cesan, pero la caridad siempre permanece como una necesidad y supera la mera administración de la justicia.

En medio de la crisis económica y social es alentador que la solidaridad no entre también en crisis.  Dar sangre, que se guarda para la necesidad sobrevenida, es un modo muy humano, y diría que muy cristiano, de hacer un mundo mejor. Durante años hemos hablado del “estado de bienestar”, expresión que hoy suena a ironía. El bienestar de las personas depende de muchos factores, pero antes que de ninguno de encontrar la mano amiga en las circunstancias difíciles en las que uno puede encontrarse.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y Primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.