"¡Que todos tengan oficio de trabajo"!

Mons. Antonio Algora      Me he atrevido a alterar el orden de las Advertencias a los reyes que vengo comentando de San Juan de Ávila, pues él enumera antes que las limosnas a los pobres la recomendación de que «todos tengan oficio de trabajo» dice así en este párrafo: «El holgar es cosa muy usada en España, y el usar oficio muy desestimada; y muchos quieren más mantenerse de tener tablero de juego en su casa, o de cosa semejante, que de usar un oficio honesto. Porque dicen que por esto pierden el privilegio de la hidalguía y no por lo otro. Y yo no alcanzo la razón de esta ley. San Josef fue carpintero (c£ Mt 13, 55); y no estaría mal a quien no tiene de comer por vía licita aprender un oficio y usarlo en su casa, pues, por muy alto que sea, no será tanto como San Josef ni como Jesucristo nuestro Señor, que también ayudaba al oficio a su Ayo».

Evidentemente la estructura social del siglo XVI no es la de nuestro siglo XXI, pero me atrevo a sacar parecidos, pues se está consolidando una sociedad que llamamos dual, donde se pueden apreciar dos grupos sociales: los que tienen sueldo por su trabajo y los que no tienen ni sueldo ni trabajo. Algo así como los plebeyos que trabajaban en lo que saliera, si querían comer, y los hidalgos que vivían seguros en sus negocios y, por lo que dice el Maestro Ávila del juego de azar. ¿Qué diría ahora de la proliferación de loterías y de apuestas con el incremento que han tomado en nuestra época? Pero este es un tema que podremos abordar en otro momento.

España va volviendo de vacaciones y tanto los que estamos ocupados como los que están en el paro debemos acoger con simpatía y responsabilidad la advertencia de nuestro Santo: «El holgar es cosa muy usada en España, y el usar oficio muy desestimada». Seguro que los Medios de Comunicación se atreverán a hablar, aunque con la sordina de que, quien tiene trabajo se puede dar por satisfecho, hablarán digo, del síndrome posvacacional como si volver al trabajo fuera algo malo. Los cristianos debemos aportar a la sociedad ese amor al trabajo, a la búsqueda de la realización personal aun en los empleos más rutinarios, tediosos o forzados que podamos tener. Trabajar en lo que nos gusta es un gran privilegio, pero no debe ser determinante en nuestra vida pues el espíritu humano sabe “sacar de la necesidad virtud” y transformar en vocacional lo que es imperativo de las circunstancias cambiantes.

Sin embargo la advertencia de San Juan de Ávila tiene también un matiz importante para los que se sienten seguros, la hidalguía era garantía de subsistencia aunque llevada al extremo causó muchos males en la economía de nuestra Patria. En la actualidad, me ha llamado la atención sobremanera que elevada la cifra a cinco millones y medio de parados hace ya más de dos años sólo haya habido movilizaciones sociales cuando la crisis ha tocado a los que se sienten seguros en su trabajo. No hablo de posiciones personales, sino del fenómeno social que se ha dado y que no tiene discusión, pues se ha dado.

Ciertamente es un mal indicador social pues habla de una profunda insolidaridad en nuestra sociedad. Algo así como que “mientras no me toque a mi…” El trabajo que hemos hecho en nuestras comunidades parroquiales con el estudio de la Doctrina Social de la Iglesia nos debe llevar a una acción decidida para ver de cambiar esta tendencia social y a sentir como propia la tragedia de quien tiene que “holgar” a la fuerza pues se le niega el derecho al trabajo del que presume la Constitución Española. Además acción decidida para ver de cambiar la mentalidad de quien siente el trabajo como carga y no como fuente de realización personal. 

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad real

 

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.