Los dos próximos Doctores de la Iglesia: Santa Hildegarda de Bingen y San Juan de Ávila

Mons. Manuel Ureña     Después de Apóstol y de Evangelista, el título más exclusivo de la Iglesia Católica y de algunas confesiones cristianas es el de Doctor de la Iglesia. Dentro de la Communio y con carácter universal, este título ha sido dado hasta ahora sólo a 33 cristianos. Sin embargo, por decisión muy meditada del Santo Padre el Papa Benedicto XVI, el título en cuestión se extenderá también, a partir del ya cercano domingo 7 de octubre, a dos santos de alto relieve espiritual y evangelizador: a la monja alemana Hildegarda de Bingen (1098-1179), conocida en su época,  por sus bien probados dones de profecía, como la Sibila del Rhin, y al presbítero español Juan de Ávila, una de las grandes glorias espirituales y sapienciales de nuestro Siglo de Oro.

  1. 1.   Hildegarda de Bingen.

Nació Hildegarda en Bermesheim el año de 1098. Apenas entrada en los albores de la juventud, se decidió por la vida religiosa y se hizo monja benedictina en su pueblo natal, llegando después a abadesa de su monasterio en 1136.

Aunque vivió retirada del mundo, el haber sido agraciada por el don espiritual de la profecía le otorgó un renombre especial. Tanto es así, que personas muy señaladas de aquel tiempo, comenzando por varios pontífices – entre ellos el Beato Eugenio III, quien sometió sus escritos al dictamen de una comisión teológica -, estuvieron en relación con ella. En el mismo sentido hay que citar también al rey Enrique II de Inglaterra y al propio San Bernardo de Claraval.

Enriquecida con particularísimos dones sobrenaturales desde su más tierna infancia, Santa Hildegarda profundizó en los secretos de la teología, de la medicina, de la música y de otras artes, y escribió abundantemente sobre ellas, poniendo de manifiesto la unión entre el don de la Redención y el ser del hombre, un ser contingente y herido por el pecado, pero abierto constitutivamente a Dios y capaz de Dios por la gracia.

Hacia el año 1150 trasladó su convento a Rupertsberg y desde allí dio cuenta a la Iglesia de sus experiencias místicas y de las revelaciones que recibía del Señor. Dictaba sus experiencias interiores a unos monjes, quienes traducían éstas al latín. Su escrito más largo es el titulado Scivias, lleno de alegorías y de símbolos apocalípticos. Escribió también unos comentarios a los evangelios y una exposición de la Regla de San Benito.

El 10 de mayo del presente año fue canonizada por el Papa, extendiéndose así su culto litúrgico a la Iglesia universal.

  1. 2.   El Maestro Ávila.

Nacido en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) en 1499, muere con gran fama de santidad el 10 de mayo de 1569 en su humilde casa de Montilla (Córdoba).

Tras haber estudiado Leyes en Salamanca y Artes y Teología en la Universidad de Alcalá, recibe en 1526 la ordenación sacerdotal y celebra en Almodóvar, su pueblo natal, la primera misa solemne. Llama poderosamente la atención que, para festejar tan gran acontecimiento, invitara a comer, aquel día, a doce pobres, vendiera sus cuantiosos bienes, procedentes de unas minas de plata heredadas, y los distribuyese entre los necesitados.

Avisado por el Señor de que el lugar en donde habría de ejercer su ministerio era España y sobre todo Andalucía, Juan de Ávila puso manos a la obra.

Él supo aunar en magnífica concordia la más sólida y exquisita preparación académica con la más auténtica llaneza y con la más grave sencillez. Él propuso un camino de santidad a todo género de personas tanto en el recogimiento de las iglesias y de los conventos como en el bullicio de las calles, los mercados o las plazas. Él acertó a poner adecuadas palabras a la única Palabra que invariablemente transmitía en su enseñanza y que era Cristo, encarnado, muerto y resucitado por todos. Él convirtió en oración y en vida su consejo y su predicación. Por último, fue maestro de santos, instrumento de sonadas conversiones, orientador de conciencias y guía seguro para todo el pueblo de Dios.

Cristo crucificado fue siempre su mejor libro. Él decía que Dios le había alquilado para dos cosas: para hacer llegar a los hombres al conocimiento de sí mismos, con el fin de que se despreciasen, y para hacer llegar a éstos al conocimiento de Cristo, con el fin de que pudieran apreciar los tesoros de sabiduría y de amor que se encerraban en aquel pecho divino.

Beatificado por el Papa León XIII el 15 de mayo de 1894, el 2 de julio de 1946 el Papa Pio XII lo declara Patrono del Clero secular español, y, el 31 de mayo de 1970, es canonizado por el Papa Pablo VI.

Sin duda constituye una gran maravilla que Su Santidad el Papa Benedicto XVI proclame doctores de la Iglesia Universal a Santa Hildegarda de Bingen y a San Juan de Ávila en el inicio mismo de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, cuyo tema es esta vez “La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana”.

Vivamos la Nueva Evangelización bajo la especial intercesión de Santa Hildegarda y de San Juan, grandes evangelizadores desde su fe recia, incomovible, desde su amor ardiente a Dios Nuestro Señor y desde su celo apostólico por la salvación de los hombres.

† Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia. Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe. Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986). Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.