Regla de buen gobierno

Mons. Antonio Algora
Mucho han evolucionado las cosas de la vida pública en nuestra sociedad desde que escribiera San Juan de Ávila este párrafo en sus Advertencias necesarias para los reyes, pero si las traigo aquí no es sólo para mayor conocimiento del pensamiento de nuestro Santo Doctor, sino por las bases de Doctrina Social de la Iglesia que él tenía en cuenta ya en el Siglo XVI. Dice así: «La Escriptura divina dice: Misericordia et veritas custodiunt regna (Prov 20, 28), (la traducción de la Biblia Oficial dice: Bondad y lealtad sostienen al rey) y por esto conviene que el rey sea muy aficionado a limosna de pobres. Porque, como San Ambrosio dice, los ciegos y los cojos, los flacos y los viejos, son más fuertes que los fuertes hombres de guerra, y por esto se ha de juntar ejército de éstos, pues no será tan costoso como el de los sanos y será más provechoso. Y, porque los bienes decimales tienen por cosa aneja el remedio de los pobres, sería cosa muy conveniente que S. M., en la parte donde los lleva, mandase dar de ellos alguna limosna; y sería incitar a muchos comendadores que, llevando mucha renta de sus encomiendas, dan muy poca limosna, y otros ninguna».
No es necesario advertir que cuando San Juan de Ávila dice “el rey”, se está refiriendo a lo que hoy llamamos el Estado. Teniendo esto claro, cuando ahora decimos los pobres son responsabilidad de la sociedad que los engendra, no estamos diciendo nada nuevo, «porque los bienes decimales (los que provienen del diezmo, como impuesto que era) tienen por cosa aneja el remedio de los pobres». Es decir que en el presupuesto del Estado, englobando en la palabra Estado todas las administraciones públicas que alimentan sus ingresos de los impuestos que pagamos los ciudadanos, se debe tener en cuenta las necesidades de los empobrecidos.
Sobre la buena voluntad que pide San Juan de Ávila a la autoridad, ahora nuestras leyes aseguran esa atención a los pobres y mandan tener en cuenta sus necesidades para que se abran aquellas partidas presupuestarias que puedan resolver los problemas. Ciertamente, en una sociedad plural hemos perdido el sentido de “la limosna”, que no era nada peyorativo sino que significaba la máxima exigencia, pues tenía el sentido de la ofrenda al mismo Dios, ante el cual nadie se puede escapar ni esconder.
Con todo ello y siguiendo el pensamiento de nuestro próximo Doctor de la Iglesia, que nació en Almodóvar del Campo, me atrevo a decir que todos debemos pedir, y ver con buenos ojos, que nuestros gobernantes de las distintas instancias municipales, provinciales, autonómicas y del Gobierno Central, en estos tiempos de recortes y carestías… que no se olviden de los empobrecidos, pues han sido engendrados por esta sociedad que todos formamos.
A la vez personalmente y como comunidad eclesial, sea a través de las Cáritas parroquiales y diocesana y con nuestra participación personal, hemos de seguir ofreciendo nuestra colaboración, pues es exigencia de nuestra fe (la limosna como ofrenda a Dios se puede dar en dinero o con nuestro tiempo y trabajo) y, porque el cristiano si en algo se tiene que destacar ante los demás, es arrimando el hombro para sacar el carro del atolladero y llevar adelante el proyecto común de nuestra Patria, de Europa y del mismo mundo, dada la dimensión global que hemos alcanzado en las sociedades modernas. Los particulares somos subsidiarios del Estado, y si este no llega, las necesidades de los empobrecidos nos siguen reclamando atención y caridad. Pero advirtiendo que el Estado tiene que responder primero.

Vuestro obispo,

+ Antonio

Mons. Antonio Algora
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D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid. El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe. Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid. El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid. El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año. Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.