De la Casa Blanca a su casa

Mons. Francisco Gil Hellín, Arzobispo de Burgos

¿No es un contrasentido, que una mujer, que ha deseado apasionadamente ocupar un cargo relevante en política, deje ese cargo para dedicarse al cuidado de sus hijos y de su casa? Así pensó Anne-Marie Slaughter, profesora de relaciones internacionales en la universidad de Princeton y mujer de convicciones feministas. Ella siempre había deseado trabajar en política exterior y había tomado la decisión de permanecer en ese puesto, si un día lo lograba.
Ese día llegó a principios de 2009, cuando fue nombrada directora de planificación de políticas exteriores en la Administración de Obama. Era la primera mujer que llegaba a ese cargo en el Departamento de Estado. Sin embargo, al cabo de dos años dimitió y volvió a la universidad de Princeton. ¿Razón? Ella misma lo ha dicho con toda sencillez: “Hacía más falta en mi casa que en la Casa Blanca”.
En un artículo que publicó en una famosa revista americana y que en pocos días tuvo más de setecientas mil lecturas en su versión digital, lo explicaba en estos términos: “Yo era una mujer que respondía con una sonrisa de condescendiente superioridad cuando otro me decía que había dejado el trabajo por un tiempo o que había elegido un itinerario profesional menos competitivo para dedicar más tiempo a la familia”. El trabajo en la Administración Obama le hizo ver las cosas de distinta manera, con el consiguiente derrumbamiento ideológico: “Las creencias feministas en que había basado toda mi carrera se tambalearon”.
En ese momento vio que no se puede tener todo en muchos puestos, incluidos los de la alta Administración y la Política. Ni siquiera cuando el marido está dispuesto a recortar su trabajo fuera de casa para estar con los hijos. Antes había pensado de otra manera. Ahora había llegado “por experiencia” a la convicción de que es erróneo pensar que “una mujer se quedará tan tranquila estando lejos de los hijos si el marido está en casa con ellos”. Y esto no por estereotipos sexuales sino por un “imperativo materno sentido hondamente”.
Slaughter sigue siendo una luchadora y desea muy de veras que se produzcan cambios importantes en la sociedad y, más en concreto, en el trabajo. Entre otros, que los horarios escolares estén coordinados con los trabajos laborales, que se abandone la obsesión por tener jornadas laborales interminables, que se hagan menos horas en la oficina y más en casa. Pero hacen falta cambios mucho más profundos. Slaughter lo razona muy bien: “Quienes en este momento ponen la carrera en primer lugar son recompensados; en cambio, los que optan por la familia no son tenidos en cuenta, no se les da confianza o se les acusa de falta de profesionalidad”; olvidando –sigue razonando- que una persona que se esfuerza por atender bien a su familia, con todo lo que esto supone hoy día, es probablemente un trabajador más capaz y eficiente, pues sus cualidades de madre o de padre tienen, de rechazo, un valor profesional.
Según esto, Slaughter llega a la siguiente conclusión: “La sociedad debe cambiar, llegando a valorar las decisiones de poner la familia por delante del trabajo. Si de verdad valoráramos esas decisiones, valoraríamos a las personas que las toman; si valorásemos a las personas que las toman, haríamos todo lo posible por contratarlas y retenerlas; si hiciéramos todo lo posible por permitirles compaginar trabajo y familia, las decisiones serían mucho más fáciles”.
Ahora que recomienza el trabajo habitual después del periodo veraniego, quizás no esté demás reflexionar sobre la familia, el trabajo y las responsabilidades sociales y laborales de la mujer con ánimo integrarlas sin renunciar a la debida jerarquía. La presencia de la mujer en la organización laboral y social, debería facilitar el camino para integrar el trabajo fuera de casa y la atención a la familia.

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975. CARGOS PASTORALES Ejerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996. Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997). Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002. Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces. El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.