"¿También vosotros queréis marcharos?"

Mons. Gerardo Melgar

Queridos diocesanos:

En el Evangelio de este Domingo, Jesús nos da una preciosa enseñanza sobre algo que les ha sucedido a tantos seguidores suyos a través de la historia. El Maestro se encuentra con unos discípulos que han comenzado a seguirle; Él ha ido instruyéndoles con su enseñanza pero llega el momento en el que les habla claramente de las exigencias que conlleva su seguimiento; es entonces cuando se produce la reacción de esos seguidores, muy frecuente hoy también: “este modo de hablar es inaceptable ¿quién puede hacerle caso?” (Jn 6, 60) afirman. Sus enseñanzas les parecen demasiado exigentes a la vez que raras, y su claridad les asusta; por eso, optan por ir por otro camino más fácil, menos exigente, “más normal”, y muchos de sus discípulos se echan atrás y no vuelven con Él.

Contemplando la escena evangélica, bien podríamos decir que hoy la situación se repite al pié de la letra. En efecto, muchos de los hombres y mujeres de nuestro tiempo son hombres y mujeres que -en un momento determinado- fueron seguidores y discípulos de Jesús, creyeron en Él y quisieron ser consecuentes con lo que el Señor les pedía; otros son personas que -en otro tiempo- creyeron porque habían nacido en una familia cristiana, sus padres les habían enseñado con su palabra y ejemplo a valorar la fe y a vivir como ella pedía, y trataron de ser fieles. Sin embargo, llegado el momento decisivo, las luces deslumbrantes de un mundo que va por otros caminos; que quiere desechar a Dios (porque “estorba para que el ser humano sea libre”); que vive desde el placer a costa de lo que sea; que prima la ambición y el materialismo; que busca sólo más dinero, más comodidad… esas luces han logrado apagar la necesidad de Dios, virar el rumbo de la vida y silenciar la voz de Dios.

Muchos creyentes (débiles en su vida interior) han ido dejándose ganar terreno por los valores que nada tienen que ver con Dios y su estilo de vida, y han dejado de valorar el verdadero significado de la fe; de este modo, hoy se muestran totalmente indiferentes a los valores evangélicos, a la vida según Dios.

Todo esto está provocando que -muchos que en otro tiempo creyeron- hoy no crean ni se planteen vivir la vida desde la fe; han seguido la estela de los discípulos del Evangelio que hoy nos presenta la Iglesia: ante las exigencias de la vida en Dios, ante un Jesús que dice las cosas claras, consideran la fe como algo trasnochado, como un fardo pesado, como camino de infelicidad; de este modo, “dan media vuelta” y se alejan totalmente de Jesús, olvidándose de su mensaje salvador.

La Liturgia de este Domingo nos ofrece un buen espacio para que nos hagamos algunas preguntas: ¿dónde estamos situados nosotros, queridos diocesanos, en este momento con respecto al Señor y respecto a nuestra fe? También hoy el Señor nos dirige su pregunta como entonces a sus apóstoles: “¿También vosotros queréis marcharos?” (Jn 6, 67) ¿Qué podemos responderle al Señor? ¿Que no queremos marcharnos porque ya estamos lejos y hace tiempo que ni su persona ni su vida nos interesan? ¿Que necesitamos su ayuda y su gracia para permanecer fieles pero que tenemos muchas dificultades? ¿Que estamos con Él y no queremos alejarnos de Él porque solo Él tiene palabras de Vida eterna?

Pidamos al Señor que nos dé una fe auténtica, comprometida y misionera. Digámosle con Pedro: “¿Adónde vamos ir? Tú sólo tienes palabras de Vida eterna” (Jn 6, 68).

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.