Gaudium et spes: El documento más característico del Concilio Vaticano II

Mons. Jaume Pujol     El 7 de diciembre de 1965, la víspera de la clausura del Concilio Vaticano II, fue aprobada su Constitución más característica, la que mejor expresa su espíritu genuino: la “Gaudium et Spes”, por la cual la Iglesia se solidariza con las alegrías y esperanzas (de ahí el título) y también con los dolores y las preocupaciones del hombre moderno.

Que no se aprobara hasta el final mismo del Concilio da idea de que no fue fácil elaborar un texto que expresara de modo adecuado, como al fin se consiguió, la relación entre la Iglesia y el mundo.

El Papa Juan XXIII fue el impulsor de este documento que encargó, en un primer borrador, a los cardenales Montini y Suenens. En el segundo esquema que se hizo intervinieron Rahner y Congar, dos de los teólogos peritos conciliares. Y a lo largo de su redacción y debates tomaron la pluma o la palabra Henry de Lubac, Jean Daniélou, y dos personalidades que llegarían a ser Papas: Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger.

De Lubac comentaba: “He oído durante el Concilio a obispos de gran valor, pero con monseñor Wojtyla advertía uno que las cosas quedaban situadas en un nivel excepcional”.  En cuando al cardenal Ratzinger, él mismo narra en su autobiografía la emoción que sintió cuando, como ayudante del cardenal Frings, recibió el nombramiento de perito oficial del Concilio.

Me he detenido en la importancia de la participación de los teólogos, extensiva a otros debates conciliares, porque puede ayudar a entender que la Gaudium et Spes encontrara términos nuevos y felices para expresar su voluntad de cooperación con toda la humanidad, como “el signo de los tiempos” o fórmulas ya clásicas hoy como aquella de “el misterio del hombre sólo se esclarece verdaderamente en el misterio del Verbo encarnado”.

La mejor aportación de la Gaudium et Spes fue contribuir a esclarecer el porqué de la vida del hombre y su destino. Cada persona tiene una radical dignidad, cualquiera que sea su pensamiento y su religión, como creado por Dios a su imagen y semejanza y llamado a ser salvado por Jesucristo.

Con la doctrina de siempre se encontró una expresión más feliz y adecuada al Evangelio: el mundo ya no puede ser considerado sinónimo de pecado, como hacían algunos escritores antiguos, sino como patria común del género humano. Y la Iglesia no rechaza, sino que bendice el progreso humano, técnico y científico, siempre que esté al servicio verdadero de la humanidad.

Y para evitar cualquier malentendido, aclara: “La Iglesia no tiene ninguna ambición terrenal, sólo desea una cosa: continuar, bajo la guía del Espíritu Paráclito, la obra misma de Cristo, que vino al mundo para dar testimonio de la verdad, a salvar y no a condenar, a servir y no a ser servido”.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y Primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.