Concilio Vaticano II: La palabra de Dios

Mons. Jaume Pujol     La constitución dogmática “Dei Verbum”, sobre la divina Revelación, enfatizó la importancia de que en la Iglesia estuviéramos a la escucha de la palabra de Dios, ya que es a través de ella como Dios mismo se nos revela.

Por el conocimiento natural la humanidad podía llegar a la convicción de la existencia de un Dios creador y omnipotente, y por las enseñanzas de la Biblia podíamos conocerle mejor, por ejemplo su Alianza con el pueblo escogido; pero por la palabra de Jesucristo sabemos mucho más y con certeza mayor: conocemos que Dios es amor.

La “Dei Verbum” es un documento que  no tuvo una redacción fácil; por el contrario, el primer borrador fue desestimado por los padres conciliares y fueron necesarias hasta cuatro redacciones para su aprobación, que, eso sí, fue casi unánime: 2.344 votos a favor y seis en contra.

¿Qué es lo que hacía necesaria tanta precisión en las palabras? Era preciso conjugar de modo satisfactorio las dos fuentes de la revelación, la Escritura y la Tradición, que no todos los cristianos valoran igualmente y que, en determinadas épocas, tuvieron un peso desigual. Ambas fuentes son necesarias y se complementan. La tradición es la que, en la época patrística, fijó el canon de libros inspirados por el Espíritu Santo, y la Sagrada Escritura ha sido el tesoro del que se ha nutrido la fe. 

El Concilio recomendó una lectura atenta de la Biblia, del Antiguo y del Nuevo Testamento, que se interrelacionan uno con otro, sin que quepa menospreciar el primero, al que hay que dar la importancia que le da el judaísmo, pero viendo al Nuevo como continuación histórica y culminación interpretativa de toda la palabra de Dios.

Pero la transmisión de la Palabra no sólo se asienta en la Escritura y la Tradición, sino que hay un tercer factor a tener en cuenta: el Magisterio de la Iglesia, que confirma o rechaza interpretaciones que se han dado de la Biblia o de las enseñanzas cristianas en general. La utilización de diversos géneros literarios, igual que las costumbres y usos de la época en que fueron redactados los escritos, pueden provocar a veces diferencias interpretativas que han de ser resueltas teniendo en cuenta el conjunto de la Escritura y las consideraciones sobre estos textos que ha hecho la Iglesia durante siglos.

Los teólogos tienen una gran misión de estudiar la Revelación en el sentido de interpretar, de modo a veces nuevo, pero siempre fiel a las enseñanzas del Magisterio, las enseñanzas que contienen los libros sagrados y la voluntad de Cristo sobre su Iglesia. La aceptación del Magisterio como última palabra no es coacción a la libertad investigadora, sino garantía de que la interpretación no se aparta de la verdad revelada.

La “Dei Verbum” declara, en este sentido, que “la función de interpretar auténticamente la palabra de Dios, escrita o transmitida, ha sido confiada únicamente al magisterio vivo de la Iglesia”, entendiendo naturalmente que “este magisterio no está por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio”. Esto requiere a veces humildad, por parte de los estudiosos.

La voluntad del Concilio Vaticano II fue que todo el pueblo de Dios, no sólo los científicos, se familiarizara con la Palabra de Dios, que adquirió más relevancia en la Santa Misa. En este aspecto, el Concilio animó a las familias a la lectura frecuente de la Biblia en sus hogares.

† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona i Primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.