El mensaje del Tabor

Mons. Lluís Martínez Sistach

El 6 de agosto celebramos una fiesta de Jesucristo: su Transfiguración en la cima del monte Tabor. Así lo afirma una tradición muy antigua, que se remonta al siglo III, aunque los Evangelios no dan ninguna indicación topográfica precisa y sólo indican que el hecho tuvo lugar en una “montaña alta”. Parece, por tanto, muy creíble la tradición que sitúa el hecho en la montaña del Tabor, a unos nueve kilómetros de Nazaret.
Este acontecimiento del Tabor tiene lugar en medio de la vida pública de Jesús, cuando después de los primeros tiempos en que la multitud le seguía y le escuchaba, empieza a anunciar que su camino de fidelidad a Dios Padre le conducirá a morir en una cruz. Cada año leemos el suceso en la lectura evangélica de la misa del segundo domingo de Cuaresma, como preparación a la Pascua de Jesucristo, y también lo celebramos en una fiesta de fecha fija, en pleno verano, precisamente el día 6 de agosto.
Jesús sube a la cima de una montaña con sus tres discípulos más íntimos y, en un ambiente de fe y de oración, se transfigura delante de ellos, mientras habla con Moisés y con Elías de su muerte cercana en Jerusalén, esto es, con dos personalidades que personifican toda la Ley y los Profetas.
Los discípulos quedan envueltos por el esplendor de la Transfiguración y tienen ganas de quedarse allí arriba. Pero Jesús les explica que aquello es como una pregustación, como un anticipo de lo que será el final de su camino. Quiere que entiendan que su camino conduce a la muerte, pero que esa muerte abrirá las puertas a la vida plena y luminosa de la Resurrección.
Éste es también el mensaje que esta fiesta del Señor nos aporta a todos nosotros. Lo diré con las palabras de un gran maestro espiritual, el beato Columba Marmión, primer prior de la abadía benedictina de Mont-Cèsar, cerca de Lovaina, y después abad de Maredsous, donde murió en el año 1923, dejando el recuerdo de su vida ejemplar de monje y de un profundo magisterio, manifestado en unas obras que han llegado a ser clásicas, sobre todo las tituladas Cristo, vida del alma, Cristo, ideal del monje y Cristo en sus misterios.
Pues bien, en esta última obra, comentando el hecho del Tabor, afirma que “Jesucristo quiso fortalecer la fe de sus discípulos por medio de su Transfiguración”. Explica que “Nuestro Señor preveía que sus apóstoles no podrían soportar sus humillaciones, que su cruz sería para ellos una ocasión de escándalo y de caída; por eso les quiso prevenir contra el escándalo de la cruz y de su humillación”.
“Por el hecho de la Transfiguración –añade el abad Marmión- los apóstoles escogidos pueden comprender que Jesús es verdaderamente Dios, que la Ley y los Profetas dan testimonio de que Jesús es el Mesías anunciado, el Enviado de Dios, aquel que había de venir.”
“Todo el hecho de la Transfiguración –concluye dom Columba- está orientado a consolidar la fe de los apóstoles en aquel a quien Pedro reconoció como Cristo, el Hijo del Dios vivo.” Éste es también para nosotros el mensaje de la fiesta de la Transfiguración.

+ Lluís Martínez Sistach
Cardenal arzobispo de Barcelona

Mons. Lluís Martínez Sistach
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El Cardenal Martínez Sistach nace en Barcelona el 29 del abril de 1937. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Mayor de Barcelona entre los años 1954 y 1961. Fue ordenado sacerdote el 17 de septiembre de 1961 en Cornellá de Llobregat. Entre 1962 y 1967 cursó estudios jurídicos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, doctorándose en Derecho Canónico y Civil. Terminados sus estudios jurídicos en Roma, fue nombrado Notario del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, cargó que ocupo desde 1967 a 1972. Desde ese mismo año y hasta 1979, fue Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de Barcelona, y de 1975 a 1987, Profesor de Derecho Canónico de la Facultad de Teología de Cataluña, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona y en el Instituto de los PP. Salesianos de Barcelona. De 1979 y 1987 fue Vicario General de la archidiócesis de Barcelona. En 1983 fue elegido Presidente de la Asociación Española de Canonistas. CARGOS PASTORALES Fue nombrado Obispo auxiliar de Barcelona el 6 de noviembre de 1987. Recibió la ordenación episcopal el 27 de diciembre de ese mismo año. Fue nombrado Obispo de Tortosa el 17 de mayo de 1991. El 20 de febrero de 1997 fue promovido a Arzobispo Metropolitano de Tarragona y el 15 de junio de 2004 a Arzobispo Metropolitano de Barcelona. El 6 de noviembre de 2015 el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Barcelona, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 26 de diciembre del mismo año. Es Gran Canciller de la Facultad de Teología de Catalunya y de la Facultad de Filosofía de Catalunya, y Presidente de la Fundación “Escola Cristiana de Catalunya”. Creado Cardenal en el Consistorio de noviembre de 2007. En la Curia Romana es miembro, desde mayo de 2008, del Pontificio Consejo para los Laicos, del que ya era consultor desde 1996; del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos de la Iglesia, desde 2002, y desde julio de 2006, es también miembro del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica, cargo para el que fue ratificado en mayo de 2008. Desde junio de 2010 es miembro de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede. El 9 de abril de 2013 la Generalitat de Cataluña le otorgó la Medalla de Oro. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos, de la que ya fue miembro desde 1987 al 2005 y Presidente de 1990 al 2002. Formó parte del Comité Ejecutivo de 2005 al 2011, año que fue elegido Presidente de la Comisión de Liturgia para el trienio 2011-2014. Desde este último y hasta diciembre de 2015, era miembro de la Comisión Permanente.