"Venid a descansar un poco"

Mons. Juan José Omella     Las frases y palabras de los evangelios son siempre una ocasión para reflexionar. Ahí va una de ellas muy apropiada para el tiempo de vacaciones: “Venid vosotros aparte a un lugar tranquilo a descansar un poco” . ¿Por qué? Era tanta la gente que iba y venía que no tenían tiempo ni para comer.

El Señor, en los tres años de su actividad pública, marcó un ritmo de trabajo y de esfuerzo llenos de intensidad. La predicación y la realización de signos y milagros eran continuadas. Del contexto de los evangelios se deduce que el Señor trabajaba sin prisa pero sin pausa, y eso fue lo que los apóstoles y discípulos percibieron en él. Por otra parte, el seguimiento de Jesucristo llevaba consigo un añadido – la emoción de estar con Él – que también comportaba un gran desgaste físico y mental. 

La gente, por otra parte, era insaciable a la hora de escuchar y de beneficiarse de los milagros de Jesús, de aquellos signos que Él realizó para demostrarles de forma viva y plástica que cuando afirmaba su condición divina de Mesías, decía la verdad. Y Jesús se entregó a su misión hasta el agotamiento. Los evangelistas nos apuntan cómo Jesús llegó a dormirse en momentos tan extraños como en el fragor de una tormenta en el lago. A veces, la multitud quería estar tan cerca de Él que físicamente le oprimía, le atosigaba. Y todo hasta el punto que no hallaba momento ni para comer. Cansancio, pues, agotamiento y entrega.

Los discípulos, con sus debilidades y egoísmos, intentaron ayudar al Maestro en lo que ellos buenamente podían, sobre todo en algunos milagros espectaculares como la multiplicación de los panes y de los peces. Participaban de todos sus avatares y, lógicamente, también se fatigaban.
De ahí el mandato cariñoso del Señor: “Venid aparte a descansar un poco conmigo”.

Para mayor abundamiento, y aunque sólo sea de pasada, también quiero traer a nuestra reflexión, las palabras del libro del Génesis sobre la Creación, y que terminan así: “Y habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó”. En esta afirmación ha querido ver la Iglesia la necesidad de un día semanal para el descanso, para la atención de la familia y de los necesitados y, de manera especial, para la dedicación de un tiempo al culto divino.

Está claro que hemos de descansar. Todos sin excepción necesitamos un tiempo para el reposo que nos alivie. Incluso aquellos que desgraciadamente no tienen trabajo, que por eso mismo se ven especialmente agobiados y atribulados. Y hoy son muchos.

Jesús habla de “descansar un poco”, que quiere decir que lo natural en el ser humano es trabajar, sacar adelante las obligaciones profesionales, familiares y sociales. Y viene bien recordar que el trabajo no es consecuencia del pecado, sí lo es el esfuerzo y la contrariedad que tantas veces conlleva.

Llegados ya a los meses estivales, en los que la mayor parte de nuestras gentes aprovecharán para unas merecidas vacaciones, es bueno recordar algunos detalles – muy sabidos por ser de sentido común y de sentido cristiano – que nos ayudarán a pasar unos días felices y relajantes.

Descansar no es no hacer nada. Esto equivaldría a agotarnos más si cabe. Cambiemos de ocupación y dediquemos la jornada a lo que habitualmente no llegamos, al menos como sería nuestro deseo. Tiempo para la familia, para los hijos, para los amigos, para los vecinos, para los enfermos. Tiempo para una buena lectura, para un buen paseo, para una buena audición musical, y tiempo, no puede ser de otra manera, para la oración recogida y pausada.
Y termino con una pequeña batería de preguntas que os pueden servir a modo de orientación. ¿Planeo las vacaciones con mi mujer, mi marido, y con los hijos? El lugar elegido, ¿responde a mis necesidades o simplemente me dejo llevar por la moda? De la experiencia de años pasados, ¿programamos las vacaciones de forma que llenemos su tiempo de cosas útiles y divertidas? Del mismo modo que intento hacer el bien los once meses del año, ¿aprovecho el mes de vacaciones para hacer más agradable la vida de los que me rodean? ¿Tengo un modo de ser en el trabajo y otro muy distinto en el descanso, en casa o fuera de casa? ¿Soy consecuente, siempre y en todo lugar, con mi condición de hijo de Dios? ¿Soy solidario en el invierno y egoísta en el verano? ¿Cabe rezar en el monte y en la playa?
Os deseo a todos un buen descanso.

Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella 
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.