Fiestas mayores, ferias, fiestas…y demás

Mons. Francesc Pardo i Artigas    El nuestro es un pueblo con una gran tradición en lo que se refiere a fiestas populares —ya sean fiestas mayores, ferias o verbenas…— que debemos valorar, agradecer y preservar. 

La mayoría de nuestras fiestas tienen un origen cristiano. Coinciden con la festividad de santos o santas patrones, con votos populares u otras celebraciones. Normalmente, en los programas de las fiestas y ferias consta la celebración dela Misasolemne, la plegaria de los difuntos y, en algunos lugares, procesión, si se considera oportuna y responde a la tradición. Tampoco faltan audiciones de sardanas, conciertos, bailes, folklore popular, actividades infantiles, competiciones deportivas, espectáculos… Todo ello depende de cada localidad, de cada villa o ciudad. 

Desde hace algunos años, en ciertos lugares, se han añadido las “fiestas nocturnas”. Se trata de convertir la noche en tiempo de diversión y de consumición, pensando especialmente en los jóvenes y adolescentes. Estas “fiestas nocturnas” proponen el ejercicio de la libertad sin limitación alguna. Ciertamente la música adecuada a los gustos juveniles tiene un papel destacado, pero también es verdad que durante la noche “todo vale”, desde la conversación amistosa a conocer nuevas gentes, y también otros hechos y experiencias. 

Sin entrar en detalles, podemos referirnos al consumo de alcohol, de drogas tradicionales o sintéticas, de experiencias sexuales puntuales, de la búsqueda de nuevas sensaciones… sin límite alguno. 

También se constata que, con frecuencia, las autoridades no saben qué hacer, puesto que tampoco quieren enfrentarse a ciertos colectivos jóvenes, y piensan que “un día es un día” y que ya vigilarán para evitar cualquier alteración del orden. 

Los organizadores velan por su negocio, para conseguir la correspondiente rentabilidad. 

La mayoría de los padres no tienen claro que sus hijos participen en estas “fiestas nocturnas”, pero han de ceder para no ser distintos a otros padres y parecer unos “dictadores”. Prefieren esperar y sufrir confiando en que no pase nada malo. 

Los educadores, por tratarse de actos que no se desarrollan fueran del horario escolar, difícilmente pueden decir nada al respecto. Algunos formulan advertencias… 

Los sacerdotes —que, con frecuencia, conocen de forma confidencial lo que sucede— también lo tienen difícil para tratar el tema. En primer lugar porque quieren ayudar a los jóvenes y no condenarles, y también por el temor a que si intervienen puedan ser calificados de retrógrados o anticuados y de actuar en contra de la juventud. 

La cuestión está en lo que hay que hacer, sugerir o plantearse, porque ciertamente se vive una gran contradicción entre la promoción de unos valores de realización personal y tales prácticas. No estamos considerando un tema del ámbito privado —que también se debería valorar—, sino del ámbito público, de fiestas populares. 

Ciertamente los jóvenes tienen derecho a divertirse según sus preferencias musicales, pero el problema radica en “los añadidos”. 

También es cierto que existe una normativa para tales actos, y sobre la venta y consumo de según que productos, pero exigir su aplicación no será suficiente. Debemos ser capaces de dialogar y razonar con los jóvenes que quieran hacerlo. 

Es importante que los padres, los educadores, los que tienen la responsabilidad de razonar y fundamentar los valores que proponemos para vivir, hablemos con los chicos y chicas, y les ayudemos a descubrir lo que significan algunas de tales “experiencias” y de que modo marcarán o condicionaran sus vidas. 

No podemos cerrar los ojos, mirar hacia otro lado, pensar que no pasa nada… Preguntémonos cómo ejercemos nuestra responsabilidad, la propia, en relación con las nuevas generaciones. 

Y es que educar en la libertad y para la libertad —lo sabemos todos— no significa “dejar hacer”, o decir siempre “sí”: con frecuencia exige decir “no”, pero no de forma caprichosa, sino de forma razonada. 

Colaboremos para que las fiestas lo sean auténticamente.

 +Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 372 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.