La pastoral bíblica

Mons. Atilano Rodríguez     Vivimos en unos tiempos, en los que Dios es considerado por muchos como algo superfluo. Existe como un cierto pudor a pronunciar su nombre y se palpa una ausencia de la Palabra de Dios a la hora de emitir un juicio sobre la verdad o la bondad de las acciones y de los comportamientos humanos. Cada día podemos percibir un mayor analfabetismo religioso que se difunde progresivamente a pesar de que los progresos científicos y tecnológicos saltan a la vista. El olvido de las prácticas religiosas y la organización de la propia existencia al margen de Dios confirman el olvido y el alejamiento de quien nos ha creado a su imagen y semejanza.

Los cristianos, partiendo de las enseñanzas bíblicas transmitidas por la Iglesia durante dos mil años, confesamos que solo Dios tiene palabras de vida eterna; pero en vez de profundizar en la Palabra de Dios, en comunión con la Iglesia, para conocerle mejor y para actuar según sus criterios, con alguna frecuencia empleamos el tiempo en otras actividades y proyectos que nos parecen más importantes y actuales.

Ante esta realidad, tanto los sacerdotes como los religiosos y los laicos deberíamos tomar conciencia de que la prioridad más importante de la acción pastoral de la Iglesia no puede ser otra que la de poner todos los medios a nuestro alcance para abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que se hace carne en Jesucristo, para dialogar con cada ser humano y para comunicarle su amor y salvación.

Refiriéndose a este tema, el Papa Benedicto XVI invita a los responsables de la evangelización «a hacer un particular esfuerzo pastoral para resaltar el puesto de la Palabra de Dios en la vida eclesial, recomendando incrementar la “pastoral bíblica”, no en yuxtaposición con otras formas de pastoral, sino como animación bíblica de toda la pastoral» (Verbum Domini 73).

De las palabras del Santo Padre se desprende la necesidad de que las parroquias, asociaciones eclesiales, movimientos apostólicos y nuevas realidades eclesiales pongan los medios oportunos para suscitar en todos los bautizos un renovado interés por el encuentro personal con Cristo, que nos habla y se comunica a través de su Palabra. La escucha y meditación de la Palabra de Dios no puede ser una actividad más entre otras, sino la actividad que ilumine todos los compromisos eclesiales.

Además, si para impulsar la nueva evangelización, es necesario un nuevo ardor misionero, todos debemos tomar conciencia de que este ardor solo puede surgir de un conocimiento íntimo de la persona de Cristo, que es el revelador del Padre y la plenitud de la revelación divina. Si falta esta formación se produce un vacío pastoral.

Teniendo esto en cuenta, os invito a asumir cordialmente la formación de pequeños grupos en las parroquias o en los movimientos apostólicos, en los que se promueva la formación, la oración y el conocimiento de la Biblia de acuerdo con la fe de la Iglesia. Esto nos ayudará a fortalecer la esperanza y nos permitirá asumir el puesto central de la Palabra de Dios en la catequesis, en la actividad caritativa y en toda la acción pastoral.

Con mi sincero afecto, feliz día del Señor

+ Atilano Rodríguez 
Obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.