"En la vejez seguirá dando fruto" (Sal 92,15)

Mons. Julián Ruiz Martorell   Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

En la memoria de san Joaquín y santa Ana rezamos: “Señor, Dios de nuestros padres, tú concediste a san Joaquín y a santa Ana la gracia de traer a este mundo a la Madre de tu Hijo; concédenos, por la plegaria de estos santos, la salvación que has prometido a tu pueblo”.

Dirigimos nuestra mirada agradecida hacia los padres de la Virgen y nos sentimos también impulsados a valorar a los ancianos.

En la Sagrada Escritura aparece más de doscientas veces el término “anciano”. San Pablo escribe a propósito de Abrahán:“Y, aunque se daba cuenta de que su cuerpo estaba ya medio muerto -tenía unos cien años- y de que el seno de Sara era estéril, no cedió a la incredulidad, sino que se fortaleció en la fe, dando gloria a Dios, pues estaba persuadido de que Dios es capaz de hacer lo que promete” (Rom 4,19-21). Según el libro del Génesis, Abrahán “murió en buena vejez, anciano y colmado de años”  (Gn 25,8). También Job “murió anciano tras una larga vida” (Job 42,17).

En la Biblia encontramos expresiones magníficas sobre los ancianos: “Álzate ante las canas y honra al anciano” (Lev 19,32); “Las canas son corona de gloria, el fruto de una vida honrada” (Prov 16,31).

Los ancianos desempeñan una importante función en el pueblo de Israel. Moisés “convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado” (Ex 19,7). 

En los salmos se afirma que el justo “en la vejez seguirá daño fruto y estará lozano y frondoso” (Sal 92,15). Y el anciano suplica a Dios: “No me rechaces ahora en la vejez; me van faltando las fuerzas, no me abandones” (Sal 71,9).

El Señor promete: “Hasta vuestra vejez yo seré el mismo, hasta que tengáis canas os sostendré” (Is 46,4).

En el Apocalipsis, veinticuatro ancianos representan a la humanidad glorificada: “Y alrededor del trono había otros veinticuatro tronos, y sobre los tronos veinticuatro ancianos sentados” (Ap 4,4).

El cuidado de los padres en edad avanzada inspira esta exhortación: “Hijo, cuida de tu padre en su vejez y durante su vida no le causes tristeza. Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor. Porque la compasión hacia el padre no será olvidada y te servirá para reparar tus pecados. En la tribulación el Señor se acordará de ti, como el hielo ante el calor así se diluirán tus pecados” (Eclo 3,12-15).

Actualmente, las personas viven más años. Es posible prolongar la vida en extensión y también en intensidad. Son muchas las personas ancianas que conviven con nosotros, y es necesario buscar fórmulas de relación, de comunicación, de enriquecimiento. Es preciso expresar gratitud y reconocimiento a todas las personas que tienen no solamente un pasado, sino unas posibilidades abiertas en el presente y un horizonte esperanzado para el futuro.

Es necesario reconocer, valorar y agradecer la vida de los ancianos de modo que se sientan felices e importantes, miembros activos en las familias, en la Iglesia y en la sociedad.

Los ancianos han de pedir constantemente ayuda al Señor para que les conceda fuerza e ilusión para continuar colaborando, a pesar de sus achaques y limitaciones, transmitiendo experiencia y compartiendo su tiempo, su ser, su hacer y su saber hacer.

Las personas mayores no deben sentirse espectadores pasivos en medio de un mundo acelerado, sometido a cambios bruscos. Los mayores son sujetos activos que viven una etapa que puede ser especialmente fecunda y activa. Son muchas las tareas que pueden desempeñar, es mucha la misión que pueden realizar, es ingente la ayuda que pueden prestar. 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición. 

+Julián Ruiz Martorell

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
Acerca de Mons. Julián Ruiz Martorell 334 Artículos
D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.