María Louisa de Prusia, presidenta de la Asociación Concordia: «Sin Dios no funciona nada»

Beatriz Lafuente. diocesismalaga.es

«Cada vez que le he pedido al Señor por Concordia, he sentido su ayuda» explica Su Alteza Real la Princesa María Louisa de Prusia, Condesa de Schönburg-Glauchau, bisnieta de Guillermo II, último emperador de Alemania, prima de la Reina Doña Sofía, casada con el conde Rudi Schönburg y afincada en Marbella desde hace 36 años. Es presidenta y alma de la Asociación Concordia.

–¿Es usted creyente?

–Soy creyente y practicante aunque debería ser más practicante. Mi marido es muy creyente, él reza un poquito para mí también. Yo creo que sin Dios no funciona nada. Cada vez que le he pedido al Señor por Concordia: «por favor ayúdame», he sentido que me ha ayudado. Como para la fiesta de san Nicolás que celebramos cada año el 5 de diciembre. Este año, casi lo anulamos porque había muy pocas entradas vendidas. Yo estaba ya desesperada y le pedí a san Nicolás: «por favor, no me puedes hacer esto». Y en la última semana vendimos más entradas que el año anterior, fue un milagro. Siempre estoy pidiendo, pero también doy las gracias.

–¿Cree que es posible un mundo mejor?

–Creo que lo importante es que cada uno haga el bien, que ayude a los demás como mejor pueda, si todos ayudamos, el mundo debe mejorar. No puede ir peor, yo siempre pienso que debe cambiar ya. En Alemania por ejemplo, la juventud está cambiando, ya son más creyentes y más fieles. La familia ha vuelto a ser importante para ellos, tener hijos, incluso la forma de vestirse. Es importante volcarse en la juventud, porque ellos son el futuro, se habla muy poco del tema pero vemos que cada vez los enfermos de sida son más jóvenes. En Marbella cada semana se detecta un nuevo caso de sida. Este año 2012 Marbella representará a España en el “Dance for life”, que se celebra el 1 de diciembre, donde dos mil jóvenes de veintiocho países bailan al mismo tiempo en contra del sida.

–¿Cómo surge Concordia?

–Estuve 20 años trabajando con Unicef en la Costa del Sol, pero lo dejé cuando mis hijos me necesitaron. Fue entonces cuando una amiga me habló del sida, yo no sabía mucho sobre el tema, pero me gustó que fuera una cosa local, en la que yo podía ver los resultados con mis propios ojos, no sólo recaudar fondos y enviarlos a otro lugar. Fue muy difícil en los años 90 hablar de sida. Abrir algunas puertas y buscar ayuda, la gente tenía miedo. Por ello, me lancé a hacer cuestaciones el 1 de diciembre, el día internacional contra el sida, en las que informamos y tenemos huchas. Al principio la gente hacía corros alrededor mío porque pensaban que tenía la enfermedad. Tampoco fue fácil encontrar una sede, porque nadie nos quería cerca. Hemos llorado mucho hasta conseguir lo que tenemos hoy día, abarcamos desde Manilva hasta Málaga capital. Pensé que tenía que devolver a Marbella algo de lo que me había dado. Vine a Marbella por amor, mi marido trabajaba aquí cuando yo lo conocí.

–¿De dónde saca los fondos para su fundación?

–Concordia lleva funcionando 18 años, siempre quieres hacer más todavía, no tenemos ayuda estatal, por ello, hacemos algunas galas anuales para recaudar dinero. Tenemos siete empleados y tres coches que hay que mantener. Tengo la suerte, gracias a mi nombre, de hacer algo para que la gente que tiene el dinero, lo saque de sus bolsillos, para que yo pueda ayudar a los que más lo necesitan. Pero no es fácil, debes organizar algo que les guste para que asistan. San Nicolás es para mí un gran santo que siempre ha ido conmigo y ahora me ayuda a recaudar dinero para Concordia. También hemos notado la crisis, pero sobrevivimos porque durante las vacas gordas yo como buena alemana, siempre ahorré dinero para cuando vinieran las vacas flacas.

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