La Virgen del Carmen, Stella Maris

Mons. Casimiro López Llorente    Queridos diocesanos:

Un año más nos disponemos a celebrar la Fiesta de la Virgen del Carmen. La devoción a María bajo la advocación de la Virgen del Carmen está muy extendida en nuestra Iglesia diocesana, sobre todo en las parroquias del litoral y en las gentes de la mar.

El origen de esta devoción a la Virgen del Carmen está en la nube blanca divisada desde la cumbre del monte Carmelo cuando el profeta Elías suplicaba a Dios que pusiese fin a una larga sequía. Mientras Elías oraba a Dios por la lluvia, mandaba una y otra vez a su criado que subiera a la cumbre del monte. A la séptima vez dice el criado: “Se divisa una nubecilla, pequeña como la palma de la mano de un hombre, la cual sube del mar… Y en brevísimo tiempo el cielo se cubrió de nubes con viento, y cayó una gran lluvia” (1 Re 18, 44). En esa nubecilla, semejante ‘a la palma de un hombre’ y cargada de lluvia, se reconoció la figura de la Virgen. Porque María, dándonos al Salvador al mundo, fue portadora del agua vivificante de la gracia, la nube que da al mundo el Salvador.

María se convierte así en la “Stella maris”: la estrella que guía el rumbo de  nuestra existencia por las difíciles aguas del mar de la vida. Los marineros de antaño leían la posición de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. Así también la Virgen María es la “estrella del mar” que nos guía por las aguas de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo. María es la Madre de Dios, que nos da, nos muestra y nos lleva a su Jesucristo, su Hijo y el Hijo de Dios vivo. María es la estrella hacia Dios y el camino para un encuentro nuestro con Cristo Jesús, que avive y fortalezca nuestra fe en Él y renueve nuestra vida cristiana.

Nuestra devoción a la Virgen del Carmen debe estar siempre orientada a Cristo, el centro de la fe cristiana. Cristo Jesús, muerto y resucitado, es el centro y fundamento de nuestra fe: el Camino para ir a Dios y hacia los hermanos, la Verdad que nos revela el misterio de Dios y el misterio del hombre, y la Vida en plenitud y eternidad que Dios nos recupera y regala con su pasión, muerte y resurrección. María es siempre la estrella del mar, el camino que nos conduce a Jesús, fruto bendito de su vientre. Jesús nos invita a acoger a María “en nuestra casa”: es decir, en nosotros mismos, en nuestras familias, en nuestro trabajo y en nuestra sociedad. María dirige nuestra mirada a su Hijo y no deja de decirnos: “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5). El verdadero cristiano se sabe elegido por Dios y llamado por Jesús para seguirle, y ponerse en camino con El. El cristiano es escogido para ser enviado para ser su portavoz y testigo fiel del Evangelio.

El Señor nos hace capaces de ser, como Él, Buena Noticia para todos y también para el mundo de la mar, a quien recordamos en esta celebración de la Virgen del Carmen. En el sufrimiento, que supone la separación por un tiempo de sus familias, los marineros cuentan con el consuelo del amor de Dios que viene por medio de María y los une con sus familias más allá de la distancia. En las incertidumbres y temporales de la mar tienen, de manos de Maria, la certeza de que Dios siempre los protege.

Que santa María, faro luminoso en medio del temporal, nos proteja y nos conceda a todos valentía en estos tiempos difíciles por los que nos toca navegar.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Mons. Casimiro Lopez Llorente
Acerca de Mons. Casimiro Lopez Llorente 338 Artículos
Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.