La droga y la persona

Mons. Francesc Pardo i Artigas    Desde hace ya bastantes años se ha convertido en “la peste” de nuestro tiempo. Algunos indicadores señalan con preocupación que el consumo se inicia a una edad muy temprana, rayando la adolescencia. Y añaden que se acostumbra a mezclar con alcohol y otros ingredientes. 

La situación de las personas que se han enganchado suele ser dramática, primero por la necesidad de recursos para obtenerla, que exige conseguir dinero sea como sea; pero, sobretodo, por el progresivo deterioro de la salud física y mental. Quienes hemos conocido centros de rehabilitación y de acogida de situaciones irreversibles, hemos quedado profundamente preocupados. 

Además, las personas más próximas y que podrían ayudar en los inicios del proceso con frecuencia son las últimas en enterarse, e incluso, de creérselo cuando alguien les hace alguna insinuación al respecto. 

La primero necesidad es comprender las razones de un fenómeno tan amplio como inquietante. Ya sabemos que la droga es la base del enriquecimiento de los traficantes, pero es difícil entender que algunas personas, con frecuencia jóvenes, decidan abandonarse al uso de sustancias que comprometen, junto con la salud física y mental, la capacidad de actuar en la búsqueda de una vida mejor. Por eso, deben afrontarse tales interrogantes con humildad, conscientes de que no tenemos todas las respuestas en el bolsillo, pero que también es urgente y necesario actuar todos juntos: familia, instituciones, Iglesia, gobierno… 

Algunas de las soluciones propuestas oscilan entre el deseo de intervenciones represivas contra quienes venden o consumen droga o bien sacarla a la calle por medio del suministro controlado de otras sustancias. Pero esta solución farmacológica es tan solo un pequeño parche a la plaga. 

Para una eficaz estrategia de rehabilitación y prevención, sin renunciar a todo lo hecho y se sigue haciendo, tal vez sería oportuno concentrar la atención sobre quien es el protagonista de este drama de nuestro tiempo: ¡una persona con dificultades! 

Pensemos en aquel o aquella drogodependiente. Es una persona con graves problemas. La droga es el síntoma de un mal, de una angustia, porque se ha acudido a ella como huida de esa situación, como si se tratase de un anestésico ante la fatiga de vivir, como solución a la necesidad de experiencias fuertes, como escapatoria e intento de dejar para mañana la solución a los problemas, y  diferir las responsabilidades de la propia vida. 

Los que utilizan drogas, aunque pude tratarse de personas muy distintas, con frecuencia sufren crisis de identidad, conflicto consigo mismas, huyen siempre de sus responsabilidades en búsqueda de un bienestar material que no acaban de conseguir, incapaces de resolver los problemas que comportan las relaciones con la familia, en el trabajo, en la escuela o las de carácter afectivo. Es posible que la causa principal sea carecer de motivaciones para la vida, no tener alicientes, no vivir aquello por lo que vale la pena vivir. 

¿Por qué esta reflexión?

Porque a menudo son considerados… viciosos, deshumanizados, culpables, perdidos, posibles delincuentes. 

Nosotros, los discípulos de Cristo, hemos de preguntarnos cual sería la mirada y la actitud de Jesús respecto de esas personas, porque habría de ser la nuestra. En concreto: amar, servir, valorar sus posibilidades y no tanto su pasado. 

No soy especialista en el tema, y la mayoría de quienes leéis estas reflexiones, tampoco, pero si que podemos preguntarnos qué hacer ante casos concretos: estar a su lado, orientarles, pese a que sea muy difícil y que, de entrada, podamos ser rechazados ante cualquier intervención. También podemos plantearnos como ayudar discretamente a la familia. 

Valoremos aquellas instituciones que trabajan para la rehabilitación. Pero, sobretodo, esforcémonos en ofrecer un ambiente familiar, en ayudar a dar sentido a la vida, en proponer diversiones que aseguren la experiencia de los valores que humanizan y ayudan a confiar en les propias posibilidades y recursos sin tener que acudir a la droga. 

Los cristianos tenemos propuestas que ofrecer. ¿Estamos convencidos de ello? 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 360 Artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.