Clausura de la Celebración del Sexto Centenario del Compromiso de Caspe (I)

Mons. Manuel Ureña      El pasado día 1 de julio, domingo XIII del Tiempo Ordinario, con la celebración de la misa vespertina en la iglesia caspolina de “Santa María la Mayor del Pilar”, se clausuraban las fiestas organizadas con motivo del cumplimiento del VI Centenario del “Compromiso de Caspe”.

Los hechos históricos acaecidos entonces son de sobra conocidos, pero es bueno recordarlos, habida cuenta de su significación para la Corona de Aragón y para el advenimiento de la futura monarquía hispánica.

En el año de 1409 moría Martín el Joven, hijo del rey de Aragón Martín I el Humano. Con esta muerte, el rey Martín quedaba sin descendencia directa. Y la cuestión se agravaba por cuanto que los derechos sucesorios que algunos aspirantes al trono real decían tener eran más bien débiles.

Entre éstos se encontraban Jaime de Urgel, el pariente más próximo por línea masculina; Violante de Hungría, viuda de Juan I, que hacía valer los derechos de su nieto Luis de Anjou; el “castellano-aragonés” Fernando de Antequera, nieto de Pedro IV por línea femenina; y Alfonso de Gandía, nieto de Jaime II por línea masculina.

Así las cosas, la muerte del Rey, ocurrida en mayo de 1410, provocó una situación política muy delicada. En efecto, si se invocaba la vía jurídica, ninguno de los pretendientes a la Corona podía alegar estar en posesión de derechos evidentes sobre aquélla. Y, si se invocaba la vía de las armas, ninguno de los candidatos disponía de fuerza militar y de apoyos políticos suficientes para imponerse a los demás. Mientras tanto, se agudizaban los conflictos internos en el seno de los tres estados, a medida que los bandos de las ciudades y las facciones nobiliarias se alineaban con alguno de los pretendientes.

Era, pues, urgente encontrar salida a aquella crisis. Y, a este efecto, en febrero de 1411 se reunió una asamblea en Calatayud, que se disolvió en mayo sin haber llegado a ningún resultado.

Se propuso entonces que los tres estados (Aragón, Valencia y Cataluña) convocaran un parlamento en lugares próximos entre sí, para facilitar la comunicación y buscar la salida de aquel laberinto político, un laberinto que dejaba, por ejemplo, lastres violentos, fruto de ajustes de cuentas, como fue el caso del asesinato tan conocido del arzobispo de Zaragoza, D. García Fernández de Heredia.

Tal fue el origen de la segunda asamblea, subsiguiente a la de Calatayud, convocada en Alcañiz a partir del 2 de septiembre de 1411 y a la que acudieron los procuradores en medio de un clima de enfrentamiento. Siguiendo el ejemplo del parlamento aragonés, el parlamento catalán sería trasladado a Tortosa y el valenciano se asentaría en Vinaroz, siempre, obviamente, con el fin de mantenerse cerca unos de otros para intercambiar embajadas y poder estudiar soluciones más fácilmente. Esta política de diálogo interparlamentario, rápida y constante, culminó con la propuesta sugerida por el cardenal aragonés Pedro Martínez de Luna o Papa en Avignon, Benedicto XIII, de nombrar nueve compromisarios, tres por cada uno de los estados, que designaran al rey por mayoría cualificada de seis votos, entre los que se habría de contar al menos el de un compromisario de cada uno de los parlamentos.

Pues bien, aceptado y puesto en práctica este modo de proceder, el 15 de febrero de 1412 se llegó a la firma de la “Concordia de Alcañiz”, la cual depositaba la potestad para elegir a un nuevo soberano en las manos de Bernat de Gualbes, Guillem de Vallseca y Pere de Çagarriga, arzobispo de Tarragona. Esto por parte de Cataluña. Por parte de Valencia, los electores serían los hermanos Vicente y Bonifacio Ferrer, y Ginés de Rabaça, quien, al final, fue sustituido por Pere Bertran, al ser declarado aquél mentalmente incapaz. Y, por parte aragonesa, los compromisarios elegidos serían Francés de Aranda, Berenguer de Bardaxi y Domingo Ram, obispo de Huesca.

Estos nueve hombres constituían un grupo de eclesiásticos, juristas y ciudadanos de indudable prestigio y de amplia experiencia jurídica. En su calidad de compromisarios, se reunieron en Caspe desde el 18 de abril de 1412 y estudiaron allí las alegaciones de los pretendientes durante más de dos meses. Por fin, el 28 de junio de aquel año, el P. dominico Vicente Ferrer, por encargo de sus compañeros, hizo público ante el majestuoso pórtico de la iglesia parroquial de Caspe  el resultado de la votación tenida cinco días antes. De ahí que tal resolución tomara el nombre de “Compromiso de Caspe”.

El resultado de aquella sentencia arbitral fue el que sigue: El castellano-aragonés Fernando de Antequera obtuvo los tres votos aragoneses, los votos de los valencianos Vicente y Bonifacio Ferrer, hermanos biológicos, y el voto de Bernat Gualbes, representante del grupo catalán, mientras que Pere Bertran se abstenía, al no haber podido participar plenamente en las deliberaciones, y Pere Çagarriga y Guillem de Vallseca se decantaban por Jaime de Urgel, con diversos matices.

El sucesor de Martín I el Humano fue así Fernando de Antequera. Con su advenimiento, quedaba entronizada en Aragón la rama bastarda castellana de los Trastámara.

            (Continuará el próximo domingo 22 de julio…) 

† Manuel Ureña

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Manuel Ureña
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Manuel Ureña Pastor nació en Albaida (Valencia) el 4 de Marzo de 1945. Realizó sus estudios de Enseñanza Primaria en las Escuelas Nacionales de su pueblo natal. En Septiembre de 1959 ingresó en el Seminario Metropolitano de Moncada (Valencia), en donde cursó el Bachillerato Elemental y el Bachillerato Superior, y, posteriormente, el quinquenio de Estudios Eclesiásticos, obteniendo en junio de 1970 el título de Bachiller en Teología. Entre los años 1968 y 1973, cursó Estudios Superiores de Historia y de Geografía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Literaria de Valencia. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca con una tesina sobre “El tema de Dios en el joven Leibnitz”. El 14 de Julio de aquel mismo año, 1973, recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos del entonces Sr. Arzobispo Metropolitano, S.E. Rvdma., Mons. José María García Lahiguera. A partir de septiembre de aquel año ejerce el ministerio sacerdotal, como coadjutor, en la parroquia de Nuestra Señora del Olivar de Alacuás (Valencia) y, al mismo tiempo, imparte clases de Teología pastoral, de Teología Fundamental y de Teología de la fe en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia. En Septiembre de 1976 es enviado a Roma para cursar estudios superiores de Filosofía en la Pontificia Universidad de Santo Tomás. Allí obtendrá en abril de 1984 el grado de Doctor en Filosofía con una Tesis Doctoral sobre el pensamiento del filósofo neomarxista alemán Ernst Bloch titulada: “Ernst Bloch:una interpretación teleológica –inmanente de la realidad” que mereció la máxima calificación académica. En 1980, es nombrado Director del Colegio Mayor "San Juan de Ribera", de Burjasot (Valencia), y profesor de Metafísica y de Historia de la Filosofía Antigua en la Facultad de Teología de Valencia. Durante dos semestres impartiría también las asignaturas de Filosofía de la Religión y de Historia de la Filosofía medieval. En 1987 es nombrado miembro de la Blochsgesellschaft, en la entonces República Federal de Alemania. El 8 de Julio de 1988 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo de la Diócesis de Ibiza, siendo consagrado el 11 de septiembre de aquel mismo año. Y, desde el 20 de abril de 1990, simultaneó su ministerio episcopal en Ibiza con el de Administrador Apostólico de la Diócesis de Menorca. En Julio de 1991, el Papa Juan Pablo II lo trasladó a la Diócesis, entonces recien creada, de Alcalá de Henares, nombrándolo, al mismo tiempo, Visitador Apostólico de los Seminarios Mayores de las provincias eclesiásticas de Andalucía y Administrador Apostólico de la Diócesis de Ibiza. En 1992, el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Zaragoza, S. E. Rvdma., Mons. Elías Yanes Álvarez, lo nombró Consiliario Nacional de la Adoración Nocturna Española, cargo que sigue ejerciendo en la actualidad. En Julio de 1998 es nombrado Obispo de la Diócesis de Cartagena, Administrador Apostólico de la diócesis de Alcalá de Henares y Gran Canciller de la Universidad Católica de Murcia.Promovido al Arzobispado de Zaragoza el 2 de abril de 2005, comenzó a ejercer aquí su ministerio de sucesión apostólica el 19 de junio del mismo año, al tiempo que era nombrado Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena y Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza.En la Conferencia Episcopal Española ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Pastoral Social, de Seminarios y Universidades, y del Comité Episcopal ‘Pro vita’. En la actualidad es miembro de la Comisión Episcopal de para la Doctrina de la Fe.Su investigación filosófica gira en torno al pensamiento marxista y al pensamiento postmoderno. En teología, ha trabajado bastante el pensamiento de los teólogos católicos Karl Rahner y Hans Urs von Balthasar; y, en teología protestante, ha familiarizado mucho con los teólogos protestantes Karl Barth y Dietrich Bonhoeffer. Sus trabajos científicos son ya más de 60. Y su principal publicación es el libro Ernst Bloch, ¿un futuro sin Dios? (BAC MAIOR (Madrid) 1986).Reconocimientos: Hijo Predilecto de Albaida, Medalla de Oro de la ciudad de Murcia, Defensor de Zaragoza 2008, Premio IACOM (Instituto Aragonés de Comunicación). Premio Fundación Carlos Sanz 2010. Caballero de Honor de Ntra. Sra. del Pilar. Encargos pastorales: Miembro de la Comisión de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal, trienios (1993-1996; 1996-1999; 1999-2002; 2002-2005; 20005-2008; 2008-2011). Miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (2011-2014). Gran Canciller de la Universidad San Jorge de Zaragoza. Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica San Antonio de Murcia.