Iniciamos nuestro viaje en este verano

Mons. Antonio Algora     La Jornada que la Conferencia Episcopal impulsa sobre la Responsabilidad en el Tráfico «La Gloria de Dios es la vida del hombre. Cuídala al volante» trata de llevar a nuestra conciencia cristiana la importancia de la vida humana con el argumento de que es reflejo de la vida de Dios. En frase de San Ireneo: «la gloria de Dios resplandece en el hombre, al que ha hecho partícipe de su vida divina; y nuestra vida alcanzará su plenitud en la contemplación de Dios».

Una vez más hemos de proclamar a diestra y siniestra que nuestra existencia humana está, por el sólo hecho de la existencia misma, está referida a Dios. Que hemos de contar con Él no sólo para cuando nos vienen las cosas mal, y acudimos a su Omnipotencia para que remedie nuestra desventura, o lo que es más extraño, para echarle la culpa, o poco menos, con esa pregunta tan dura de ¿por qué me ha hecho esto Dios?

Por eso quiero reclamar vuestra atención sobre el hecho fundamento de todo, con las mismas palabras de San Ireneo: «nuestra vida alcanzará su plenitud en la contemplación de Dios». Porque esto es así, sea o no sea consciente la persona, este verano también estamos llamados los católicos a ser testigos de Jesucristo y reflejar con nuestros comportamientos (también en la carretera) su existencia, marcada por el cumplimiento de la voluntad de Dios Padre «que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de su verdad». 

Rezar sí, rezar antes de comenzar un viaje no porque si no lo hago me puede caer el accidente o se me pueden echar encima los males de este mundo, causados por nosotros o por los demás. Rezar como signo de que mi vida entera está referida a la Paternidad de un Dios, que no necesita demostrarme todo lo que me quiere haciendo cosas favorables marcadas por lo que yo quiero, sino que ya ha mostrado todo su amor en su Hijo Jesucristo al que puedo entender escuchando su Palabra, poniéndome junto a Él, dejándome habitar por Él en la Comunión y en los sacramentos y haciendo lo que sabemos que hizo él en la vida aunque no tocara un volante y no se subiera a ningún coche en su vida en el siglo primero.

Como nos dijo Nuestro Señor Jesucristo la oración del Padrenuestro más que una fórmula ha de hacerse desde el corazón, en la intimidad de quien percibe a Dios como el Padre de Jesús y por Él: nuestro. La ocasión que representan estos momentos de comenzar un viaje, de bendecir la mesa, o de saludar al Señor al comienzo del día al despertar o al final del mismo antes de conciliar el sueño, dejan de ser momentos aislados por lo ocasional o el egoísmo de que no me pase nada, para ser expresión de una amor humilde de quien se siente que sin Él no seríamos la maravilla que estamos llamados a ser y que ya somos en buena parte. Algo que es contínuo, constante y permanente en nuestra vida. La gente que nos rodea, familiares amigos y conocidos lo perciben así en la naturalidad de quien comienza el viaje diciendo ¡oye que no hemos rezado!, e invita a continuación a dar gracias a Dios por lo que ya nos ha dado y se pone de nuevo en sus manos de Padre, se encomienda a su Providencia amorosa tanto si nos va bien como si nos va mal. 

Nuestro mejor descanso, la mejor relajación para todos nuestros agobios es sabernos llamados a ser reflejo de su Gloria. ¡Que todo lo que hagamos valga para siempre! Llevamos como la palabra «Cristóbal» indica, llevamos a Jesucristo en nuestros hombros, somos parte suya, miembros del Señor resucitado. 

Vuestro obispo,

+Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Artículos
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid.El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe.Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid.El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid.El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año.Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.