"Damos gracias a Dios"

Mons. Demetrio Fernández      No dejemos de pedir al Señor que siga llamando a jóvenes de nuestras familias y parroquias para el servicio de su Iglesia. 

La ordenación presbiteral de los seis nuevos sacerdotes (más uno en septiembre, por razones de edad) ha sido el colofón de un año lleno de bendiciones de Dios para nuestra diócesis de Córdoba. Demos gracias a Dios. A ello se une el ingreso en el Seminario de quince a veinte nuevos seminaristas, que se prepararán para el sacerdocio en nuestro Seminario. El servicio ministerial a nuestro Pueblo de Dios está garantizado, junto a otras tantas vocaciones a la vida consagrada en sus múltiples carismas. En verdad, una comunidad cristiana puede medir su vitalidad por las vocaciones que recibe y suscita para la edificación de la Casa de Dios. No dejemos de pedir al Señor que siga llamando a jóvenes de nuestras familias y parroquias para el servicio de su Iglesia. Cada vocación es un milagro de Dios, es un regalo excepcional. Creemos para ello un clima propicio de estima, de acogida, de aliento de toda vocación de especial consagración a Dios. Saldremos ganando todos. 

Empezábamos el curso pastoral con el anuncio a los seminaristas de la JMJ del doctorado de san Juan de Ávila por parte del Papa Benedicto XVI. Acabamos el curso sabiendo que la fecha señalada es el próximo 7 de octubre en Roma. Será un momento cumbre en la historia de nuestra diócesis de Córdoba. El clericus cordubensisJuan de Ávila recibirá el mayor reconocimiento por parte del Sumo Pontífice que lo propone al mundo entero como Doctor de la Iglesia universal. El presbiterio de Córdoba vive con gozo que uno de sus miembros reciba este reconocimiento. La diócesis toda, unida a todas las diócesis de España, se alegra de esta declaración y siente la urgencia de dar a conocer más y más a este gigante de la santidad y maestro de santos. Demos gracias a Dios. 

Damos gracias a Dios por la vida cotidiana de cada una de nuestras parroquias, movimientos apostólicos, comunidades, grupos de apostolado, cofradías y hermandades. Damos gracias a Dios por nuestras familias cristianas, por tantos laicos que viven en el mundo dando testimonio de Cristo y de la novedad del Evangelio. Damos gracias a Dios por la escuela católica, llevada adelante por colegios de titularidad diocesana o parroquial y por tantas Congregaciones religiosas que sirven al Evangelio en esta noble causa. 

La Visita pastoral del Obispo en este curso a los arciprestazgos de Pozoblanco-Villanueva, a Cañero y Sector Sur, a Baena-Castro me ha hecho constatar la vitalidad eclesial de una diócesis que tiene abundantes resortes para mirar al futuro con esperanza. Me ha producido gran satisfacción comprobar la solidez de la fe de nuestras gentes, al tiempo que he percibido más de cerca las dificultades para vivir el Evangelio en toda su pureza. He constatado de cerca que sólo Jesucristo es la salvación para el hombre y que de este tesoro es portadora la Iglesia en los sacramentos, la Palabra y el testimonio. Hoy más que nunca la Iglesia tiene una preciosa misión de llevar a cada persona al encuentro con Jesucristo, el único salvador de todos los hombres. Doy gracias a Dios y os doy las gracias a tantos sacerdotes, consagrados/as y laicos que gastáis vuestro tiempo y vuestra vida en esta preciosa tarea. 

Damos gracias a Dios por tanta caridad vivida, repartida, generada por Dios en el corazón de nuestros diocesanos. Cáritas y otras instituciones de Iglesia han repartido a manos llenas cariño, cercanía, alimentos y ropa. Han atendido a tantas necesidades y nuevas pobrezas que brotan en nuestro entorno. Han puesto en marcha tantas generosidades que nos hacen crecer. Ancianos atendidos con esmero por religiosas y personas dedicadas, transeúntes que sólo en la Iglesia encuentran acogida, programas de recuperación de la droga y el alcohol, atención a disminuidos. Realmente la Iglesia se ocupa de los últimos, de los que quedan en la cuneta de la vida. La Iglesia católica prolonga a Cristo buen samaritano, que toma sobre sus hombros la oveja herida y la acaricia para ofrecerle su curación, fruto del amor gratuito. 

Demos gracias a Dios por tanta gracia, por tanta colaboración humana, por tanta esperanza vivida y contagiada. No se nos ocultan las dificultades de la vida, pero no es momento de lamentos, sino de ponerse a la tarea con la esperanza puesta en el Señor. Que el descanso del verano reponga nuestras fuerzas para emprender el nuevo curso con renovado vigor. Nos espera la etapa preciosa del Año de la Fe y del Año jubilar de San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia, y Dios nos promete gracias abundantes para la próxima temporada.

 Recibid mi afecto y mi bendición: 

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

 

Mons. Demetrio Fernández
Acerca de Mons. Demetrio Fernández 319 Artículos
Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.