Revitalizar la fe en tiempos de crisis

Mons. Francisco Pérez    1.- Basta hacer un análisis, aunque sea a grandes trazos, sobre la situación de la fe para constatar que sufre unos tiempos de declive. Diversos estudios y encuestas así lo ponen de manifiesto. No es necesario recurrir a datos numéricos para ver que, especialmente en los países industrializados, se acentúa el alejamiento y abandono de la fe de parte de una sociedad que no parece necesitarla. El Papa Benedicto XVI insiste en que se vive como si Dios no existiera.

“Se han alejado de la Iglesia en los países de antigua cristiandad en la vieja Europa en la que hay vastos sectores de la sociedad en una profunda crisis de fe”(PF 2). Las grandes conquistas en el campo de la ciencia, la técnica, la investigación y el avance de la sociedad en bienestar y eficacia, van acompañadas por una gran pobreza de relaciones humanas y de vida espiritual. El hombre se ha engreído queriendo suplantar a Dios y ha aparcado lo que se refiere al espíritu y la trascendencia. 

Esta situación tiene unas causas que provienen de dentro de la Iglesia y otras de fuera. Por un lado existe un analfabetismo religioso de los cristianos que desconocen su religión y se encuentran vacíos, desconcertados por voces plurales que cuestionan su fe. No saben cómo llenar las exigencias más profundas de trascendencia del corazón humano. Por otro lado existe un ataque orquestado contra todo lo que es el espíritu religioso. El materialismo, relativismo, la secularización, el paganismo ambiente y el individualismo van impregnando también la vida de los cristianos. Éstos se pierden anónimos en una masa que silenciosamente abandona la fe. Pero una vez más la implacable historia va demostrando que sin Dios no hay futuro. 

“No hay nada nuevo bajo el sol”, lo dice el sabio del Cohelet (Ec 1, 9) Desde el desafío de la torre de Babel hasta el endiosamiento del humanismo ateo, hasta el laicismo agresivo se van repitiendo ciclos de abandono de Dios y vuelta a la búsqueda de la espiritualidad. Siempre que los hombres han dado la espalda a Dios les ha acompañado el fracaso. La historia del pueblo de la Biblia está llena de lecciones. La sabiduría de la Iglesia a lo largo de los siglos aprende lecciones del pasado y contempla que siempre en las crisis, la fe y la Iglesia han salido purificadas y fortalecidas. El Espíritu Santo nos acompaña siempre, suscitando en cada momento las iniciativas necesarias para que cambien las tendencias históricas. 

2.- Hubo un tiempo en que se nacía cristiano y no hacía falta catequizar ni evangelizar porque se transmitía la fe como por ósmosis o contagio desde las familias y la cultura ambiente. Se daba por supuesta la fe. Hoy en cambio hay que evangelizar como en los orígenes del cristianismo y como en las tierras tradicionales de misión. 

La crisis religiosa de nuestro tiempo se engloba en una gran crisis antropológica de cambio de época histórica y va acompañada de otras muchas crisis. ¿Esto nos llevará a la desesperanza impotente, al fracaso de manos caídas o a la decepción derrotista? En absoluto. En contrapartida, en nuestros días también hay muchas propuestas para revivir la fe en tiempos de crisis a las que nos tenemos que sumar todos con entusiasmo y esperanza. 

3.- El Papa Benedicto XVI dijo al comité de católicos alemanes que “la verdadera crisis de la Iglesia en el mundo occidental es una crisis de fe. Si no llegamos a una verdadera renovación en la fe, toda reforma estructural será ineficaz.” Este vacío de fe va dando lugar a religiones de consumo de lo religioso hechas a medida de cada uno “a la carta”. Es una religión de reemplazo sustitutiva de la religión tradicional quizás formalista. Lo personal prima sobre lo institucional que se ve como una invasión a la libertad. La religión se sitúa en el campo de la privacidad, sin ritos, sin normas, sin compromisos. Depende de los sentimientos de bienestar espiritual que le produce a cada uno. Entonces la vivencia de la fe es muy pobre y tiene manifestaciones esporádicas e inestables. No se ha renunciado totalmente a ella pero tampoco se acoge con entusiasmo y compromiso. 

Hay niveles diversos, desde la increencia pasando por el agnosticismo hasta la indiferencia religiosa y el alejamiento. Un nivel frecuente es el de quienes no se han desgajado de la fe y están en los umbrales de la Iglesia pero sin alegría, encogidos, acobardados y miedosos. El analfabetismo religioso ha hecho que la fe se pueda calificar como trémula, temblorosa y débil como la llama que está a punto de convertirse en humo. Pero la Iglesia tiene experiencia histórica de que, cuánto mayores han sido las crisis, el espíritu del evangelio le ha dado la fuerza de soplar sobre las cenizas y levantar una llama que de nuevo caliente e ilumine el mundo. 

Dios sopló sobre el barro moldeado con la figura de Adán y éste tuvo vida. El soplo del amor de Dios, manifestado en el Corazón de Jesús, será una vez más la fuerza para revivir la fe, restaurarla y resucitarla. Hay que mirar a ese Corazón que es la respuesta al absurdo de la cultura que pretende marginar a Dios y poner esperanzas en realidades que fascinan en el instante pero provocan frustraciones. Sólo en Dios encontrará el género humano su verdadero ser y su auténtica identidad.

+Francisco Pérez

Arzobispo de Pamplona

Mons. Francisco Pérez
Acerca de Mons. Francisco Pérez 306 Artículos
Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental.Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense.El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión.CARGOS PASTORALESDesde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad.El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017.Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).