Responsabilidad en el tráfico

Mons. Francisco Gil Hellín     Cada época tiene sus características propias. La movilidad y la comunicación son algunas de las que califican la nuestra. Ahí están para confirmarlo Internet y los millones de turismos, camiones y autobuses que llenan nuestras vías de comunicación nacional, comarcal y provincial. Las calles de nuestras ciudades y las autovías se han convertido en una inmensa plaza pública en la que unos y otros tejemos e intercambiamos una red de relaciones; unas veces orales y, las más, con nuestro modo de comportarnos al volante.

Gracias a Dios estas relaciones van mejorando paulatinamente. Baste pensar, por ejemplo, en el importante descenso de accidentes en nuestras carreteras, en la ayuda que prestamos en los accidentes y en las medidas que tomamos cuando tenemos que conducir. De todos modos, las estadísticas arrojan todavía un importante número de muertos y heridos en accidentes de tráfico en España. Muchos de ellos se deben a las malas condiciones de las carreteras, a los fallos mecánicos y a las limitaciones inherentes a la naturaleza humana.

No obstante, gran parte de los accidentes automovilísticos se deben a ligerezas graves, cuando no a estupideces y arrogancias. En todos esos supuestos no se valora suficientemente el valor de la vida humana, propia y del prójimo. Ya lo señalaba hace cincuenta años el Vaticano II, cuando afirmaba que “algunos subestiman las normas de la circulación, sin  preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo” (La Iglesia en el mundo actual –GS-, n. 30).

En los próximos días van a multiplicarse los vehículos en las carreteras, con motivo de las vacaciones de verano y las fiestas populares. Son días de merecido descanso y oportunidad para estar al lado de los familiares y amigos, estrechando unos vínculos que, a veces, afloja el trajín de cada día. No podemos convertir esos días en una tragedia personal y/o familiar. Por este motivo, los obispos de España hemos establecido una Jornada de Responsabilidad en el Tráfico que se celebrará el próximo domingo día 8 coincidiendo con la celebración de la fiesta de san Cristóbal. Este año hemos elegido un lema muy significativo: “La gloria de Dios esla Vidadel hombre: ¡Cuidado al volante!”. Es un slogan que nos recuerda el valor dela vida. Esun don de Dios y es sagrada. Nada hay comparable con ella. En ella resplandece la gloria de Dios, en cuanto que es una participación de la vida divina. A los ojos de Dios tiene tanta importancia que desde la época de Moisés quiso salvaguardarla con un precepto especial: “No matarás”, precepto que no sólo se refiere a la vida de los demás sino también ala propia. Poreso, hemos de esmerarnos en evitar cuanto pueda ponerla en riesgo.

Me gustaría felicitar hoy a todos los profesionales del volante, con motivo de vuestro patrono san Cristóbal. Os deseo que paséis un buen día de fiesta y –a los que compartáis conmigo la fe en Jesucristo- que asistáis a la bendición de los vehículos que se hace en este día y ala SantaMisa.Meuno de corazón a la alegría de vuestra fiesta y pido al Señor que descubráis cada día más el valor del servicio que prestáis a los demás. ¿Quién llevaría los productos alimenticios a los supermercados o a los niños a una excursión sin vuestros servicios? ¿Quién transportaría lo que necesitan y producen las fábricas y almacenes sin vuestra dedicación y profesionalidad? No quiero olvidarme de las dificultades que atraviesa vuestro sector tanto por la escasez de trabajo como por la subida de los carburantes. No dejéis de pedir a Dios que os ayude y os dé su fuerza para hacer frente a estas dificultades. Y, aunque ya lo hacéis, acudid a san Cristóbal para que sea vuestro inseparable compañero en todas vuestras horas al volante.     

                                                                              

+ Francisco Gil Hellín

 Arzobispo de Burgos

Mons. Francisco Gil Hellín
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Mons. D. Francisco Gil Hellín nace en La Ñora, Murcia, el 2 de julio de 1940. Realizó sus Estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Diocesano de Murcia entre 1957-1964. Obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma entre 1966-1968. Además, estudió Teología Moral en la Pontificia Academia S. Alfonso de Roma entre los años 1969-1970. Es Doctor en Teológía por la Universidad de Navarra en 1975.CARGOS PASTORALESEjerció de Canónigo Penitenciario en Albacete entre 1972-1975 y en Valencia de 1975-1988. Subsecretario del Pontificio Consejo para la Familia de la Santa Sede de 1985 a 1996.Fue Vicedirector del Instituto de Totana, Murcia entre 1964-1966 y profesor de Teología en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia (1975-1985). También en el Istituto Juan PAblo II para EStudios sobre el Matrimonio y Familia (Roma, 1985-1997) y en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz en Roma (1986-1997).Juan Pablo II le nombraría despues Secretario del Dicasterio de 1996 a 2002.Fue nombrado Arzobispo de la Archidiócesis de Burgos el 28 de marzo de 2002, dejando su cargo en la Santa Sede, y llamado a ser miembro del Comité de Presidencia del Pontificio Consejo para la Familia desde entonces.El papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Burgos el 30 de octubre de 2015, siendo administrador apostólico hasta la toma de posesión de su sucesor, el 28 de noviembre de 2015.OTROS DATOS DE INTERÉSEn la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar y de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida desde el año 2002. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Burgos desde 2011 hasta 2015. Además fue miembro de la Comisión Episcopal del Clero de 2002 a 2005.