La responsabilidad en el tráfico

Mons. Casimiro López    Queridos diocesanos:

El domingo 8 de julio celebramos la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico. Es una invitación a fijar nuestra atención en el significado y la importancia de la conducción, así como en la urgente necesidad de esmerar nuestra prudencia. No podemos, en efecto, ignorar que nuestras imprudencias pueden causar desgracias. A este respecto, el Concilio Vaticano II, en la Constitución Apostólica Gaudium et Spes, dice: “Algunos subestiman ciertas normas de la vida social, por ejemplo, las referentes a las normas de vialidad, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo”.

Circular en automóvil, motocicleta o bicicleta, o transitar a pie por la carretera o la calle, es un derecho legítimo, y, en ocasiones, hasta necesario. El vehículo es un instrumento de trabajo y de esparcimiento; es decir, viajar en automóvil o desplazarse representa una acción honesta. Pero esa acción, buena en sí y que persigue también un fin bueno, se ve afectada, si no se respetan las normas, por una serie de riesgos que implican poner en juego las vidas y los bienes de distintas personas, incluidos los propios. Y de todos ellos, evidentemente, es responsable el hombre.

El factor humano lo abarca todo. La vialidad supone la existencia de tres importantes elementos: el hombre, el vehículo y la vía, sea la carretera o la calle. Sin embargo, el ámbito humano penetra absolutamente todo, ya que el estado de las carreteras, las condiciones mecánicas del vehículo y el cumplimiento de las normas de circulación dependen de la actuación humana. En este sentido, la atención debe centrarse, sobre todo, en la falta de conciencia cívica y moral que muestran algunos usuarios que circulan las carreteras o transitan por las calles; es decir, el hombre mismo.

Ahora bien, conductores y peatones tenemos por igual sagrados deberes que cumplir al circular o transitar por la vía pública. Y decimos sagrados, porque su fin es la protección de la vida humana. Y también porque los peatones deben evitar ponerse o poner a otros en peligro de ser heridos, incluso de muerte, siendo diligentes en cumplir las normas de circulación a fin de evitar y disminuir estos riesgos.

 

La persona humana es el engranaje fundamental en el tráfico. Peatones y conductores debemos tener en cuenta que si el vehículo es de uno, la carretera y la calle son de todos; es necesario entender que el comportamiento en la carretera o en la calle es una acción moral que está regulada no solo por normas legales sino también por principios morales; según los respetemos o no, nuestro comportamiento será bueno o malo; somos responsables legal y también moralmente de nuestro comportamiento.

En los próximos días se van a multiplicar los vehículos en nuestras carreteras con motivo de los desplazamientos veraniegos. Recordemos siempre el valor sagrado de la vida de toda persona humana, que hemos de agradecer, valorar y cuidar en todo momento. Que no sea el temor a la multa, sino el amor a la vida propia y a la de los demás, lo que nos impulse a una conducción y a un uso de la vía pública responsable y respetuosa con las normas.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

 Obispo de Segorbe-Castellón

 

Mons. Casimiro Lopez Llorente
Acerca de Mons. Casimiro Lopez Llorente 338 Artículos
Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.