La sonrisa de los enfermos, “el gran milagro de Lourdes” en la peregrinación de la diócesis de Cartagena

“Un encuentro tremendo con la Madre del Cielo”. Así ha definido una de las hospitalarias que ayer, miércoles 27 de junio, regresó de Lourdes, la peregrinación de la diócesis de Cartagena al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, que ha congregado a 1.450 personas. En esta peregrinación ha participado el Obispo diocesano, monseñor José Manuel Lorca Planes, el Obispo emérito, monseñor Javier Azagra y 21 sacerdotes. Junto a los 500 peregrinos, han viajado 280 hospitalarios, 445 hospitalarias, 9 médicos, 12 ATS y 181 enfermos de hospital.

Durante estos días en Lourdes, han podido participar de diversos actos; entre ellos penitencial de enfermos, procesión eucarística y de antorchas, vía crucis, catequesis… Los enfermos han recibido el sacramento de la Unción de Enfermos. El momento central del día era la Eucaristía. Junto a la Gruta, la diócesis de Cartagena pudo reunirse con la Archidiócesis de Toledo y las diócesis de Coria-Cáceres y Cádiz- Ceuta, para celebrar la Santa Misa, que estuvo presidida por el Arzobispo de Toledo y Primado de España, monseñor Braulio Rodríguez.

Desde la Hospitalidad de Lourdes han comunicado que, con el fin de agradecer al Señor tantas gracias recibidas en el Santuario mariano, el próximo sábado 30 de junio se celebrará una Eucaristía de Acción de Gracias en la parroquia de San Ginés de la Jara de Cartagena, a las siete de la tarde.

Los primeros peregrinos partieron el sábado 23 de junio y hoy regresan los últimos, que aseguran venir “llenos del Señor”. Recién cruzada la frontera española, la Delegación de Medios del Obispado de Cartagena ha podido hablar con algunos de ellos, que han compartido con alegría la experiencia de estos días de convivencia con la Santísima Virgen, acompañando a los enfermos.

Los “niños de agua”, alegría y esperanza en la peregrinación

Ana Dolores Adame, quien en su sexta peregrinación con la Hospitalidad de Lourdes ha estado por primera vez como responsable de los “niños de agua”, relata lo contentos que llegan los niños y lo que han disfrutado sus madres viéndoles ayudar a los enfermos. Los “niños de agua”, se encargan en estas peregrinaciones de repartir el agua de Lourdes a los enfermos, organizados por parejas, según informa su responsable, quien ha querido que este año los niños conozcan la figura de Santa Bernardette a partir de unas catequesis, además de acercarlos al Señor con canciones y mímica. Después de seis años, Ana Dolores conoce la realidad de los enfermos cuando viajan a este Santuario: “los enfermos cuando están allí no son enfermos, disfrutan mucho, no se les nota para nada, están alegres, contentos y sonrientes”- asegura. Con gran “esperanza e ilusión en María”, esta cartagenera al servicio de la Hospitalidad explica que los niños “han transmitido mucha alegría” en la peregrinación y que “ellos son el futuro de la Hospitalidad”. Para ella, uno de los momentos más emotivos fue la ofrenda que los más pequeños hicieron a la Virgen, llevando a las piscinas unas cestas con regalos que luego se repartieron a otros niños que acudían a bañarse.

Convivir con los enfermos, “una catequesis impresionante”

Sabrina, una niña de once años que ha participado por primera vez en la misión de portar agua a los enfermos, cuenta ilusionada cómo realizaban esta labor. Asegura que el año que viene quiere volver y que cuando sea mayor querría ser hospitalaria para ayudar a los enfermos. Sabrina ha viajado a Lourdes gracias a su abuela, Elvira Cano, quien lleva treinta años participando como hospitalaria. Para Elvira, que este año ha trabajado como responsable de sala, Lourdes lo es “todo”. “Es mi vida”- asevera. “El convivir con los enfermos te da lecciones muy grandes- añade. – Te lo da todo; cariño, simpatía esperanza, paciencia… es una catequesis impresionante”.

La alegría de los enfermos es uno de los aspectos que ha resaltado el Vice-consiliario y responsable de jóvenes, Luis Emilio Pascual, quien expresa que “la enorme sonrisa que nos transmiten los enfermos es el gran milagro de Lourdes”.

De la experiencia junto a los enfermos también nos habla la Delegada de la Hospitalidad Lourdes de Cartagena, Isabel Boj, quien asegura que ellos “nos dan más de lo que les damos nosotros; nos dan la vida, nos dan esperanza, nos dan todo… les tenemos que dar las gracias a ellos”.

Así lo corrobora una de las enfermeras, Isabel Andrés, quien lleva veinticuatro años asistiendo a estas peregrinaciones diocesanas con la Hospitalidad. “Labor importante es la que hacen los enfermos con nosotros- remarca. – Ellos necesitan ayuda y nosotros también; ellos con su enfermedad, nosotros espiritualmente”. “Somos sus pies y sus manos, pero recibimos setenta veces siete”- afirma.

Ángel González, hospitalario que este año ha trabajado en el comedor con los enfermos, resalta la relación directa con ellos y lo cómodos que se sienten. A su vez, señala que “las preocupaciones que traen, las vivimos con ellos, respetando su intimidad”. “Desde que descubrí Lourdes, todos los años suele pasar alguna cosa”- comenta.

“Un lenguaje universal: la sonrisa”

Un lenguaje basado en la mirada, la sonrisa y las caricias. Los testimonios coinciden cuando hablan de la universalidad de Lourdes y del amor que une a tantas personas de todos los países del mundo. “En Lourdes el lenguaje es el de los ojos; nos sabemos idiomas, pero sólo hay que mirar a los ojos para ver las caras de felicidad y ya lo tienes todo” – alega una de las hospitalarias. La Delegada de la Hospitalidad de Cartagena subraya también esta dimensión, indicando que allí “hay un idioma que es universal: la sonrisa”. “Es muy hermoso, sonríes y te devuelven la sonrisa”. Una de las enfermeras también se maravilla de la consolidada unión entre todas las culturas: “esa mirada, esa sonrisa, ese tocar las manos… Se vive la caridad, la esperanza y la fe. Te entregas y recibes”.

“Ella está ahí, es Madre y te quiere”

Todas estas maravillas en las almas de tantas personas que acuden a Lourdes, ocurren bajo la mirada de María. Desde la Gruta en la que se apareció a Santa Bernardette en 1858, la Santísima Virgen continúa cada día intercediendo por cada uno de sus hijos. De su amor maternal se han impregnado los peregrinos murcianos en estos días. “Te pones a los pies de la Gruta y te sientes como si te cogieran en brazos y te abrazaran” – confiesa una hospitalaria. Asimismo, añade que, aún en los momentos de crisis, o ante cualquier problema, “Ella está ahí, es Madre y te quiere”. Esta responsable de sala recuerda el mensaje de Nuestra Señora, que nos llama a la oración.

Una de las peregrinas, María Carmen Rebollo, viene “llena del Señor” de su primera peregrinación a Lourdes. No sabía lo que se encontraría en este Santuario, pero ha venido admirada de lo que ha vivido. El año que viene, quiere regresar, no como peregrina, sino para ayudar. María Carmen llegará hoy a Murcia “con ganas de trabajar y seguir con el Señor, sabiendo que la Virgen no me deja”. Si hay algo que se trae de allí es la paz del corazón, “hay que vivirlo, me ha llenado mucho”.

Un joven responsable de los cadetes (niños de entre 10 y 15 años), José Pujalte, destaca la pasión de los jóvenes al servicio de la Hospitalidad. Después de estar 16 años viajando a Lourdes, no deja de sorprenderse por la respuesta de los jóvenes ante la llamada de María para atender a los enfermos. “Lo que sientes allí es indescriptible –indica. – Todas las cosas que pasan allí son un milagro, de verdad”.

(Información de Cristina Abbad Luengo)

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