El agua

Mons. Juan José Omella     El agua es un elemento necesario para la vida tanto de las personas como de las plantas. Y es rica en significados. Sirve para alimentarnos, para lavarnos, para purificarnos y puede también ocasionar la muerte, ¡cuántas personas han muerto ahogadas en un lago o en el mar, o por el desbordamiento de un río! Es un simbolismo ambivalente ya que evoca al mismo tiempo la muerte y la vida, la purificación y la santificación.

Jesús fue bautizado en el río Jordán. Su descender a las aguas simboliza y anticipa litúrgicamente su muerte futura y el salir de las aguas y experimentar las palabras del padre y el don del espíritu, simboliza la resurrección y glorificación futura. El bautismo de Cristo ilumina nuestro bautismo que significa pasar de la muerte a la vida, es decir, participar de la muerte y resurrección de Jesús , nacer de nuevo por la fuerza del Espíritu . En Palabras de san Cirilo de Jerusalén podemos decir que el bautismo es a la vez “sepulcro y madre”, sepulcro donde muere el pecado y madre que engendra la vida nueva.

El Bautismo “es el más bello y magnífico de los dones de Dios […] lo llamamos don, gracia, unción, iluminación, vestidura de incorruptibilidad, baño de regeneración, sello y todo lo más precioso que hay. Don, porque es conferido a los que no aportan nada; gracia, porque es dado incluso a culpables; bautismo, porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real (tales son los que son ungidos); iluminación, porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios” .

Porque el bautismo es el gran don recibido de Dios, es bueno que lo recordemos de vez en cuando. Por eso rociamos con agua bendita nuestras cabezas muchas veces al comenzar la Eucaristía dominical, al despedir un cadaver en su funeral, cuando bendecimos algo. Lo hacemos en recuerdo del bautismo, del amor de Dios que nos hizo hijos suyos, que nos purificó de toda mancha o pecado y nos santificó injertándonos en Cristo. 

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice bellamente que “por el bautismo el cristiano es configurado con Cristo (cf Rm 8,29) y que el bautismo imprime en el cristiano un sello espiritual indeleble (character) de su pertenencia a Cristo. Este sello no es borrado por ningún pecado, aunque el pecado impida al bautismo dar frutos de salvación . Por tanto dado una vez por todas, el bautismo no puede ser reiterado” .

Vivamos con gozo nuestro bautismo. ¿Sabemos la fecha en que fuimos bautizados? Es significativo que sepamos de memoria la fecha de nacimiento y olvidemos la del nacimiento a la vida de Dios, la fecha de entrada en la gran familia que es la Iglesia, nuestra madre.

A veces nos cuesta aceptar de buen grado nuestra pertenencia a la iglesia. Se decía hace unos años: “Jesucristo, sí; Iglesia, no”. No olvidemos las hermosas palabras de san Cipriano de Cartago llenas de amor al bautismo y al regazo que nos acogió en el bautismo: “Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre” . 
Con mi afecto y bendición,

+ Juan José Omella Omella
Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire.El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño.Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.