Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento 2012

A las 12 de la mañana de ayer domingo, 17 de junio, comenzaba en la Catedral de Lugo la ceremonia de la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, acto que pone fin a las celebraciones del Corpus en nuestra ciudad. El Obispo de Lugo, monselor Alfonso Carrasco Rouco, presidió la Eucaristía en la que concelebraron el Cardenal-Arzobispo de Madrid, monseñor Antonio M. Rouco Varela; el Arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio Barrio; el Arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes; el Obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Manuel Sánchez Monge; el Obispo de Ourense, monseñor Leonardo Lemos Montanet; el Obispo de Tui Vigo, monseñor Luis Quinteiro Fiuza; el Obispo emérito de Tui-Vigo, monseñor José Diéguez Reboredo; el Abad de la Colegiata de A Coruña y el Prior del Monasterio de Samos, así como miembros de los cabildos de Lugo, Santiago y Ourense , acompañados por sacerdotes diocesanos.

Entre las autoridades civiles se encontraba el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijo, así como representantes del gobierno autonómico y nacional, los alcaldes de las siete ciudades del Antiguo Reino y los presidentes de las diputaciones provinciales. El delegado Regio, el alcalde de Lugo, José López Orozco, presentaba la Ofrenda al Santísimo Sacramento en nombre del Antiguo Reino como se viene haciendo desde hace siglos.

En la contestación a la Ofrenda, el Obispo de Lugo, monseñor Carrasco Rouco, manifestaba que la “fe esencial, revelada por el Padre a los pequeños y escondida a los sabios y entendidos, permanecerá siempre en la historia. Y será siempre defendida por los fieles. Esto es verdad de forma particular en Lugo, donde, desde que conservamos memoria, el ímpetu del corazón busca defender quién es Jesús y el misterio inmenso del don de su Persona”

En referencia al privilegio que singulariza a la Catedral de Lugo, la exposición permanente del Santísimo, Mons. Alfonso Carrasco decía que “La presencia del Señor, que está con nosotros todos los días y que contemplamos en el Santísimo Sacramento, ilumina toda nuestra humanidad, renovándonos con un aliento de verdad y de amor”…”el sentido de la justicia, el respeto ante la dignidad y los bienes fundamentales del prójimo, se salvan y fortalecen así; pues las tentaciones del egoísmo, de la deshonestidad y la indiferencia, quedan vencidas una y otra vez cuando se está cerca de Cristo en la Eucaristía”.

Sin olvidar los duros momentos por los que atraviesan muchas personas en nuestro país, el Obispo de Lugo quiso tener unas palabras de apoyo y esperanza: “En estos días, en que la cercanía y la atención al que sufre y al necesitado es una urgencia evidente en nuestra sociedad, necesitamos de nuevo algo más que un ejemplo o que una simple enseñanza sobre nuestros deberes. Necesitamos la presencia amiga de Aquel que, entregándose por nosotros, nos ha testimoniado el amor más grande, despertando nuestro ser a una fe y a una esperanza viva en Dios”.

Continuó diciendo en su homilía que “Nuestra fe ve en la humildad escondida del sacramento de la Eucaristía la sabiduría y el amor más grande, el bien más sagrado, el corazón mismo del mundo. Es ciertamente una Presencia escondida, pero abierta a quien sepa valorar este Amor más que todas las riquezas del universo, y descubrir al mismo tiempo con estupor que también nuestra persona vale para El más que todas las riquezas y merece todos los sacrificios”.

No terminó su exposición sin hacer referencia a las obras de restauración de la Catedral: “Admirando la belleza restaurada de esta Capilla mayor, dedicada por nuestros padres al enaltecimiento de la divina Eucaristía, recordamos que nuestro arte, en sus mejores logros y en sus materiales más valiosos, no puede realmente expresar la gloria que late en el Sacramento. Pero no podemos dejar de manifestar el afecto profundo de nuestra fe, aunque nuestros medios no se adecuen a la grandeza de su don y de su Persona”….”

Así pues, con lo más bello de nuestro arte, con toda el alma, damos gracias al Dios hecho hombre; y procuramos hacer visible a nuestros propios ojos el esplendor de su Presencia, para guardar memoria viva de Él, de Jesús nuestro Señor, de modo que la luz de su gloria permanezca y brille siempre en nuestros corazones”.

Monseñor Alfonso Carrasco significó el valor de la tradición de la Ofrenda que hoy celebrábamos: “De todo ello es un eco vivo la tradición de la Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia, que atraviesa los siglos”… “Que esta Catedral y la ciudad de Lugo, que toda Galicia pueda conservar para siempre, por providencia divina, el privilegio inmenso de enraizar su identidad y su historia en el Misterio de la fe, escondido desde antes de los siglos y revelado por el Padre”.

Terminó su homilía pidiéndole a “Jesús Sacramentado la gracia de esta fidelidad y firmeza del corazón –expresada en nuestro lema: hic hoc mysterium fidei firmiter profitemur– y la de Su cercanía y protección constante”.

Finalizada la celebración eucarística, todas las autoridades eclesiásticas y civiles salieron en procesión acompañando al Santísimo Sacramento por las calles de Lugo. El recorrido estaba adornado por alfombras florales que durante toda la noche fueron realizadas por miembros de las cofradías lucenses, en una iniciativa de la Junta de Cofradías de nuestra ciudad. El recorrido floral abarcaba la plaza de Santa María y todo el contorno de la Plaza Mayor.

Concluida la procesión, el Obispo de la diócesis, monseñor Alfonso Carrasco impartió la bendición papal, privilegio asociado a la especial celebración que ha tenido lugar.

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