El Arzobispo de Toledo, monseñor Braulio Rodríguez, presenta el Plan Pastoral Diocesano 2012-2021

Por monseñor Braulio Rodríguez Plaza, Arzobispo de Toledo

¿Hay alguna actividad en la que se deban esforzar más los hijos de la Iglesia que en anunciar qué ha sucedido entre nosotros? ¿Acaso existe algo más bello que proclamar que Dios existe desde siempre y desde siempre nos ama? ¿Y volver a anunciar que, en tiempo oportuno, nos envió a su Hijo, el esperado de los tiempos, anunciado en todos los deseos de salvación que hombres y mujeres han suspirado en el pueblo de la primera alianza? No, hermanos. Desde el primer tiempo, en la Iglesia Madre de Jerusalén, toda generación cristiana se ha iniciado en el amor de Jesucristo, porque el encuentro con Él es posible en su seno de vida.

Hay, pues, una manera siempre necesaria de acceder a Cristo: la Iniciación Cristiana con los sacramentos pascuales. Hoy, en la Iglesia de Toledo, os digo que es urgente la evangelización, esto es, mostrar el Evangelio, pues no tenemos otro tesoro que mostrar, ni otra vida más atrayente, ni otro sentido que dar a lavida del ser humano. Hago mías las palabras de san Pablo a los Colosenses: «Ministro soy de la Iglesia, por disposición de Dios, y el servicio que se me ha confiado, en beneficio vuestro, es anunciar por entero la Palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones, que ahora ha sido manifestado a su Pueblo Santo» (1, 25-26). Pero sé que en esta tarea no estoy solo, pues todo hombre y mujer que llega a ser cristiano participa de esta misión de anunciar el Evangelio, ya que todos somos coherederos con Cristo del amor del Padre.

¿Cómo hacerlo ahora en estos momentos concretos que vive la Iglesia en Toledo, en España, la Iglesia Católica entera? En esta reflexión hemos trabajado duro estos dos últimos años y hemos llegado a una conclusión: el impulso en nuestra Iglesia de Toledo de nueva evangelización ha de tener en cuenta muy directamente la familia cristiana, apoyarse en ella, potenciando sus posibilidades evangelizadoras, e inspirándonos en el proceso de la Iniciación cristiana. La familia no es una institución más. Es el lugar donde la vida se engendra y donde nace la vida de nuestras personas; es el lugar donde los padres pueden iniciar y enseñar la fe de manera única; es el lugar donde todos somos socializados e introducidos en la sociedad concreta. La familia es una casa que se hace Iglesia, porque también es formidable que tengamos la experiencia de una Iglesia que es casa. Quisiéramos también exhortar a todas las familias católicas como hacía san Juan Crisóstomo: «Haced de vuestra casa una Iglesia» (In gen ser, VI, 2; V II, 1: PG 54, 607 SS).

Es lo que ha vuelto a señalar Benedicto XVI en el VII Encuentro Mundial de las Familias: “El proyecto de Dios sobre la pareja humana encuentra su plenitud en Jesucristo, que elevó el matrimonio a sacramento. Queridos esposos, Cristo, con un don especial del Espíritu Santo, os hace partícipes de su amor esponsal, convirtiéndoos en signo de su amor por la Iglesia: un amor fiel y total (…) Vuestra vocación no es fácil de vivir, especialmente hoy, pero el amor es una realidad maravillosa, es la única fuerza que puede verdaderamente transformar el cosmos, el mundo. Ante vosotros está el testimonio de tantas familias, que señalan los caminos para crecer en el amor: mantener una relación constante con Dios y participar en la vida eclesial, cultivar el diálogo, respetar el punto de vista del otro, estar dispuestos a servir, tener paciencia con los defectos de los demás, saber perdonar y pedir perdón, superar con inteligencia y humildad los posibles conflictos, acordar las orientaciones educativas, estar abiertos a las demás familias, atentos con los pobres, responsables en la sociedad civil” (Milán, 3,06.2012: homilía). La familia, así, está llamada a acoger y transmitir de modo concorde las verdades de la fe.

No olvido, por ello, que hemos trabajado en la confección del Directorio de la Iniciación Cristiana, que entró en vigor el día 8 de abril de 2012, Domingo de Resurrección. En ese proceso que es la Iniciación cristiana, ¿cómo no apoyarse en la familia para evangelizar a otras familias, que se acercan a nuestras comunidades parroquiales a pedir los sacramentos de Iniciación? ¿O seguiremos con las mismas rutinas de siempre, como si nada hubiera ocurrido entre nosotros que ha afectado profundamente al sujeto cristiano?

El trabajo del Plan de Pastoral Diocesano se encomendó al Consejo Diocesano de pastoral, en el que están representados miembros de todo el Pueblo de Dios, sin olvidar el Consejo Presbiteral con la supervisión del Consejo Episcopal. Las Comisiones Permanentes de los dos primeros consejos han trabajado encomiablemente y yo se lo agradezco. Han hecho llegar a las comunidades parroquiales, grupos, movimientos apostólicos y asociaciones católicas materiales para ese trabajo sinodal. Aquí está el resultado, que yo asumo y hago mío: una indicación válida para el trabajo apostólico para los próximos años, que pido al Señor nos valga para la tarea eclesial. Su aplicación comenzará el próximo curso pastoral.

He aquí por qué os convoco en este 16 de junio, 2012, sábado: para presentar a toda la Diócesis lo que os indiqué como tarea, el Plan Diocesano de Pastoral. Y, más en concreto, cómo vamos a empezar esta andadura en el próximo curso, para que el Plan Pastoral comience a ser vuestro; y el 22 de septiembre, en otra Jornada Diocesana de Inicio del curso pastoral 2012-2013, para que todos nos pongamos a la obra, habiendo leído y comenzado a asimilar lo que en junio presentamos.

El contenido del Plan Pastoral Diocesano lo tenéis delante, podéis acceder a él. No es preciso que yo hable de sus características. Sí quiero deciros otra cosa: estoy convencido de que la Iglesia de Cristo favorece la auténtica promoción del hombre y la mujer, porque es la que presenta la verdad del ser humano en su totalidad. De su misma entraña brota su compromiso de amor. Hemos de estar convencidos de ello; de lo contrario no daremos un paso y no se logrará entre nosotros la comunión y unidad de acción deseada. Pero interesa también estar convencidos que el servicio que puede prestar la Iglesia a los hombres parte de su propia identidad: Iglesia, Esposa de Cristo, Familia de Dios, Pueblo Santo y Cuerpo de Cristo. No desde una presentación parcial o disimulada de su mensaje para que los hombres acepten más fácilmente: «La Iglesia cree que de esta manera, por medio de cada uno de sus miembros y de toda su comunidad, puede contribuir mucho a humanizar más la familia de los hombres y su Historia» (GS 40).

Lo que se nos pide a los católicos hoy es mostrar con nuestra vida cómo el Evangelio de Cristo garantiza de hecho la dignidad y la libertad personal. La fe crece y se fortalece dándola por un hombre… que está dispuesto a tener una actitud firme que le libera de su egoísmo, de sus ambiciones, de sus intereses, y le abre a todos los hombres, sus hermanos, y al amor infinito de Dios que se ha revelado en la historia humana y le da sentido. Frente a las ideologías, sistemas, corrientes de pensamiento, creaciones que son lícitas pero que en ocasiones decretan el mal o el bien por su cuenta, los hijos de la Iglesia apelamos a que la garantía de nuestra libertad está en que podamos apelar a una instancia objetiva ante la cual nuestra libertad es responsable, y por la que somos juzgados. Y esa instancia objetiva es el Dios vivo, revelado en Jesucristo.

¿Le bastan al hombre las soluciones técnicas para salir de los problemas? Ciertamente que no. Y no es que fracase el mundo técnico, o que estemos en contra de nuevas posibilidades científicas que ayuden al hombre. Es que no se le puede pedir al mundo técnico, a los avances tecnológicos ni a los bienes materiales lo que no pueden dar. En nuestro cotidiano vivir hay problemas que no se solucionarán jamás con la técnica, ni con sólo los recursos humanos. Hay aspiraciones y necesidades que no se satisfacen nunca en la tierra. El hombre no es creación del hombre. Hay leyes del amor humano, de la sociedad profesional, de la sociedad política que, por afectar al ser del hombre, constituyen el orden según Dios, y a él debe conformarse toda la sociedad para que sea válida. Sé que lo que digo es tremendamente incorrecto en la sociedad en que vivimos. Que puedan esgrimirse otras «razones de estado» o de otro tipo. Los católicos no deberíamos aceptar cualquier solución en la tremenda crisis que vivimos.

El Plan Diocesano de Pastoral no quiere ser la panacea para todo. Únicamente pretende una metodología común de trabajo pastoral, un contenido para la acción prioritaria para cada curso pastoral y una ayuda para sentir que caminamos juntos como Iglesia del Señor. Lo más importante, por ello, no son los objetivos y acciones que se proponen para cada curso, sino el que interesa más el cómo y la convicción de que somos miembros dolientes de Cristo, que somos acompañados por Él como Cabeza en la búsqueda de la gracia que Dios nos ha dado: llegar a la plenitud de Cristo que nos ha llamado, en vocaciones diferentes, para salir de la tiniebla a la luz de su vida nueva, que recibimos en los sacramentos pascuales, que son aquellos que permiten la buena Iniciación Cristiana? Bautismo, Confirmación, Eucaristía? y que nos dejó Él para conmemorar su Misterio Pascual.

Y unas palabras sobre el primer programa anual de actividades de este Plan Pastoral Diocesano para el curso 2012- 2013. Son propuestas concretas para un año que coincide con el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI. Es año de confesión de la fe, “la puerta de la fe” ( Hech 14,27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, y está siempre abierta para nosotros (…) No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta. Como la samaritana, también el hombre y la mujer actuales pueden sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en Él y a extraer el agua viva que mana de su fuente” (Benedicto XVI, Porta Fidei, nº 1 y 3). En este contexto se le dice a la Iglesia de Toledo, como a María: «Feliz tú que has creído» (Lc 1, 45). Sí, bienaventurada la que ha creído; bienaventurados los que hemos creído, aunque sin méritos propios, pues como santo Tomás hemos dudado y dudamos.

Sin duda la Delegación de Familia y Vida será responsable de muchas tareas en este primer año, pero también familias en parroquias y arciprestazgos, y otras muchas delegaciones y organismos diocesanos. Recorred las actividades propuestas y os pido que os ilusionéis con ellas. No faltará ayuda. Pero es que tenemos que conocer nuestra fe y su contenido. Hemos de salir del analfabetismo religioso en el que estamos inmersos. Los distintos materiales que sirvan para orientar la aplicación del Plan Pastoral Diocesano; el conocimiento del Directorio Diocesano de Iniciación Cristiana; temas comunes para Escuela de Familias, netamente evangelizadora; charlas divulgativas sobre el Año de la fe que evocarán los 50 años del inicio del Vaticano II; las I Jornadas teológico-pastorales programadas para este curso; o las Jornadas de pensamiento católico preparadas por nuestro Instituto Teológico. Todo ello ha de contribuir a redescubrir el camino de la fe para lanzarse a la evangelización nueva que nuestra sociedad toledana necesita, con la ayuda siempre inestimable de Catecismo de la Iglesia Católica.

Pero no pensemos que esté yo convocando a la Diócesis de Toledo al simple conocimiento o a ser alumnos de una universidad, institutos y colegios. Nada de lo programado servirá de mucho si no confesamos la fe, oramos, vivimos la comunión de la Iglesia, celebramos la fe en la liturgia de la Iglesia; o si no pedimos perdón y nos damos ánimos para seguir a Jesucristo, a encontrarnos con Él en su Iglesia. Vuelvo de nuevo a la Iglesia que es familia, y a la familia que se hace Iglesia, como «Iglesia en pequeño». ¿Quién hace posible esto? Jesucristo, que con el Padre envía su Espíritu Consolador. A este Espíritu Santo hemos de pedirle que antes que nada nos dejemos fascinar por Cristo Jesús. Es necesario, hermanos, el encuentro con Jesús; sentirse fascinados, tocados por sus palabras, por sus gestos y por su misma persona es irrenunciable. Os pido oración y sacrificios para que logremos que Cristo sea conocido. «Que María, que no tuvo miedo a responder «sí» a la palabra del Señor y, después de haberla concebido en su seno, se puso en camino llena de alegría y esperanza, sea siempre vuestro modelo y vuestra alegría» (Benedicto XVI, homilía en la Misa del encuentro de nuevos evangelizadores, 16.X.2011).

Toledo, 16 de junio de 2012

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

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