Deseos del corazón

Mons. Braulio Rodríguez     El curso pastoral está acabando. Enseguida vamos a presentar no sólo el Plan Diocesano de Pastoral, sino la Programación para el próximo curso de ese Plan para 9 años. Toda una aventura. Como vuestro Obispo me siento, por un lado, contento por indicar señales para el camino de los próximos años en la acción pastoral; por otro, siento inquietud, no por si no acierto –que eso en las obras humanas sucede con frecuencia- sino por si no logro con vosotros animar a este Pueblo de Dios que camina en Toledo a caminar por la senda buena que es Cristo. Pediré luz a santo Tomás, cuando dice en el Comentario al evangelio de san Juan: “Si por tanto buscas por dónde has de ir, acoge en ti a Cristo, porque Él es el camino. Éste es el camino, caminad por Él. Y san Agustín dice: Camina a través del ser humano y llegarás a Dios. Es mejor andar por el camino, aunque sea cojeando, que caminar rápidamente fuera del camino”.

Me da ánimos una fiesta del Señor que viene a ser como el colofón del curso pastoral: la solemnidad de Sagrado Corazón de Jesús. Sí, en este tiempo nuestro vivimos de signos, siglas y jeroglíficos. En carreteras, en estaciones, en la red aumentan las señales, las claves para actuar, navegar, conducir y viajar: son medios de comunicación universal. También en la vida interior y religiosa, una señal de este tipo es el corazón. Sin embargo, como toda señal, exige la capacidad de saber leerla, debe tener un contenido para que no se quede vacía y que no suceda como con las sentencias de los antiguos sabios, que se vacían por haber sido demasiado repetidas. Lo mismo puede suceder con el corazón.

El hombre moderno coloca en el corazón fundamentalmente los sentimientos. Para él, la cabeza razona, la voluntad decide, el corazón siente. En el lenguaje de la Biblia, sin embargo, el hombre y la mujer reflexionan y piensan con el corazón, y los deseos escondidos se llaman “deseos del corazón”, que frecuentemente no se pueden expresar con la lengua. Este es el deseo del Señor que nos acompañan en todos los momentos de la vida. El corazón está lleno de pensamientos. La lengua hebrea antigua no tenía un término para expresar la razón. El hombre está contento o triste, según el estado de su corazón. A un “corazón maligno” le falta siempre alegría. De ahí proviene el odio “con todo el corazón”. Y el hombre “sin corazón”, es para nosotros alguien sin sentimientos. Podemos, pues, decir que el término corazón en la Biblia indica toda la actividad del hombre. Comienza con las emociones, con los sentimientos, pero progresa reflexionando, formándose pensamientos y elecciones.

Así el corazón se convierte en el centro de la vida moral, que para los antiguos hebreos estaba caracterizada por la fidelidad o la infidelidad al Señor. El corazón adherido al Señor indica la presencia de un santo. La vida interior de Jesús, su fidelidad al Padre, no puede expresarse mejor que diciendo que su corazón estaba firmemente anclado en el Padre. Es una forma de decir brevemente todo. ¿Buscamos un término que exprese todos los aspectos de la persona de Jesús? El Corazón de Cristo, sin ninguna duda, su Humanidad santísima.

Es este misterio del amor de Dios a los hombres, manifestado en el Corazón de Cristo; es este misterio de intimidad divina, que se capta mejor en el silencio de la propia alma que a través de un discurso teológico, el que quisiéramos vivir y anunciar en el Plan Diocesano de Pastoral. Es la “puerta de la fe” (Hch 14,27), que san Pablo dice que Dios abrió a los pueblos gentiles, la que pedimos que el Señor abra hoy a cuantos no conocen la infinita belleza de Jesucristo y de su Iglesia. Y a los que formamos la Iglesia recordarnos la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo (cf. Benedicto XVI, Porta Fidei, 1.2).

Nos indica el Papa cómo la Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida y al vida en plenitud. La fe ya no es en nuestra sociedad un presupuesto obvio de la vida en común. Este presupuesto con frecuencia es negado. Hay, pues, mucho que hacer. La viña hay que trabajarla, la mies sigue siendo mucha.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.