Final de la Visita Pastoral y Día del Misionero Diocesano

Mons. Antonio Algora      En este domingo termino, en Arenales de San Gregorio, la Visita Pastoral al Arciprestazgo de Mancha Norte, como llamamos a las poblaciones en el entorno de Alcázar de San Juan. Además, celebramos hoy el Día del Misionero Diocesano. Y se me ocurre que puede ser bueno brindaros mi reflexión por lo que he vivido a lo largo de este curso pastoral. Lo primero que me sale del alma es la alegría y la acción de gracias a nuestro Dios por la realidad de nuestra Iglesia de Ciudad Real. Contamos, en general, en las parroquias, utilizando la expresión de la Palabra de Dios, con “un pueblo bien dispuesto”. Quiero decir unas comunidades que tienen los elementos necesarios para la acción apostólica: Palabra de Dios, Sacramentos y Moral cristiana; que cuentan con testigos de la fe que llevan adelante múltiples iniciativas y acciones pastorales de todo tipo: desde la humilde sesión de catequesis de niños, a la procesión más brillante y popular, pasando por toda clase de grupos de matrimonios, de jóvenes, de oración, de apostolado organizado, de compromiso caritativo y social: Caritas, Manos Unidas, Misiones… Todo ello, sustentado por personas de toda clase y condición social, que humanamente desarrollan una actividad muy superior de lo que cabría esperar de sus capacidades. Lo mismo me sucede cuando miro a nuestros misioneros, cuando hablo con ellos, bien sea en persona, por teléfono o por correo electrónico: que veo que nuestra Diócesis da frutos a la Iglesia, sencillos y entregados pues así somos nosotros pero, al mismo tiempo, frutos realmente excepcionales en cada uno de ellos. Escucho cómo me cuentan sus sencillos trabajos de evangelización, su labor caritativa y social buscando el bien de las personas que Dios ha puesto a su cargo. Me gusta señalar que la vida de nuestras parroquias y la labor de nuestros misioneros no se puede explicar por la eficacia y la competitividad de las personas que mantienen sus actividades. Sabemos por la fe que nada escapa de la acción de Dios, pero emociona constatar cómo el Señor se vale de nuestra debilidad y de nuestra entrega generosa para actuar en la vida de nuestra sociedad.

Volviendo a la Visita Pastoral. No, no quiero hacer un balance más o menos optimista que pudiera disimular nuestras deficiencias, pero es verdad que todos los que participáis en la vida parroquial sois conscientes de que Dios actúa a través vuestro y que más de una vez, a pesar de nuestras limitaciones, su Amor misericordioso pone mucho más de lo que se pudiera esperar de tan pocos medios. Es bueno caer en la cuenta de esta realidad, porque estamos en un mundo donde la gente vive como si Dios no existiera y, por tanto, no espera nada de su actuar providente. Es bueno caer en la cuenta de que la técnica, los medios económicos y de organización nos han vuelto a todos muy escépticos de que alguien ayude sin buscar algo a cambio. Como mucho, se juega para tentar a la suerte o se piensa que todo lo que escapa a su ingenio es fruto de la casualidad. Pues bien, la existencia de la Iglesia capilarmente extendida en el tejido social y en el mundo entero es la mejor demostración de que Dios sigue actuando. En nuestra debilidad parroquial y diocesana, también en la debilidad de nuestros misioneros es donde se manifiesta la fuerza de Dios que, efectivamente, consigue frutos de salvación y justicia más allá de lo que pudiera ser razonable.

Si esto es así, y afirmo que es así, ¿cómo es que hay tanta gente que ignora, no ve, o “pasa” de Dios y no ve el testimonio cristiano de sus vecinos? Antes de responder con análisis socio-pastorales digamos con claridad que a los “católicos practicantes” nos falta más vida de oración, más capacidad de sacrificio, más generosidad… “más de lo mismo” que estamos haciendo todos los días e irnos por lo derecho al anuncio explícito de la fe en Jesucristo y a la conversión de nuestras vidas al Señor Jesús. Pero sería tonto cerrar los ojos y, a la vez, debo constatar que lo que engendra perversión en nuestra sociedad está muy fuerte, y calumnias, mentiras, insultos y ataques injustificados a la Religión cristiana y a la Iglesia son moneda corriente en cadenas de televisión, en periódicos de tirada nacional y en tertulias de radio… además de toda la ofensiva cultural compuesta de supuestos valores, derechos y libertades que producen frutos de sufrimiento y de desesperación en familiares, vecinos y amigos.

Concluyo: Ser la Iglesia de Jesucristo y Amar a todos. Ser testigos de Cristo Resucitado. Sin la Iglesia en Ciudad Real, ¿cómo sería nuestra sociedad? Sin la entrega callada de nuestros misioneros ¿cómo serían tantas y tantas personas con las que entran en relación allende los mares? Le doy gracias al Señor por vosotros, los de aquí y los de allá. 

Vuestro obispo,

+ Antonio Algora

Obispo de Ciudad Real

Mons. Antonio Algora
Acerca de Mons. Antonio Algora 193 Artículos
D. Antonio Ángel Algora Hernando nació en La Vilueña (Zaragoza), el 2 de octubre de 1.940. Cursó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Madrid.El 23 de diciembre de 1.967 fue ordenado de sacerdote y quedó incardinado en la que entonces era Archidiócesis de Madrid-Alcalá y hoy son tres diócesis: Madrid, Alcalá y Getafe.Desde 1968 a 1.973 fue Consiliario de las Hermandades del Trabajo en Alcalá.de Henares. Trasladado a Madrid como Consiliario de los jóvenes de Hermandades, sustituyó al fundador, D. Abundio García Román, en 1.978, como Consiliario del Centro de Madrid.El 9 de octubre de 1.984 fue nombrado Vicario Episcopal de la Vicaría VIII de la Archidiócesis de Madrid.El 20 de Julio de 1.985 fue nombrado Obispo de Teruel y Albarracín. Recibió la consagración episcopal el 29 de septiembre de ese mismo año.Su especialidad académica es la Sociología. En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y como tal, responsable del Secretariado para el Sostenimiento Económico de la Iglesia. Además, es vocal de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, y responsable del Departamento de Pastoral Obrera.