Dos nuevos sacerdotes

Mons. Casimiro López Llorente    Queridos diocesanos:

El próximo sábado tendremos dos nuevos sacerdotes. Al gozo de su ordenación se une nuestra cordial acción de gracias a Dios por este gran regalo. Cada uno de ellos tiene su propia historia cristiana y vocacional. Sin embargo ambos tienen en común haber acogido con generosidad y alegría la llamada de Dios al sacerdocio, que han madurado en la oración, en la vida de comunidad, en el estudio y en diálogo abierto y sincero con el Señor y sus formadores. Todo un proceso de años, no exento de dudas al comprobar su pequeñez ante la grandeza de la llamada de Dios o ante los desafíos de la nueva evangelización y la misión ad gentes, a las que se sienten especialmente llamados. Pero, ¿cómo acometer esta nueva etapa de nuestra vida cristiana y ser fieles a la tarea de la nueva evangelización?

Nuestros nuevos sacerdotes son conscientes de que su ordenación es, antes de nada, un gran don de Dios, inmerecido por su parte, y un profundo misterio, porque sólo Dios conoce la razón por la que los ha elegido. Por ello lo reciben con profunda gratitud y con humilde admiración. Saben muy bien que no son ellos quienes se ordenan, sino que es Cristo mismo, Maestro, Sacerdote y Pastor, quien en la ordenación les incorpora al orden de los presbíteros para que hagan sus veces enseñando la Palabra de Dios, celebrando los Sacramentos y guiando al Pueblo de Dios. Es Cristo mismo quien les configura con Él, Cabeza y Pastor invisible de su Iglesia, y les capacita para representarle y actuar en su nombre, no como alguien ausente sino presente en ellos.

Los nuevos sacerdotes saben que sin Jesucristo, sin su elección, envío y acción por medio del Espíritu Santo, nada son y nada podrán ser ni hacer. En consecuencia desean vivir su sacerdocio anclados y cimentados en Cristo, mediante el encuentro personal con Él en la oración diaria, en la meditación de la Palabra de Dios, en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía y en su vida pastoral. El motor y la razón de su vida será un amor apasionado por Cristo, Maestro que enseña, Sacerdote que ofrece y se ofrece, y Pastor que guía; esto les llevará a una verdadera caridad pastoral, es decir a amar a los hermanos con los mismos sentimientos y la misma entrega de Cristo, el Buen Pastor.  De la identificación existencial con Cristo y de la unión vital con Él brotará un amor apasionado por todos los hombres, especialmente por los más pobres, para llevarlos a Cristo, el Evangelio de Dios, el único que puede salvar al ser humano.

Para ser sacerdotes de la nueva evangelización hay que estar, en primer lugar, llenos de Dios, de su Hijo Jesucristo y de la alegría del Evangelio con una fe viva y sin fisuras en Dios y en Cristo Jesús, muerto y resucitado para la vida del mundo; es decir, hay que ser sacerdotes enteramente ganados por Jesucristo vivo que es el Evangelio perenne de Dios a los hombres, tal como se conserva, se vive y se anuncia en la Iglesia católica y apostólica. Por ello deberán ser sacerdotes con un claro sentido eclesial, y vivir en comunión afectiva y efectiva con la Iglesia y sus Pastores en la doctrina, en la disciplina y en la misión; sacerdotes que crean de verdad en la necesidad e importancia de su ministerio y lo vivan con verdadera alegría; sacerdotes centrados en el anuncio del kerig­ma cristiano; sacerdotes bien formados teológicamente, conscientes de la necesidad de cristianizar la cultura, servidores de las vocaciones y carismas, y creadores de comunidad;  sacerdotes que sean testigos de la esperanza futura en Dios.

Oremos y demos gracias a Dios por los dos nuevos sacerdotes.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Mons. Casimiro Lopez Llorente
Acerca de Mons. Casimiro Lopez Llorente 338 Artículos
Nació en el Burgo de Osma (Soria) el 10 de noviembre de 1950. Cursó los estudios clásicos y de filosofía en el Seminario Diocesano de Osma-Soria. Fue ordenado sacerdote en la Catedral de El Burgo de Osma el 6 de abril de 1975. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y en 1979 la Licenciatura en Derecho Canónico en el Kanonistisches Institut de la Ludwig-Maximilians Universität de Munich (Alemania). En la misma Universidad realizó los cursos para el doctorado en Derecho Canónico. El 2 de febrero de 2001 fue nombrado Obispo de Zamora. Recibió la Ordenación episcopal el 25 de marzo de 2001. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Junta Episcopal de Asuntos Jurídicos y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.