El valor de las cosas pequeñas y sencillas

Mons. Francesc Pardo i Artigas     He leído pausadamente la parábola del grano de mostaza, la menor de las simientes, pero que al crecer puede acoger los pájaros en sus ramas. Es el evangelio que escucharemos este domingo. Desde la experiencia de la visita pastoral, me ha hecho pensar en nuestra Iglesia y en las parroquias, pues la pequeña semilla del grano de mostaza puede ser un icono. Permitidme señalar con realismo algunas de estas semillas aparentemente pequeñas y humildes: 

–         Las parroquias con un reducido número de fieles, muchos con canas y rostros llenos de arrugas de tantos trabajos e inquietudes, pero también con algunos niños y jóvenes que recogerán la antorcha del relevo.

–         Los sacerdotes diocesanos con una media de edad alta, pero que siguen dando y dándose a su ministerio con generosidad –con menos energía que cuando eran jóvenes, pero con más sabiduría- acogiendo, sirviendo, amando, haciendo presente a Cristo.

–         Catequistas de niños, adolescentes y jóvenes, muchos desde hace años, que siguen sembrando la buena semilla del Evangelio, con frecuencia sin ver los frutos. Muchos sufren con paciencia la no continuidad de los niños tras la primera comunión, un cierto abandono y despreocupación de los padres, la dificultad de compaginar horarios… Pese a lo cual, siguen sembrando la buena semilla, sin seleccionar  y confiando en la fuerza de la simiente evangélica.

–         Comunidades de vida consagrada que se han envejecido, dejando por el camino fuerzas y años, rezando, amando y dedicando servicios a menores, enfermos, ancianos, pobres… Comunidades que confían enteramente en Dios y se han puesto en sus manos amorosas, sin ver de momento el posible relevo.

–         Los seminaristas, firmes y decididos pese  a las dificultades de su entorno; son pocos, pero siempre  pensando en las necesidades pastorales de las 400 parroquias e instituciones de apostolado. Se forman conscientes de que habrán de asumir un inmenso trabajo en muchos campos y con pocos sembradores.

–         Voluntarios de Caritas con una dedicación admirable y amorosa, pero al mismo tiempo desconcertados por la cantidad y la problemática de las personas a las que deben atender, frecuentemente con escasos recursos materiales para poder ofrecer respuestas a sus necesidades.

–         Los equipos de voluntarias y voluntarios, responsables de abrir y cerrar las iglesias, de su limpieza y ornamentación. Los fieles que colaboran en las celebraciones dominicales, por medio de la lectura, los cantos, proponiendo plegarias. Especialmente aquellos que, con mi conocimiento y nombramiento, convocan y dirigen las celebraciones dominicales en ausencia de un sacerdote, para mantener el auténtico sentido del domingo como día del Señor y reunir la comunidad para escuchar la Palabra y comulgar.

–         Los grupos de catequesis de seguimiento, tal vez pocos en número, que son los que continúan un proceso de crecimiento cristiano que será levadura para el futuro.

–         La labor con los jóvenes, de tanta importancia, realizada con discreción y acierto con la orientación de la Delegación, testigos del evangelio, del rostro joven de los discípulos de Jesús. El futuro de nuestra Iglesia de Girona.

–         Los equipos de la pastoral de la salud y de atención a las residencias de la tercera edad que acercan la figura de Jesús a enfermos y ancianos.

–         Los matrimonios que se reúnen en grupos para ayudarse en su vida cristiana; los que han asumido la preparación al matrimonio; la labor de la Pastoral familiar en el ámbito de las familias ofreciendo propuestas de reflexión y de vida familiar.

–         Sin olvidar asociaciones, movimientos, fundaciones y patronatos eclesiales, cofradías y congregaciones… 

Todo ello con criterios “mundanos” de eficacia productiva –como dirían algunos- con pocas posibilidades. Ahora bien, la dinámica de Dios es muy diferente, como escribe san Pablo: “Dios ha escogido aquello que parece poco importante a los ojos del mundo, ha escogido a los que el mundo tiene por poca cosa para confundir a quienes piensan ser muy importantes”. Ha escogido semillas muy humildes para que se conviertan en árboles acogedores de toda persona. 

+Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

 

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 360 Artículos
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña.Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany.El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.