«Los centros de menores no deben ser cárceles para jóvenes», dice el coordinador delegado de la Pastoral Penitenciaria para Andalucía

Raúl Pérez Aguilera. diocesismalaga.es

En 1959 el salmantino Pedro Fernández comenzó su larga andadura con los trinitarios. Tras su noviciado en Antequera y sus estudios en Córdoba, Granada y Madrid, llegó a la cárcel de Carabanchel. Corría el año 80. Afirma que «ningún preso está irremisiblemente perdido, que todos albergan posibilidades y necesitan el compromiso de los poderes públicos, de la sociedad y de la Iglesia». Fernández, en la actualidad es coordinador delegado de la Pastoral Penitenciaria de la zona de Andalucía, Murcia, Ceuta y Melilla. Además es vocal del Consejo nacional de la Pastoral Penitenciaria.

Este pasado sábado 9 de junio, los capellanes y algunos agentes pastorales de los centros penitenciarios de Andalucía mantenían una reunión pastoral en Antequera donde entre muchos temas abordaban su deseo de trabajar en los Centros de Menores andaluces, la problemática de los enfermos mentales en las prisiones españolas y la preparación desde la prisión y el acompañamiento de los internos para la reinserción.

– ¿Cuál es la labor de la Pastoral Penitenciaria en las cárceles?

– Somos igual que una parroquia en la cárcel, tenemos numerosas actividades desde catequesis con los presos, grupos de oración, talleres de valores. Impartimos sacramentos como el bautismo, la eucaristía, la celebración del perdón… estamos muy contentos con la labor que desarrollamos y tenemos una asistencia que ronda el 20% de la población en la cárcel, cuando en la calle hay muchos lugares donde no llega ni al 3%.

– ¿Cómo acogen los presos su labor?

– La agradecen mucho. Con su situación, muchos de esos internos encuentran una salida en la religión, ven que necesitan a Dios en su vida, van recopilando los valores del cristianismo, y se va generando un cambio en su actitud. Les hace mas llevadera su estancia en la cárcel y los prepara para la reinserción. Por eso, su comportamiento para con nosotros es de total gratitud. Nos tienen presentes en sus oraciones y nos manifiestan sentir que nosotros somos como una ventana abierta hacia su libertad. Nos manifiestan sus miedos, sus esperanzas, sus planes de futuro, cosa que no hacen ni con otros internos ni funcionarios.

– Gran parte de los presos son extranjeros. ¿Reciben también ellos vuestra labor?

– Un tercio de la población de las cárceles son extranjeros, hay de todas confesiones religiosas y de muchas partes del mundo. Por supuesto, nosotros no diferenciamos a nadie, nos da igual el delito que hayan cometido, la religión que profesen o el país donde hayan nacido. Nuestra labor es ir a buscar al la persona que está perdida. Además de católicos, muchos presos ortodoxos o musulmanes nos piden asistir a nuestras reuniones, misas y actividades, porque sacan algo positivo de ellas. Además, los extranjeros son los principales beneficiarios de nuestras Casas de Acogida cuando éstos reciben permisos o cumplen su pena.

– ¿Qué supone para vosotros la visita del Obispo a vuestra reunión?

– Es algo muy importante para nosotros, nos colma de alegría. En primer lugar, denota la preocupación que tienen los obispos con la situación actual de las cárceles, los centros de menores y los psiquiátricos penitenciarios, y la función que tiene la Iglesia en todo ello. Además, ésta visita supone una reafirmación de nuestra actividad, un reconocimiento a nuestra labor y un apoyo a la Pastoral Penitenciaria.

– ¿Cuál es la situación actual de la Pastoral en los Centros de Menores?

– Los Centros de Menores son competencia de las Autonomías, en Andalucía estamos trabajando para un acuerdo con la consejería de Justicia para desarrollar una labor formativa y religiosa en estos centros. En Andalucía hay 17 centros con más de 6.000 menores, por lo que es muy importante llegar a este acuerdo y empezar a trabajar.

– ¿Es más complicada la reinserción de los menores que delinquen?

– Los jóvenes suelen tener la personalidad más moldeable, y eso conlleva peligros y esperanza. Suelen tener carencias de formación y pueden reafirmarse en planteamientos negativos, pero también podemos trabajar con ellos y ayudarlos a seguir por el buen camino. Tenemos que acompañarlos y trabajar con ellos para llegar a tiempo. Los centros de menores no deben ser cárceles para jóvenes. La actual Ley del Menor es muy criticada, no da respuesta a la sociedad, habría que transformarla y trabajarla mucho. Tenemos que reeducar a los jóvenes y la fe desde el evangelio tiene una respuesta que dar. Nosotros reivindicamos el derecho a ayudarles.

– ¿Cree en la justicia restaurativa?

– Creemos en ella y además es necesaria. Ningún preso está irremisiblemente perdido, todos albergan posibilidades y necesitan el compromiso de los poderes públicos, de la sociedad y de la iglesia. Nosotros optamos por un modelo de justicia que no acabe con el cumplimiento de la pena del infractor, sino que éste se responsabilice de sus actos, se arrepienta y pida perdón, restaurando al menos, una parte del daño que ha hecho a la sociedad. Buscamos así defender a la víctima, responsabilizar al infractor y que se devuelva la paz social minimizando los medios coercitivos.

– Otro de los principales problemas que ven es el de las prisiones y los enfermos mentales. ¿Cuál es su postura al respecto?

– Muchos presos están enfermos, y ésta enfermedad es la que les hace delinquir. Las drogas hacen que las enfermedades mentales crezcan entre la población. Los enfermos mentales tienen necesidades especiales que no pueden ser atendidas en las cárceles. Actualmente solo hay dos psiquiátricos penitenciarios y esto hace que muchos enfermos mentales estén en las cárceles. Los enfermos mentales que están en la cárcel no serán rehabilitados y cuando sean devueltos a la sociedad seguramente volverán a delinquir.

– ¿Me podría resumir los objetivos de la Pastoral Penitenciaria?

– Nuestro objetivo es humanizar y salvar a la persona, evangelizar, fortalecer en la fe y lograr la reinserción en la sociedad. Todos éstos objetivos conforman un camino que recorrer hacia la liberación. Y tenemos que acompañarlos en éste camino, tanto dentro como fuera de las cárceles, y no solo tenemos que realizar éste camino con la persona, sino también con su familia y su entorno.

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